Salud, atunes, excusas…y soluciones

julio 6, 2011

La acumulación de mercurio en pescados como el atún, que luego comemos,  la explica concisamente uno de mis sabios-científicos preferidos, Eduard Rodríguez Farré, en una columnita, en el diario el Pais.

Eduard es muchas cosas: estudioso, divulgador, médico,  miembro del CAPS, profesor de investigación en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona, miembro del comité científico sobre los nuevos riesgos para la salud de la Comisión Europea y para mi, faro para cuando necesitamos su ayuda, como en el excelente post sobre El accidente nuclear de Fukushima y la salud  

Algunas de las cosas que dice:

–           La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), ya fijó a principios de la década pasada unos niveles máximos admisibles de metilmercurio en las personas. En algunos restaurantes de California hay carteles a la entrada que avisan a las embarazadas de los pescados que no deben comer.

–          Que se ha esperado demasiado, porque las evidencias son contundentes

–          Que hay efectos neurológicos sobre fetos y niños pequeños

–          Que se refiere a pescados grandes predadores, los que ocupan un lugar elevado en la cadena trófica: todos los atunes, no sólo el rojo

–          Que este es el mecanismo: el mercurio llega al mar procedente en parte de vertidos y como resultado de la actividad industrial humana. Los microorganismos que están en el mar lo transforman en metilmercurio, que es la forma más tóxica de este metal. El metilmercurio sigue un proceso muy largo de bioacumulación en la cadena trófica: los invertebrados comen el plancton, los peces grandes se comen a los pequeños, y así se va acumulando. Los peces que están en la cima de la cadena trófica, como el pez espada, el atún o el lucio acumulan más cantidad que el resto.

–          Que se puede solucionar, deteniendo los vertidos contaminantes

–          Y que esto ya se descubrió hace más de 50 años: a raíz de una epidemia ocurrida en Japón, en la Bahía de Minamata. El vertido de mercurio por parte de una fábrica química provocó una epidemia de una enfermedad neurológica entre la población local. Los efectos de la contaminación por metilmercurio a través de la ingesta de ciertos pescados fueron luego confirmados por otros estudios epidemiológicos en sitios tan dispares como Brasil, Canadá o las Islas Feroe.

Esto no es todo. Aquí tenéis la historia de la ocultación del informe. Indignante y absurdo.

Aquí la Web de OCEANA,  con la relación de todas las medidas que hace tiempo vienen pidiendo, como informar en los puntos de venta (cosa que ya se hace en otros paises)  y la manera de eliminar directamente el uso de mercurio. Y con la relación de las empresas que siguen utilizando mercurio. Estupendo. En Catalunya son:

– Aragonesas Industrias y Energía, S. A.(Vila-Seca, Tarragona);

– Ercros Industrial, S. A. (Flix, Tarragona),

– Hispavic Ibérica, S. L (Martorell, Barcelona)

Pero también en:

– Andalucía: Aragonesas Industrias y Energía, S.A (Palos de la Frontera, Huelva).

Aragón: Aragonesas Industrias y Energía, S.A. (Sabiñánigo, Huesca), y Química del Cinca S.A. (Monzón, Huesca)

Cantabria: Solvay Química, S.L, (Torrelavega)

Galicia: Electroquímica y Electroquímica del Noroeste, S.A. (Lourizán, Pontevedra)

Lo mismo, en la Web de  ecologistas en acción , que hace muuuuuucho tiempo vienen pidiendo poner esta etiqueta: “Contiene metilmercurio. No recomendado para mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, mujeres en edad fértil y niños”. Allí, encontraréis recomendaciones para comer pescado, propuestas, soluciones e informaciones como éstas:

–  una de las principales fuentes de contaminación por mercurio es la industria del cloro

– esta industria sigue utilizando, con el beneplácito de las administraciones, una tecnología del siglo XIX, obsoleta y peligrosa

– y las centrales térmicas de carbón, que contaminan el aire, envenenan fuentes y manantiales y cuyas emisiones el gobierno no regula.

