ORGULLO LGBT 2019: Anhelo de deseo

Homosexualidad, amor, sufrimiento, sentimientos, ingenuidad, incomprensión, desencuentros, religiosidad, derechos humanos, diversidad sexual…

La orientación sexual de las personas aún sigue siendo un problema y Maria, que tiene 16 años escribió este relato para su clase de castellano. Lo tituló anhelo de deseo” Cuando lo leí me pareció precioso, le pedí si me dejaba publicarlo y aceptó. Gracias. Maria es mi sobrina y me parece que en este final de junio de 2019, cuando se “celebran” los orgullos LGBT, a la vez que se incrementan en muchos sitios las agresiones a personas sólo por sus elecciones sexuales, es una reflexión adecuada, fresca y esperanzadora. Espero que os guste tanto como a mí.

ANHELO DE DESEO, por  Maria Saurina Soler

¿Cuándo fue la última vez que dijo un “te quiero” de verdad? ¿Cuántas veces tuvo que esconder sus sentimientos para protegerse? ¿Alguna vez sintió que pertenecía a algún lugar? Es duro pretender ser alguien que no eres.

Actualmente, Iván tiene treinta años y sufrió más que nadie esta pena, el sofoco de uno mismo.

Iván nació en una familia adinerada, muy tradicional y conservadora. Tiene dos hermanos, todos chicos. Sus padres, de profesión abogados, muy cultos, pero demasiado severos. Eran de pensamiento religioso y decidieron llevar a sus hijos a una escuela del Opus Dei. Iván nunca se sintió cómodo en aquel lugar. Su vida era muy monótona.

La historia de su pesadilla empezó cuando tenía quince años. Iván aún estaba en la secundaria y tenia la edad de experimentar, de vivir y dejarse llevar. “Carpe Diem” era el lema para los adolescentes que estaban en la flor de la vida.

Un día, mientras el chico estaba con sus amigos Pablo, Juan, Pedro y José, hablaron sobre una fiesta a la cual todos irían. Allí habría gente de todo tipo y por fin podrían salir un poco de sus vidas rutinarias.

Los padres de Iván se encontraban fuera y como todos los hermanos querían ir al festejo, decidieron que no se lo contarían. Igualmente, no les habrían dejado ir. El plan era el siguiente; partirían de casa a las once de la noche e irían en bus hasta el lugar a donde habían quedado. No beberían demasiado y solo estarían allí hasta las tres de la madrugada. A día de hoy, sigue riéndose de lo ingenuos que fueron con aquel acuerdo.

Cuando llegaron al lugar, los tres hermanos se separaron y fueron en busca de sus grupos correspondientes. Pedro fue el primero que se encontró Iván. Había muchos más jóvenes que llevaban una botella en la mano. No conocía a nadie, pero en seguida se unió a ellos. Llevaban alcohol de sobras. Era finales de primavera y hacía un calor considerable.

Se encontraron con Pablo y José al cabo de media hora. El espacio era un campo muy amplio, con algunas atracciones y tiendas y tan iluminado que parecía que fuesen las siete de la tarde de tanta luz que desprendía. A las una de la madrugada tocaba un grupo de música muy popular en aquel momento y querían ir.

Ivan había bebido mucho, pero a diferencia de los otros, aún mantenía la compostura.

Para el concierto, todos sus amigos ya habían perdido la noción del tiempo. La gente gritaba y bailaba como si no hubiera un mañana. La adrenalina se notaba por el cuerpo de Iván, al igual que Pablo, que estaba a su lado. Los dos cantaban las canciones sin saber qué decían, pero se lo estaban pasando de fábula.

De repente, Pablo e Iván se miraron fijamente. En aquel instante, los dos eran los únicos que estaban en el mundo y el tiempo parecía haberse parado. Puede que fuera por toda la bebida que se habían tomado, pero querían arrimarse entre ellos, necesitaban sentirse.

Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, Pablo cogió la mano a Iván y salieron corriendo de entre la multitud.

En un rincón oscuro, los dos muchachos estaban escapando de la realidad. Se conocían de toda la vida, pero nunca se habían mirado de esa forma. Era evidente que todo terminaría con un beso. Fue largo, pero no lo suficiente para Iván. Quería que aquel momento tan íntimo durara más, para siempre si hacía falta.

– Pasemos la noche juntos – sugirió Iván, sin tener en cuenta que seguramente, a la mañana siguiente, Pablo no se acordaría de nada.

Los dos jóvenes estuvieron divagando en la oscuridad durante mucho rato perdiendo la noción del tiempo. Cuando se dieron cuenta, ya eran las tres de la madrugada. Pablo estaba volviendo en sí y se encontraba fatal. Quería regresar a la fiesta, donde estaba todo el mundo. Por el contrario, Iván prefería quedarse, pero en aquel instante vieron la luz de unas linternas que se acercaban. Eran Pedro, Juan y José.

– ¿Qué hacéis aquí? ¡Todo el mundo os está buscando!

– Iván, creo que tus hermanos se han ido. Deberías mirar el móvil.

Al volver a la fiesta, todo seguía igual, como si nunca se hubieran ido. La única diferencia ahora eran los sentimientos confusos de Iván. Y lo más importante, ¿cómo volvería a casa?

A la mayoría de los jóvenes los recogían sus padres sobre las cuatro. José sugirió a Iván que volviese con él porque le venía de camino. De regreso a casa, en el coche, José le volvió a preguntar qué había sucedido con Pablo cuando estaban ausentes.

