EL MIEDO DE LOS MÉDICOS. UN HOMENAJE A MONTSERRAT ROIG

febrero 18, 2012

Hay un terreno ambiguo en el que se crea un desajuste en las relaciones médico-enfermo, y este terreno es el de las palabras. El enfermo ha de descubrir, con paciencia, sus  miedos y frecuentemente no los puede hacer sentir al  médico. Este los desconoce.

El médico tiene miedo a hablar. “Las palabras son, a la vez, indispensables y fatales”, aseguraba Aldous Huxley. También los médicos se sienten aprisionados por las palabras, que no expresan exactamente lo que quieren decir.  Son aproximaciones a sentimientos, a actitudes mentales. Estos miedos no son expresados sólo con palabra. También los gestos, las miradas, una manera de caminar. Todo ello es controlado por el paciente-enfermo, mucho más de lo que piensa el médico. Un matiz es tomado por una definición, una sugestión por un axioma.

El médico se ve con frecuencia a si mismo como a un profesional. Para el paciente-enfermo es mucho más: es un juez, quizás el antiguo brujo. Pocas veces es su cómplice en el miedo. Quizás porque los miedos no son semejantes.

El enfermo, a la larga descubre que también el médico tiene miedo. Pero ya lo hemos dicho: no es el mismo  miedo que padece el enfermo. El de éste es un miedo terrenal, primitivo, casi diría animal. Un miedo que se mueve en un terreno confuso, rudo, oscuro, estrecho. No precisa metáforas. Es un miedo que da miedo sentir. El miedo del médico me parece, es más impreciso. Es el miedo a ser sorprendido. Tener que admitir lo que no es controlable. Tener que admitir la imprecisión, lo imprevisible, la improvisación. Nada es seguro. El médico tiene, pues, miedo a dejarse sorprender como reclamaba Aristóteles.

Porque, si bien la actitud de extrañeza es buena para la literatura o la filosofía, no lo es tanto para la medicina cuando es una ciencia. La poética de la frontera de la ambigüedad de las palabras, puede tener consecuencias imprevisibles en la relación enfermo-médico

Puede pasar, así, que el enfermo comience a tener miedo del miedo del médico. Se ha dicho: necesitamos pequeñas dosis de miedo para soportar el gran miedo. Pero hay médicos que, al no aguantar este desasosiego ante el extrañamiento, ante lo imprevisible, montan un espectáculo para huir de las palabras.

Es el médico showman, dispuesto a disimular el miedo helado que a veces siente. Se refugia en palabras contundentes como única respuesta. Quizás porque hay enfermos que se lo exigen. En estos casos, el médico no puede mostrarse indefenso. El enfermo no se lo perdonaría.

No hay, entonces, complicidad entre los dos. Los miedos, los pequeños y el grande, no son expresados en palabras. Los caminos divergen y el enfermo-paciente no admite que el médico tenga miedo. Ha de ser brillante, seguro, ha de tener ojo clínico. Y quizás el error está en que mientras el enfermo no elige esta nueva situación, mientras el enfermo se ve afectado por un visitante inoportuno, la enfermedad, el médico será médico toda su vida y ha de admitir, de una vez por todas, que tiene miedo. Un miedo diferente al del enfermo, un miedo que nunca se termina. Porque los enfermos pueden desaparecer, pero las enfermedades y sus inagotables supresas, continúan.  Y no es un asunto fácil.

Montserrat Roig

Sempre que escric una cosa és perquè no entenc el que veig

 —————————————————————– Montserrat Roig fallece el 10 de noviembre tras una larga enfermedad. Poco antes de morir, nos entregó esta nota, contribución a un razonamiento que está en proyecto, sobre la relación entre el paciente y el médico. Deseamos que la publicación de este apunte sea lúcido aporte  la reflexión, pero al mismo tiempo sea muestra de reconocimiento a quién con sensibilidad, franqueza, y arte en el lenguaje, supo transmitirnos en pocas palabras, la fragilidad de los sentimientos que forjan, para bien o para mal, la relación entre el enfermo y el médico. Nuestro agradecimiento y recuerdo a Montserrat Roig.