Es para seguir indignada enterarse que nuestras instituciones utilizan con demasiada frecuencia, para ocultar informes de todo tipo que afectan a la ciudadanía, sean o no sobre salud, argumentos de este tipo:

– No perjudicar a las industrias, fabricantes…

– No alarmar a la población (se supone que el resto de mortales que no somos fabricantes, elaboradores/poseedores de informes…)

– No perjudicar puestos de trabajo

Pero me indigna aún más la irresponsabilidad de esas industrias, que continuamente tienen que estar controladas, fiscalizadas y reguladas por las instituciones, incapaces ellas mismas de asumir que el aire, el agua, no reconoce fronteras, ni físicas, ni políticas, ni de clases y que encima se dedican a pontificar sobre el gasto  y la insostenibilidad de la sanidad pública, reclamando desregularizaciones y libertades sin asumir un ápice de responsabilidad propia. Y a la de menos, amenazando con destruir puestos de trabajo si…

Ah, pero tranquilos que podemos enfermar y morir, no porque llegue nuestra hora, sino porque nos dedicamos a inyectarnos veneno en la vena alimentaria/medioambiental, pero eso sí, que lo haremos trabajando.

Innecesario que establezca las correlaciones, ¿verdad?.

Olga

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FUKUSHIMA: mejor, activos hoy que radio-activos mañana

abril 1, 2011

Una cosa son las catástrofes naturales y otra la codicia, las mentiras y el oscurantismo. Obvio. Lo primero no puede evitarse. Lo segundo, resulta directamente un atentado hacía las personas y no deberíamos permitirlo.

Esta es la información que os presento respecto a la radioactividad, de la mano de algunas de las personas que más saben sobre el tema. Les doy las gracias por compartirlo.

1.- El accidente nuclear de Fukushima y la salud
Helena Fuste, Josep Martí y Eduard Rodríguez Farré. Grupo de Medio Ambiente y Salud del Centro de Análisis y Programas Sanitarios (CAPS)

La Energía Nuclear genera de forma habitual una secuencia reiterada de hechos: desinformación, incertidumbre, temor, consecuencias, y con el tiempo,… olvido. Hasta que un nuevo episodio en algún otro lugar del planeta, de este planeta internamente dinámico nos recuerda nuevamente el descomunal error de la utilización de una tecnología extremadamente peligrosa, de un riesgo inaceptable, nacida por la guerra, diseñada para producir plutonio, y utilizada posteriormente para producir energía. En cualquier caso una forma infinitamente absurda y desaconsejable de producir vapor de agua para mover una turbina, porque no lo olvidemos, centrales nucleares y bombas se fundamentan en tecnologías similares y en un mismo fenómeno: la fisión nuclear.
Hay desinformación porque sistemáticamente se produce un intento de ocultar la magnitud de lo que esta pasando, de minimizar el riesgo. A menudo se oculta en un primer momento no sólo a las autoridades competentes en la materia, sino también a la población para no crear alarma en una situación completamente alarmante.

En el gravísimo accidente de Fukushima, además, las autoridades han estado intentando ocultar el riesgo y manifestando que la situación estaba bajo control, mientras helicópteros que volaban a 100 Km. resultaban irradiados, o hasta que el Comisario europeo de la energía ha calificado la situación de apocalíptica.

Incertidumbre porque es muy difícil saber qué es lo que realmente está pasando en estos reactores, dado que a partir de un cierto nivel de daños, se inutilizan los sistemas de registro. Además de la difícil predicción de los acontecimientos, que no presentan buenos augurios, hay evidencias que nos hablan de la gravedad de lo que está pasando. Gravedad que en este momento se traduce en efectos; 10 millones de personas, los habitantes de Tokio ya han sido expuestas a una radiación 10 veces superior a la llamada normal.

Temor, porque a pesar de los argumentos e intentos de desinformación que se dan respecto la energía nuclear, hay una masa crítica de conocimiento sobre la peligrosidad inaceptable de esta tecnología y del riesgo que conlleva. Las bombas de Hiroshima y Nagasaki, las pruebas nucleares, y los gravísimos accidentes que se han producido en centrales nucleares han generado suficiente información en todo del mundo.

Consecuencias, por que, tal y como se ha demostrado en algunos accidentes, hay diversas situaciones en las que los sistemas de control, seguridad y emergencia van cayendo uno tras otro y no sólo, como en este caso, por causas de un terremoto y tsunami posterior, sino también en condiciones normales.
Después pasa el tiempo, y el olvido, inherente a la especie humana diluye el recuerdo, mientras los poderosos lobbies nucleares con fuertes intereses económicos, que nunca dejan de existir, inician nuevamente el proceso necesario para desarrollar su peligroso negocio. Desgraciadamente, ningún olvido puede cambiar los hechos. Recordemos por ejemplo Chernobil; siete millones de personas desplazadas, miles de kilómetros cuadrados de tierras altamente contaminadas, un número de muertos difícil de precisar, un incremento de un 27% de cáncer de tiroides, (la única patología que tiene trazabilidad) y daños en el material genético de varias generaciones. Sin embargo, por increíble que resulte, se están construyendo 2 nuevas centrales en Ucrania.

