Protocolos

octubre 8, 2010

Entiendo que son normas que ayudan a los profesionales a seguir unas pautas generales, que cumplen una función importante para tranquilidad de médicos y paciente, pero cuando se convierten en corsés en los que todo el mundo debe entrar, pierden todo su valor y ya no se sabe para qué sirven, ni benefician a nadie. El mayor perjudicado es el paciente, que se siente tratado no como una persona singular y única, incluso en la vivencia de la misma enfermedad, sino como un conjunto de síntomas que tienen que ajustarse a lo que dice una norma. Mal asunto, pensaba hace un rato, al leer el último comentario escrito en nuestra Web y titulado los protocolos van a acabar con nosotros.

Y me vino a la cabeza un deseo, demanda, ruego, ilusión: tener un médico de familia que ejerza como tal, a modo del que se describe en otro comentario titulado la meva metgessa de família, una amiga??? y que coordine, que conozca nuestras circunstancias, que nos considere algo más que un corazón o un útero estropeado. Alguien que medie entre tanto especialista y tanta enfermedad resistente a protocolizarse. ¡Qué relax para los especialistas! pero sobre todo ¡qué felicidad para los pacientes!.

Me pregunto, igual que el paciente del post: qué hacer…?

Olga Fernández Quiroga
Foto by Paul http://www.freedigitalphotos.net/

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