Las Mutuas de Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales “de la Seguridad Social”

febrero 6, 2011

Agradezco a Toni Tuà el lujo de contar con su conocimiento para hacer este artículo, en el que yo únicamente he añadido los enlaces, y que nos explica, con su habitual didactismo, todo lo que queríamos saber y nunca sabíamos a quién preguntar. Evidentemente era a él.

Las Mutuas nacieron hace 106 años (Ley Dato de 1904) como “Mutuas Patronales” para cubrir una necesidad que no tenía otra cobertura: la protección de los trabajadores que sufrían un accidente laboral (para que recuperaran su salud y así retornar lo antes posible al trabajo). Eran asociaciones de empresarios y el gasto iba a su cargo. No era un interés altruista de los patrones, ya que si los obreros no volvían al trabajo tenían que “enseñar de nuevo a un aprendiz”.

Con posterioridad alcanzaron el papel de “mutualidades de previsión social”, al cubrir también la atención a las enfermedades comunes, tanto de los trabajadores como de sus familias ya que no existía el seguro del Estado.

En 1.964 cambió radicalmente la situación con la promulgación de la Ley de Bases de la Seguridad Social (SS), que instauraba el seguro obligatoria para las contingencias públicas. En el preámbulo de esta ley ya se planteaba que las mutuas de accidentes estaban destinadas a desaparecer. No tiene ningún sentido la “separación administrativa” entre contingencia laboral y contingencia común, pues se tratan las mismas patologías de los trabajadores/as en sistemas de atención sanitaria diferentes por el solo hecho de producirse la contingencia dentro o fuera de la empresa. Así pues, se consagraba la continuación de las Mutuas como “entidades colaboradoras de la SS”, a pesar de que siguen siendo Mutuas Patronales, pues su Consejo de Administración está compuesto exclusivamente por empresarios afiliados a la mutua (y un trabajador de la propia mutua).

Hasta el día de hoy, y a pesar de la promulgación de las nuevas legislaciones de SS (1974 y 1996), no se ha producido la integración de las dos redes de atención sanitaria, laboral y común, que sería lo normal en un país donde la cobertura pública es Universal. Al contrario, los diferentes gobiernos, tanto del PSOE como del PP, les han ido ampliando las competencias de colaboración en la gestión del subsidio de baja laboral por contingencia común. Incluso, hace unos días, el Gobierno les ha encomendado la cobertura de una prestación social, como es el subsidio de baja laboral por cuidado de hijos con enfermedades graves, que no tiene nada que ver con las prestaciones por contingencias laborales

Incongruencias del sistema
• La determinación de si existe contingencia (lo que quiere decir asistencia sanitaria y subsidio de baja laboral) lo determina en primera instancia una entidad patronal que es “arte y parte” y no el Sistema Nacional de Salud que es “neutral”.
• Al existir dos redes de atención sanitaria (la de las Mutuas y la del Sistema Público de Salud) las mutuas tienen tendencia a considerar, en un porcentaje importante, como Contingencia Común la que es Profesional, derivando a la  atención del sistema público un porcentaje elevado de trabajadores/as que deberían ser atendidas en sus servicios (según manda la ley). Esto tiene tres consecuencias negativas inmediatas:
1. Los trabajadores/as cobran menos dinero de subsidio de baja (60% del sueldo desde el 4º día de baja en lugar del 75% desde el 1er. día).
2. El subsidio pasa a pagarlo la SS en vez de la Mutua, en los casos en que ésta, no lo gestione directamente.
3. La atención sanitaria pasa a ser cubierta por el Sistema Público de Salud en todos los casos.

Otra consecuencia añadida es todo el proceso administrativo y de inspección médica que se inicia por parte de las personas afectadas al presentar reclamación de la actuación de la mutua, con el consecuente gasto en recursos públicos, tanto humanos como materiales, sin consecuencias de responsabilidad para las mutuas.

La motivación por la que el Gobierno del Estado decidió otorgar la gestión del subsidio de baja laboral por contingencia común a las mutuas, fue el interés por rebajar el índice de absentismo laboral (término en el que nunca hubo acuerdo entre administración, patronales y sindicatos), pensando que el Servicio Público de Salud era demasiado laxo y las mutuas “pondrían orden”, rebajando este índice de absentismo (que, por cierto, está por debajo del índice de los países europeos más avanzados). Pero lo cierto es que, ya en dos ocasiones, la SS ha tenido que incrementar la cuota de cotizaciones que transfiere a las mutuas para la gestión de la IT por Contingencia Común para que no les provoque déficit de gestión.

A pesar de que las mutuas consolidan la aprobación de su presupuesto con los Presupuestos Generales del Estado y se someten a una auditoría anual por parte del Ministerio de Trabajo, recurrentemente se han ido descubriendo graves irregularidades de gestión, abusos en los sueldos y blindajes de despido de los directivos, lo que ha llevado al Ministerio de trabajo a tener que someter a intervención alguna de las mutuas importantes, fijando incompatibilidades entre directivos y familiares con empresas montadas para contratar con la mutua y en el Proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado para el 2011 legislar sobre los topes máximos en los sueldos de los directivos (que están muy por encima de los sueldos de Directores Generales de Ministerio y Secretarios de Estado), ya que los recursos que gestionan son cuotas a la SS, o sea dinero público (más de 8.000 millones € para el 2009).

En definitiva, las mutuas de accidentes continúan existiendo (como “entidades sin ánimo de lucro“) por la enorme presión del lobby empresarial para:
– Mantener directamente el control sobre la salud de los trabajadores/as.
– Controlar la gestión de miles de millones de dinero público.
– Disfrutar de los abusivos sueldos de los directivos.
– Condicionar la red de atención sanitaria privada que tiene concertada.

Aquí dejamos  el enlace al Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud, del Sindicato Comisiones Obreras, con dos apartados:

Vale la pena echarle una ojeada al Sistema de Reclamaciones. Surgen preguntas como ¿Por qué la ciudadanía no podemos tener  conocimiento de cuáles son estas reclamaciones? ¿De cómo se resuelven, si es que lo hacen? ¿De cómo podrían servir para mejorar nuestro Sistema de Salud?¿De si se promueve y se aprovechan no sólo como reclamaciones sino como conocimiento? Hablamos de transparencia, de datos abiertos, de colaboración, de Servicio Público, de participación.

Toni Tuà Molinos y Olga Fernández Quiroga