¿Se puede hacer una estimación de cuál es la magnitud del riesgo?
Si nos restringimos al uso estrictamente civil, todo el ciclo nuclear; la extracción, el enriquecimiento de uranio, las centrales en su funcionamiento “normal”. La minería, las centrales, el reprocesamiento, y otros, no han hecho más que aumentar la radiación de fondo, y por tanto la exposición de las diferentes especies vivas del planeta, a las radiaciones ionizantes. Este hecho, produce un enorme riesgo para la salud y el medio ambiente debido a la diseminación de radionúclidos. Cuando menos tiempo haga que ha aparecido una especie en el proceso de la evolución, mayor es su vulnerabilidad, dado que habrá evolucionado con una radiación de fondo menor. (Hasta hace 60 años, la radiación de fondo del planeta había sido disminuyendo).

En una situación, ya inadmisible desde el punto de vista de la salud y de    la  vulnerabilidad genética, hay que añadir el riesgo de accidentes. Aunque en los últimos años, y especialmente después de la larga lista de accidentes producidos, se ha invertido mucho en seguridad, el riesgo no hace más que aumentar dado que las casi 500 centrales nucleares que hay en el planeta están envejeciendo progresivamente. Por un parte, el riesgo de partida es similar, dado que la tecnología es prácticamente la misma, pero a este riesgo, hay que sumar lo que se deriva del envejecimiento y de los problemas que suele presentar cualquier tecnología. Además, los errores humanos,  las condiciones del planeta, la amenaza del terrorismo, no hacen más que incrementar esta situación.

¿Cuáles son los riesgos medioambientales y para la salud del accidente de Fukushima? ¿Cómo se difunden los radionúclidos en el medio ambiente y llegan a las comunidades humanas?
La liberación de grandes cantidades de material radiactivo al medio ambiente tiene gravísimas consecuencias para la salud pública y el medio ambiente.
En el núcleo de un reactor se producen más de 60 contaminantes radiactivos de vida corta y de vida larga. De forma directa por exposición, o indirecta, y debido a la afinidad que presentan con los seres vivos de muchas de las sustancias radiactivas emitidas, aumentarán el riesgo de padecer cánceres y provocarán una depresión de la inmunidad general del organismo.
La forma de exposición puede ser directa, en el momento en que se produce la emisión de sustancias radiactivas, o bien indirecta, por incorporación posterior  mediante las cadenas tróficas (alimentarias).

Las consecuencias de la exposición directa o indirecta a elevadas dosis  de radiactividad son el cáncer, las alteraciones gastrointestinales, afecciones a la médula ósea o de los aparatos reproductores (infertilidad, malformaciones…) y el debilitamiento del sistema inmunológico.
En los seres vivos, más específicamente, dependerá de varios factores:
de la energía que lleven estas radiaciones, de la cantidad que llega a un
órgano o tejido, de su capacidad de penetración, de las características de las células, los tejidos y la radiosensibilidad de la especie, así como de la fuente de radiación y si ésta es interna o externa. Finalmente dependerá también de la vulnerabilidad, de la bioacumulación y de la forma de dispersión y de concentración en la biosfera.

Los radionúclidos introducidos en la biosfera estarán además sometidos a varios factores; geoquímicos, meteorológicos, acuáticos y biológicos, que determinan su dispersión y circulación por el medio. Pueden recorrer grandes distancias desde el foco emisor. A estos factores hay que añadir aspectos como cantidad y características de los radionúclidos diseminados, radiosensibilidad, bioacumulación y otros.
Además de la exposición a las radiaciones externas que sufran los directamente afectados, además de la exposición inmediata a través del aire respirado, en el futuro los efectos del accidente de Fukushima se diferirán a lo largo del tiempo y en futuras generaciones, debido a la transmisión a través de las cadenas tróficas.
Esta será la principal dispersión que se incorporará a los humanos con  los alimentos.

