Funcionariado, ciudadanía y tijeretazo

julio 18, 2010

No soy funcionaria. Lo digo por si acaso y me disgustan los comentarios de todos aquellos que se han alegrado de los recortes salariales al funcionariado.

Sí, sé que hay aspectos de las administraciones públicas en general y del Sistema Sanitario en particular, que funcionan mal, que se pueden mejorar, que no siempre la burocracia agiliza las cosas, aunque a veces es necesaria para que pueda ser garantista. Todo esto es cierto, pero también lo es que no es privativo de lo público. Qué os voy a contar de la épica necesaria para contactar con las operadoras telefónicas o cualquier otra compañía suministradora o conseguir que te traten como un ser humano desesperado en cualquier aeropuerto cuando cancelan vuelos y billetes…sólo por citar los ejemplos más populares de grandes compañías y negocios privados. Me abstengo de citar a la banca y su gestión.

La diferencia con las administraciones públicas, está en que la ciudadanía formamos parte de ellas, las hemos creado nosotros para gestionar nuestra actividad cotidiana y por lo tanto, nosotros deberíamos tener la capacidad de mejorarlas o cambiarlas. Quizás primero comprender. Lo intento.

El argumento más repetido: el empleo fijo como privilegio. Como dice en este artículo de Rebelión, Jose Arturo Val del Olmo: tener un empleo estable no es un privilegio, sino una condición de imparcialidad política.

Esta es la razón de ser y la que debería primar: que los empleados públicos, puedan actuar con independencia, sin sometimiento a los cambios políticos. Dado el alto porcentaje de interinaje que existe actualmente, es fácil preguntarle al interino que trabaja en una administración pública qué le pasa si dice “no” a cualquier cargo o carguillo que desee privilegiar algún asunto o asuntillo saltándose las normas.

Sí, creo que el funcionariado debería estar fuera del control político, porque como muy bien dice Alberto Ortiz de Zárate (alorza en la red), en Administraciones en red, cada nuevo maestrillo que entra intenta cambiarlo todo: circuitos, impresos oficiales, carteles, normas…y funcionarios si puede.

“… En Francia, dicen que dicen que “el ministro se casa con su Ministerio”, lo que es una manera de decir que el funcionariado está fuera de control. Los políticos son como estrellas fugaces que se consumen en un frenético viaje, pero los funcionarios permanecen. Son ellos los que hacen la Administración. Muchas veces, el personal fijo mira con bienhumorado escepticismo al alto cargo recién nombrado que viene a reformar la Administración, una vez más…”

Estupendo este post-ficción de administración 2.0 especulando con un mundo feliz sin funcionarios.

Y todo esto tiene consecuencias. Iremos desgranando. Empiezo por la salud. Un aumento de la mortalidad, como dice Javier Segura del Pozo, en Salud pública y algo más, al presentarnos el estudio sobre cómo afectan los recortes sociales en Europa a la salud de la gente.

Comprender, es la mejor manera de poder exigir a nuestras administraciones, y al funcionariado que trabaja para hacerlas funcionar, cosillas como la transparencia, que dice Marc Garriga en Caldo casero / Brou casolà , aunque no sólo a las administraciones. A todo bicho viviente, excepto quizás, cucarachas, topos y todo esos animalillos que desaparecerían sometidos a la luz y a la claridad.

El chiste de Forges, claro

Buenas y saludables vacaciones.

Olga Fernández Quiroga


Re-pago, culpa e ideología (II)

julio 4, 2010

He leído mucho y variado sobre el repago sanitario: políticos, periodistas, profesionales sanitarios, argumentaciones desde diversas perspectivas a favor y en contra, muchas muy bien razonadas, otras muchas tremendamente tergiversantes.

Me gustaría, hoy, precisar la ideología que hay detrás de esta idea, presentada como una simple cuestión técnica, del repago sanitario, es decir, el pago directo por parte de los usuarios, en el momento de utilizar un servicio, ya que es evidente que el sistema sanitario lo pagamos entre todos.

