¿Dónde está el Búho? Felicitación de Navidad 2020 y Año Nuevo 2021

diciembre 20, 2020

Este post es una felicitación de Nadal y también el deseo de un mejor Año Nuevo 2021.

Claro que es una felicitación diferente a la de otros años. Viendo la del año pasado, no tengo ningún futuro como adivina. El año 2020 ha sido muy especial. ¿Y el búho? Pues, he tomado al búho como un símbolo del COVID-19, que ha puesto patas arriba nuestro pequeño gran mundo.

Siempre me han gustado los búhos, las lechuzas y toda esa familia de aves rapaces nocturnas. De pequeña intentaba imitar ese peculiar sonido que emiten, algo así como «uh-uh/uju-ju-ju!» (más o menos). Tenía la esperanza de que me contestaran. Y como lo seguí intentando de mayor, un día sí me contestaron. Pero esa es otra historia.

El búho, animal nocturno, silencioso, con simbolismos diversos. El bien y el mal. Lo bueno y lo malo. Ambivalencia. Dualidad. De ahí viene mi elección.

Lo mismo está asociado a la diosa Atenea (Minerva para los romanos), y por lo tanto a la inteligencia y la reflexión, la sabiduría, el aprendizaje, que a la prudencia, por los masones e iluminati con ese ojo fijo que todo lo ve o al  luto y la desolación, para los habitantes del Medioevo.

Como representa a la oscuridad, también simboliza a los pecadores, a los judíos que matan a Jesús e incluso al mismísimo Satanás. Pero como todas las criaturas del Señor también deben tener una parte buena, pues ahí está nuestro búho como representante de la meditación y la soledad, inmóvil en un lugar durante mucho tiempo y eso en vez de relacionarlo con lo tenebroso, se interpreta como que huye de la luz de la alabanza y la gloria, para mostrar su humildad.

Se le atribuye la capacidad de focalizar la atención en lo que interesa y dado que su cabeza gira 360º, también puede ver las cosas desde todos los ángulos posibles e interrelacionar la información. ¡Qué envidia!

Todo eso puede ser el virus de la COVID para nosotros, la humanidad. La muerte, el dolor, el lado oscuro y también la ocasión para aprender, para centrar nuestros objetivos en lo básico, en reflexionar acerca de lo que realmente queremos en nuestras vidas y en las vidas de los humanos que nos sigan.

Ver, mirar y comprender que este virus, es algo evitable, que nosotros tenemos mucho que ver en su existencia y su capacidad de destrucción y por lo tanto, podemos hacer mucho para que permanezca allí dónde debería estar. Tanto este virus, como los otros que previsiblemente le seguirán y nos visitarán. Esa sería la primera conclusión.

Las demás, en otro post.

Las propias fiestas de las navidades tienen esa dualidad: la alegría, el compartir, la espiritualidad y también la tristeza y la melancolía. Son fiestas espirituales, pero a la vez son el gran mercado consumista.

Aquí os dejo con esta foto de un belén…más o menos heterodoxo. Y con la pregunta del título ¿Dónde está el búho?  Sí, hay un búho y se puede encontrar. A ver si lo encontramos, en este belén y en nuestra vida, la subjetiva y la social. Un pelín de paciencia, otro de observación y ahí está el búho, con el ojo que todo lo ve.

¿Dónde está el Búho?

¿Dónde está el Búho?. Hay que contrarlo en la imagen.
Belén de Navidad 2020. Foto: Fidel Soler. Tapiz: Angeles Cubí.

Podéis compartir vuestros hallazgos en los comentarios del blog.

La foto es de Fidel Soler. El fondo es un tapiz regalo de mi amiga Angeles Cubí  y representa un rincón maravilloso del precioso pueblo de Vallfogona del Ripollés, en la provincia de Girona.

Cuidaros este año especialmente.

Seguimos el año que viene, el 2021!!!