¿Cuáles serán los daños producidos?
En primer lugar, como ya hemos comentado, los efectos de la radiación dependen de la radiosensibilidad de las diferentes especies en función de la radiación de fondo existente en el momento de su aparición. Aparte de los daños que se producirán en diferentes organismos y ecosistemas, y que también acabarán llegando a las sociedades humanas, los propios humanos estamos entre las especies más recientes, por tanto, entre las especies más sensibles a las radiaciones.
En segundo lugar, depende de las dosis. La exposición a dosis elevadas produce toda una serie de cambios, como la muerte celular extensiva. También se desencadenan factores que producen aberraciones y rupturas cromosómicas. Más difícil es definir una linealidad en dosis bajas, sin embargo, hay un consenso general en que no existe una dosis umbral por debajo de la cual no hay efectos para la salud, se decir, no hay dosis sin efectos. En general, una exposición a sustancias radiactivas, aunque sea pequeña, es peligrosa, especialmente si se produce de forma continua.

En tercer lugar depende del tipo de partículas. Los daños pueden ser más o menos graves según la radiación emitida sea alfa, beta o gamma. Cabe señalar que el  Plutonio 239 que emite partículas alfa es más agresivo que el Cesio 137 y el estroncio 90 que emiten radiaciones gamma y beta respectivamente.

En cuarto lugar, los efectos dependerán de si la radiación es externa o interna. Cuando la irradiación producida llega sólo de forma externa, actúa durante el tiempo que se esté en el área de exposición. En el caso de irradiación interna, es decir, posterior a la inhalación o ingesta de partículas radiactivas, éstas actúan como focos de emisores, e irradian tejidos, órganos y células donde el radionúclidos esté depositado. Los efectos variarán en función del tiempo que esté el radionúclidos en el organismo, de su vida media biológica y de su período radiactivo. Algunos contaminantes podrán acumularse por inhalación en los pulmones, en los ganglios linfáticos, o en los huesos. Todos estos órganos irán recibiendo radiación a lo largo el tiempo.

En quinto lugar, dependerá de su toxicidad.Algunas de las sustancias radiactivas que se emitirán a la atmósfera el yodo-131, el estroncio-90 el cesio-137 y el plutonio 239 son algunos de los contaminantes más perjudiciales para la salud humana. La afección por yodo es inmediata, provoca mutaciones en los genes y aumenta el riesgo de cáncer, especialmente de tiroides. El Cesio se deposita en los hombros, el estroncio se deposita en los huesos. Ambas sustancias multiplican la posibilidad de padecer cáncer de huesos, de hombros o tumores cerebrales, entre otras patologías.

En sexto lugar dependerá de su vida media física-el tiempo necesario para que la actividad de una cantidad de radionúclidos se reduzca a la mitad-. El Yodo 131 tiene una vida media de 8 días el Cesio 137 tiene una vida media de 28 años, el Estroncio 90 tiene una vida media de 30,17 años, y el Plutonio 239 de 24.400 años. También dependerá de su vida media biológica, es decir, el tiempo en que la mitad de la masa de un radionúclidos incorporado al organismo se elimina. Este es un valor medio que puede presentar ciertas variaciones en función de factores tales como la edad, características personales y órganos que han recibido la radiación.

En séptimo lugar dependerá de su dispersión en el medio (suelo, aire, agua) y de la forma en que los radionúclidos se concentren a lo largo de las cadenas tróficas.
Dado los riesgos asociados a la contaminación por yodo, estroncio y cesio radiactivos, los mecanismos de su transferencia a la dieta son los mejor estudiados. Se incorporan a los vegetales por penetración por las hojas o por absorción radicular. El Cesio se fija mejor en el suelo, donde se absorbe y se acumula fácilmente.
El Yodo y el Estroncio son más móviles. Las plantas que absorban los
contaminantes pueden contener ya cantidades importantes que serán ingeridas y nuevamente concentradas para animales herbívoros. Desde aquí, el paso a la alimentación humana es preferentemente el ganado bovino que en general habrá acumulado los contaminantes de forma considerable.

El Yodo 131, además de su absorción directa a través del aire respirado, y debido a su corto período de desintegración, se ha observado que la leche es el vector más importante, y en menor medida, los derivados lácteos. Muy pocos días después de su liberación al medio se puede detectar su presencia en la leche y en la tiroides bovina y humana, desde donde se convertirá en un foco emisor de radiación.