Uno de los principales argumentos a favor, fue el de la recaptación, (ver post re-pago-y-culpabilidad), conseguir más dinero, aunque pronto quedó bastante desprestigiado: regulación, equidad y sobre todo coste de implantación, así que el argumento estrella pasó a ser el de regular la demanda. La terminología utilizada es economicista, lo que no implica ningún desprestigio en sí misma, si no fuera porque no estamos hablando de vender tornillos. La demanda y por ende, el consumo, es el eje de nuestro sistema de mercado, pero muy pronto comprobamos, para nuestra desgracia, que consumir la salud es lo contrario de consumo.

O sea, que regular la demanda, quiere decir imponer un castigo a la población (¡ay, cómo me recuerda al perro de Paulov y sus experimentos conductistas!) en este caso pagar, para que no “demande tanto”, para que se conciencia de que “la salud no es gratis”. Y yo que pienso, supongo que inocentemente, que la gente cuando enfermamos, aunque sea una simple gripe, somos muy pero que muy conscientes de que la salud no es gratis.

Se tiene que educar al ciudadano irresponsable y nada mejor que hacerlo con el topicazo de premio y castigo. Esa es la ideología.

Bajo la excusa de ejercer la responsabilidad, se concluye inmediatamente en la culpabilidad de la gente, atribuyéndole “la responsabilidad” de la sostenibilidad del sistema .Y como suele decir J.J. Millás en sus crónicas, ¿qué diablos quiere decir sostenibilidad en términos de salud de la población? ¿Quién es la gente?

Que yo sepa solo hay dos/tres circuitos en los que el usuario/paciente, decide a su libre albedrío:

– El médico de familia/enfermería: al parecer vamos por nada. Si la gente va al médico es porque le pasa algo, y lo que le pasa a cada uno tiene que ver con la subjetividad de cada uno. Y si para A, tener 37 de fiebre no es nada, para B, puede significar una hecatombe, por mucho que el manual o el protocolo diga que 37 no es fiebre.

– Urgencias hospitalarias, a dónde vamos, como quién va de vacaciones. Un clásico. Se culpa a la población de las debilidades de la Asistencia Primaria. Y si va a urgencias en lugar de ir al consultorio de Atención Primaria, es porque ese ha sido el circuito que se le ha dicho hasta ahora. Si se instaura otro mejor, que pasa necesariamente por mejorar la Atención Primaria, la ciudadanía lo adoptará. Es por esto que las urgencias hospitalarias actúan como una especie de servicio de asistencia primaria.

Si hablamos de responsabilidad, no hablamos de culpa, hablamos de responsabilidad de todos los sujetos de participación, es decir, toda la sociedad. Compartida. En la culpa, hay una parte, la que acusa, que se excluye. Esa es la ideología. Aquí deja de funcionar aquello del sistema de salud como una creación colectiva y con roles intercambiables.

Como ciudadanos tenemos toda la responsabilidad. Elegir a nuestros políticos que a su vez definen un modelo de sanidad y que eligen a los gestores sanitarios. Tenemos la responsabilidad de participar más allá de la papeleta de votación, en el sistema, con todas las modalidades que se nos presenten. Y exigir transparencia y que cada cuál cumpla con su parte de responsabilidad.

Como usuarios/pacientes, también tenemos una parte de responsabilidad, la que concierne a la propia salud, en la medida en que podemos. Hay factores inconscientes, medioambientales, alimentarios, de desigualdades diversas en los que podemos intervenir sólo en parte.

Las demás responsabilidades específicas corresponden a profesionales sanitarios, empleados, gestores, y políticos.

Y sí, claro que hay usuarios/pacientes irresponsables, pero en el mismo porcentaje que gestores irresponsables, profesionales irresponsables, políticos irresponsables, empleados irresponsables y periodistas irresponsables.

Si hablamos de responsabilidad, hablemos de didáctica, de pedagogía, explicando que la sanidad, el sistema sanitario, se paga con los impuestos, hablemos de qué son los impuestos, qué clases de impuestos, cómo se recaudan, qué son los presupuestos del Estado, cómo se reparten, cómo se gastan, cómo, cuándo y a quién se le suben impuestos…pero sin ostentar la posición del saber, esa posición ideológica que salga del sector que salga siempre implica la idea de una ciudadanía infantilizada, sometida y siempre culpable. Justo lo contrario de una ciudadanía responsable.

El último artículo de la serie, será un listado con todo lo que se podría hacer. Todas, aportaciones ciudadanas.

Olga Fernández Quiroga