– ¿Nunca te has enamorado antes? – preguntó Iván.

– Por supuesto que sí, pero, ¿A qué viene esta pregunta?

– No lo sé… – No quiso seguir la conversación porque no tenía fuerzas suficientes para comprender lo que había pasado y aquel momento no era el adecuado para pensar en ello.

Iván y José se quedaron callados durante el trayecto, con un silencio incómodo porque los padres de José en seguida se dieron cuenta de que habían estado bebiendo. El olor que desprendían lo hacía evidente.

Al entrar en casa, los hermanos de Iván estaban despiertos, muy preocupados. Eran las seis de la madrugada. Le gritaron durante un buen rato, aunque ellos tampoco habían cumplido del todo el acuerdo. Los dos tenían los ojos enrojecidos y también hacía poco rato que habían llegado. El mayor, José, llevaba la ropa mal puesta con una marca en el cuello. Carlos, el mediano, tenía morados por todo el brazo.

Anhelo de Deseo, foto de Olga Fernández Quiroga

A la mañana siguiente, Iván se levantó muy tarde con un dolor de cabeza insoportable, pero recordaba todo lo sucedido la noche anterior y quería averiguar cómo le había afectado.

José era el hermano en el que más confiaba Iván. Por eso le preguntó qué opinaba sobre la homosexualidad, para tener alguna referencia.

– Es un delito, esta gente está enferma. Lo que hacen está en contra de su naturaleza.

De repente, Iván empezó a tener miedo y creyó preciso no decírselo a nadie más.

El lunes había instituto y significaba que Iván vería a Pablo. No había podido sacarse de la cabeza lo que pasó entre ellos. En el patio, Pablo le preguntó si podían hablar un momento a solas:

– Escucha, no recuerdo muy bien qué sucedió anoche cuando estuve contigo, pero te pido disculpas si hice algo que no debiera.

¿Disculpas? Ahora Iván se sentía rechazado. Seguía teniendo el mismo cosquilleo cuando veía a Pablo, pero un cosquilleo amargo.

Iván se negaba a aceptar lo que sentía. Pensaba que no era lógico ni normal lo que le estaba sucediendo. Sentía ansiedad y depresión. Por las noches no podía dormir. No comía. Se aislaba él mismo de sus compañeros y dejó de hablar tan frecuentemente.

Sus amigos notaron un comportamiento inusual y le quisieron ayudar, pero Iván les decía que simplemente estaba pasando por un mal momento.

Iván llegó a creer que estaba enfermo. Cuando veía a Pablo, se odiaba a sí mismo por querer estar cerca de él.

Cuando llegaron los padres de Iván, notaron un cambio drástico en él. Se preocuparon de inmediato, pero el joven no quería decirles la verdad. Sabía de sobras qué pensaban sobre lo que le sucedía sin que se lo hubieran dicho.

José empezó a dudar sobre la pregunta que le había hecho su hermano semanas antes y quiso explicarlo a sus padres. Pensó que aquello era la causa de los remordimientos de Iván.

– Está confuso el chico – argumentó el padre.

– Puede que tengamos que tomar alguna decisión drástica al respecto – contestó la madre.

Los padres de Iván decidieron acompañarlo al psicólogo. Aún así, todas las sesiones invertidas no sirvieron para nada. El asesor aconsejó que cambiarle de instituto podría mejorar la situación actual. Y así lo hicieron.

En el nuevo Centro, Iván se adaptó muy bien, más de lo esperado. Hizo nuevos amigos.

Por suerte se mezclaban con chicas, pero ninguna le atraía. En cambio, había algún chico que le interesaba. Por supuesto sin aceptarlo.

Una noche, al volver a casa, Iván había bebido más de la cuenta y sus padres le estaban esperando. El muchacho les dijo que venia de hacer un trabajo en casa de un amigo, pero en realidad había pasado la tarde en un bar.

– Que sepas que estás castigado. – empezó la madre, con un tono determinante.

Aquel día el alcohol le había afectado bastante a Iván y empezó a soltar todo lo que sentía sin pensar en las repercusiones que tendría después. Recibió algún golpe por parte de su padre y su madre empezó a llorar.

A la mañana siguiente, sus padres no le dirigieron ni una palabra. Quedaba claro que no les gustaba nada, ni aceptaban, la nueva orientación sexual de su hijo.

Días más tarde, Iván fue llevado de nuevo a un terapeuta. Sus padres creían que su “enfermedad” era curable con algo de tratamiento. El joven estuvo cinco años asistiendo a terapia y tomando pastillas contra la ansiedad y depresión.

Finalmente, cansado de la insistencia de sus padres, Iván se rindió y fingió “haberse curado”.

En la actualidad Iván tiene dos hijas y se está divorciando de su esposa. No sabe por qué, pero desde hace un tiempo vuelve a soñar con esa noche en la fiesta, donde él y Pablo se perdieron juntos cogidos de la mano, y en aquel beso furtivo. Nunca volvió a sentir algo así y no quería seguir mintiéndole a su mujer. Ahora que ya era un adulto, nadie tenía que decirle a quien podía o no querer.

Además de escribir este delicioso cuento que puede ser muy real, Maria canta, compone y toca. La canción se llama “Befote I left“.

Maria, trabajando en el estudio

PS: Se celebra este año los 50 años de Stonevall y humildemente aprovecho para celebrar que hace ahora 10 años, un 16 de junio de 2009, escribí mi primer post en este blog. Tendré que escribir un post propio de celebración.

Olga Fernández Quiroga

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