El Cesio 135 es soluble en agua y extremadamente tóxico en cantidades ínfimas. Después de entrar en el organismo se distribuye como el potasio, depositándose preferentemente en los músculos.

El estroncio 90 se distribuye al organismo como el calcio, es decir, se incorpora a los huesos, donde se convertirá en un foco emisor, con una vida media relativamente larga.

El Plutonio 239 es de las sustancias más tóxicas que se conocen. Puede tener múltiples efectos en diversos órganos del cuerpo. Su vida media en el pulmón es de unos 300 días, de 82 años en el hígado, en ganglios linfáticos de 1500 a 2800 días, y sería de 200 años en los huesos, en caso improbable de que un irradiado por plutonio pudiera llegar a esa edad.
Por otro lado, desde las aguas contaminadas, estas sustancias pueden
llegar a las poblaciones humanas, directamente o bien cuando las aguas de cuencas contaminadas se utilicen para el riego. En este último caso, se acumularán igualmente bien en los pastos, o bien en otros vegetales de la dieta. A partir de aquí se incorporarán a los humanos por ingestión directa o mediante los herbívoros ingeridos. También cabe mencionar la bioacumulación a través de las cadenas alimentarias fluviales o marinas, que pueden acabar transfiriendo radionúclidos  a los humanos y tienen una gran capacidad concentradora. Por otro lado, algunas especies presentan también una gran capacidad de concentración biológica que es un factor determinante para la contaminación de los niveles tróficos superiores.

La situación producida en el reactor 3, uno de los dos con el vaso roto en el momento de escribir este documento, es aún mucho más crítica, dado que el combustible utilizado es una mezcla de uranio y plutonio. En esta situación, presumiblemente, se liberará plutonio-239 (MOX).

La catástrofe calificada de “improbable, impredecible e incluso impensable” por los partidarios de la industria nuclear, finalmente se ha producido. Estamos asistiendo a un hecho de importantes consecuencias para la salud de ésta y otras generaciones. La forma de obtener energía “limpia, rentable y segura” que algunos intentan vender, ha producido ya muchos y gravísimos accidentes.

Hoy, en una situación definida como apocalíptica, una serie de fusiones en el núcleo de varios reactores, aún sentimos voces que la defienden, a pesar de los daños al medio ambiente y a la salud de las personas, que se harán sentir en ésta y en próximas generaciones.

Además del necesario ahorro energético, tenemos alternativas energéticas suficientes, en todo el mundo, pero especialmente en nuestro clima mediterráneo, que debemos llevar a la práctica con decisión y liderazgo político, para poder ir cerrando las centrales nucleares y así avanzar en la protección de la salud humana y del medio ambiente.

2) Fukushima: un Chernobil a cámara lenta, en Sin Permiso Eduard Rodríguez Farré y Salvador López Arnal.

3) Viviendo con la radiactividad, incluido el gas radón, en el supositorio de Vicente Baos.

4) Riesgos radiactivos: unos mejores que otros   El gerente del mediado, de Sergio Minué Y Pensar. Esperar. Observar (sobre los riesgos radiológicos).

Olga Fernández Quiroga


Límite de 80 km/h y velocidad variable para la mejora de la salud y el medio Ambiente

febrero 14, 2011

Hoy, es todo un privilegio contar de nuevo con la firma del Dr. Josep Martí Valls, Pep Martí entre nosotros, inaugurando una nueva categoría en el blog: el Medio Ambiente como importante determinante de salud.

He sacado estos datos del Informe del Medio Ambiente y la Salud elaborado por el Centro de Análisis y Programas Sanitarios (CAPS) con el apoyo del Consejo Asesor para el Desarrollo Sostenible (CADS) de la Generalitat de Catalunya, en noviembre de 2010.

Se puede consultar todo el informe en los dos enlaces. En este Informe decíamos, como conclusiones de este tema y según las experiencias en varias ciudades europeas que habíamos consultado y en el Área Metropolitana de Barcelona, lo siguiente:

Límite de velocidad a 80 Km/h.