Traducción al castellano por Jesús A. Marcos . Quaderns CAPS/otoño 1991/ nº 16.

—————————————————————-

Sí, esta es la nota publicada en el otoño de 1991 en los Quaderns del CAPS.  Me ha gustado y quiero compartirla.

Un pensament de sal, un pessic de pebre. Dietari obert 1990-1991 recoge las últimas colaboraciones de Montserrat Roig como articulista del diario Avui, que escribe diariamente, cuando ya se le ha declarado el cáncer, hasta su último día, el 10 de noviembre de 1991. Tenía 45 años. 

Podéis mirar en BTV notícies, en los 20 años de su muerte, con mensajes Twitter

Y en La Lamentable

Las negritas son mías

Olga


DEFINICIÓN DE SALUD (II): La definición del Congrès de Perpignan

febrero 5, 2012

“La salud es aquella manera de vivir que es autónoma, solidaria y gozosa”

Toda definición es ideológica. Lo es la definición de la OMS y lo es esta definición, aunque sus autores deseaban que se convirtiera en material de trabajo y fuera punto de referencia  “… en un trabajo colectivo para la promoción del hombre, tanto dentro como fuera del Sistema Sanitario…”

Esa es mi intención. Que no sea un dogma, pero al mismo tiempo si queremos pensarlo de otra manera tenemos que utilizar el mismo rigor, la misma ética y la misma honestidad. Sólo así podríamos avanzar.

Siguiendo el mismo procedimiento que en el anterior post para la definición de la OMS,  vamos a definir los tres parámetros más significativos.

La autonomía

Este término significa que cada cuál llega  a ser plenamente él mismo con el mínimo de obstáculos, superando limitaciones, ya sea eliminándolas, asumiéndolas o realizándose en otros campos colaterales.

Significa evitar la enfermedad, curarla y aceptar y fomentar los elementos saludables.

Formula la necesidad de la rehabilitación y de la reinserción, tanto del enfermo médico como del enfermo social y la necesidad de la cultura sanitaria. Con esta óptica de la autonomía, significa que luchar contra la enfermedad queda equiparado a luchar contra las otras opresiones que someten al ser humano.

Significa la libertad de escoger con discernimiento lo que convenga, decidir por razones o por intuiciones, así que incluye el derecho a estar informado, a conocer, a ser crítico y entrenado en la crítica, a ser adulto, a alcanzar la madurez.

En estos términos, comporta la noción de que antes que nada la salud es un asunto personal, lo cuál condiciona significativamente el sistema de valores a partir del cuál se puede configurar cualquier estructura social, como puede ser la sanitaria

Foto: Fidel Soler Cervera

La solidaridad

La realización personal y autónoma de cada cuál no es posible ni imaginable sin el otro. Ni seguramente es concebible una auténtica realización personal sin que del núcleo mismo forme parte la ayuda a los otros. Hacer crecer la justicia, vivir en paz y dominar la naturaleza y en ella la enfermedad es una tarea fundamentalmente solidaria. Una autonomía insolidaria no puede significar salud.

El placer

Con malestar o con bienestar, inserto el ser humano en una realidad amiga o adversaria, la manera de vivir sana exige establecer una relación positiva con esta realidad, tanto la exterior como la interior y aceptarla como punto de partida de la tarea personal. Esta relación positiva se manifiesta como un “bien-ser”.

Posiblemente exista un término más adecuado (alegría de vivir, estar en contacto con el propio deseo…) pero a falta de encontrarlo utilizamos el de alegría, gozo.

Claro que todas estas definiciones tienen sus consecuencias y esto es lo interesante que iré apuntando en sucesivos posts.

Creo que da para pensar ampliamente.

Olga