  • Hay una mejora de la calidad del aire debida a una reducción del consumo de combustible y de las emisiones de los contaminantes primarios.
  • Hay una reducción del ruido.
  • Mejoran las condiciones de circulación (incrementa la fluidez) y la seguridad (disminuye el número y gravedad de los accidentes).
  • Referente a la salud, la disminución de los niveles de contaminación implican un incremento de la esperanza de vida de la población.
  • La aplicación de esta medida parece dar resultados positivos, pero debe ser complementada con otros.
  • Estos datos no son fácilmente extrapolables a otras regiones y países ya que dependen de muchos factores (el número de vehículos que circulan, el parque de vehículos (antigüedad, tipo de combustible, mantenimiento etc.).
  • La eficacia de esta medida podría justificar la aplicación en otras poblaciones de grandes dimensiones en Cataluña.
  • En otros países donde se ha aplicado la misma medida, se han conseguido mejoras más destacables. En Rotterdam (Holanda), la disminución de las emisiones de NOx procedentes del tráfico fue del 25% en 2005, lo que podría indicar, que aún se puede hacer un esfuerzo mayor en esta dirección.

Velocidad variable

  • La velocidad variable hace disminuir las congestiones y mejora la fluidez del tráfico (lo que evita las frenadas y los arranques donde se emiten gran parte de los contaminantes). En consecuencia, el consumo de combustible disminuye, así como las emisiones de contaminantes atmosféricos con el consecuente beneficio para la salud.
  • La implementación no supone un gran gasto económico y el sistema funciona de manera bastante autónoma una vez puesto en marcha.
  • Es muy importante adaptar la integración de la información según las necesidades específicas de cada región (meteorología, densidad de tráfico, estado de las carreteras, etc.); Cuantos más datos se evalúen, más eficiente será la medida.
  • Hay que poner especial atención en la duración de los trayectos, ya que se ha visto que en muchos casos puede incrementarla. Se debería procurar minimizar este incremento, ya la vez hacer entender a los conductores que los beneficios de la medida lo merecen.
  • Reducción evidente de los accidentes y de su gravedad.
  • Se aprecia una reducción del ruido.
  • Las políticas de información y sensibilización sobre la medida son importantes para asegurar el buen funcionamiento de la medida y obtener el cambio de conducta de los usuarios tal y como se ha producido en las zonas de aplicación en Europa y Estados Unidos.
  • La medida puede comportar cambios indirectos en la conducción como por ejemplo la diferente utilización de los carriles.

Foto: Fidel Soler

Las dos medidas juntas

Ambas medidas son interesantes y efectivas para la reducción de la contaminación, la congestión, el ruido y los accidentes. Como ya se ha comentado, la limitación de los 80km /h disminuye las emisiones, y este hecho se debe más a la reducción de las altas velocidades que a la disminución de la congestión. Hay que decir, sin embargo, que la velocidad variable consigue reducir más la congestión y aumentar la fluidez (y por tanto reduce más la contaminación asociada a las paradas y arranques y a las bajas velocidades). Sería interesante establecer una velocidad mínima permitida que contemple el óptimo de eficiencia de los combustibles. La aplicación de la velocidad variable sobre la limitación de 80km/h (es decir, la suma de las dos medidas), implica unos resultados mejores tal y como se está haciendo en la C-31 y la C-32. El mismo modelo se podría extender a otras zonas del Área Metropolitana de Barcelona.

Ninguna de las dos medidas aplicadas en el Área Metropolitana de Barcelona fueron bien acogidas por la población, a diferencia de otros países. El desconocimiento de los motivos de la medida y la sensación de ser tan sólo una medida recaudatoria podrían ser la causa. Por eso parecen necesarias campañas informativas más eficientes que profundicen en los motivos de las medidas y persigan un objetivo real de sensibilización para la mejora de la salud y el medio.

En conclusión, viendo las buenas prácticas de muchas ciudades de Europa y América que revisamos en el citado informe, creemos que la decisión tomada por el actual gobierno de Catalunya, además de ser un error desde el punto de vista de la evidencia científica, es también un error político, pues no ayuda nada, al contrario, a la necesaria educación ciudadana en este tema, imprescindible para hacer frente a los intereses económicos de unos cuantos y a la opinión de gente ignorante y frívola que lo que defienden es la libertad absoluta de correr por las carreteras y el derecho a matar por accidente o lentamente por contaminación.

J. Martí Valls. Grupo de Medio y Salud del CAPS

Otros enlaces :

Declaración de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS)

Declaración de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE)

Declaración de la Societat de Salut Pública de Catalunya i Balears (SSPCB)

Artículo en el País