Olga Fernández Quiroga

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Turbulencias en la “nueva” normalidad Covid-19

junio 16, 2020

Cuatro historias ordinarias

MARTA

Marta está preocupada por la vuelta al trabajo después de la pandemia mundial del virus Covid-19. Trabaja en un organismo semi-oficial. Trabajo precario. Se fue a casa el 14 de marzo con la precaución de llevarse la libreta de contactos. Ha pasado el tiempo. Teletrabajando. Con sus propios medios. En los servicios administrativos del organismo en el que trabaja, están ella y otra compañera. Ella ya tiene a sus hijos mayores, así que no la necesitan y puede apañarse, pero su compañera tiene niños pequeños a su cargo. No puede arreglarse de ninguna manera. Está preocupada por ella. Se ha ofrecido a trabajar presencialmente durante estos meses. Le han dicho que no. Le sabe mal. Está muy apesadumbrada. Su jefa ocupó en su día un alto cargo político en la Administración catalana. Ahora el cargo es menos importante. La llama a cualquier hora del día. Ella la atiende siempre.

CRISTINA

Cristina trabaja en un Ayuntamiento de unos 20.000 habitantes. También teletrabaja desde su casa. Pronto podrá volver a trabajar presencialmente, porque ya han empezado los turnos. Su pueblo ha ido pasando de fases, así que ya están los restaurantes abiertos. Ella observa a la gente en las terrazas, tomando sus cervezas, sus tapas, sus cafés con leche…y se siente mal. La gente en los bares y ella aún no puede volver con sus compañeros No sabe de dónde viene su malestar. Simplemente le parece un contraste…extraño. Entiende que a lo mejor esas personas que están en las terrazas igual viven solas y salir y poder tomar algo en el bar es como una salvación, que los bares y restaurantes necesitan abrir…sí. Quizás. Pero sigue sintiendo malestar. Hubiera preferido que todo el mundo estuviera en la misma fase. Que fuéramos todos juntos…

ANA

Ana cree que a ella aún le faltan bastantes días para volver. También trabaja desde casa. No sabría decir cómo está. Está bien, contesta cuando le preguntan. Y es verdad. Lo está. Tiene una buena casa, con la familia en armonía y todos bien, pero en realidad, pasan cosas. Está inquieta. Piensa en su amiga María. En unos pocos días, a su amiga Maria, se le han muerto los padres, se le ha muerto la suegra y su marido ha estado ingresado muy grave en la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) del hospital. El marido se está recuperando. No sabe qué decir.

MONTSE

Montse trabaja en una Administración autonómica, en un importante Departamento. Teletrabaja en casa. Sin medios, pero a tope. Quisiera poner horarios fijos a su teletrabajo y decir que no. No lo hace. Y no es por miedo, ni tampoco porque no le guste. Le gusta y además le va bien. Simplemente no puede decir no. Dentro de muy poco, a la vuelta presencial, los van a trasladar desde el lugar céntrico en el que estaban ahora, a un extremo de la ciudad, con muy mala combinación de transporte. Tardará el doble. No tienen contrapartidas. Todo le parece muy complicado. Y ahora con esto del coronavirus, aún mas. Duerme muy mal por primera vez en su vida.

Antes de seguir, un contrapunto optimista del niño Isamu (Isao Shirosawa) , en la deliciosa película de Yasujiro Ozu «Buenos días»

Sí, después de este «I love you», deciros que son cuatro historias de casos reales. Pequeños indicios. Historias ordinarias. Hay historias mucho más dramáticas en estos días (violencia doméstica, falta de alimentos, enfermedades, hacinamiento, soledad, muertes…)  Montse, Ana, Cristina, Marta, siempre dicen que están bien, excepto cuando pueden hablar un poquito acerca de cómo están. Y empiezan por lo más leve, lo más banal.

Hay algo muy inquietante, que inquieta, en ese objetivo que hemos llamado de la “nueva normalidad”. Cuando se contrasta con la realidad, aparece muy lampedusiano, “que todo cambie para que no cambie nada”.

Después del miedo, de la obediencia, del sacrificio, ¿Volvemos a lo mismo? ¿Sobrevivir? ¿No vivir? ¿No vamos a ir a una sociedad mejor? ¿Una situación inédita no va a conducirnos a una salida inédita?

¿Qué es lo que nos pasa? Lo que expresan estas historias le sucede a mucha gente. Hay una vertiente social, colectiva y una personal, subjetiva. Ambas con malestares justificados.

Seguiré/seguiremos con el tema.

Olga Fernández Quiroga


Vivir los duelos en tiempos del Coronavirus Covid-19

abril 25, 2020

¿Cómo vivir esos duelos cuando estamos confinados en casa, cuando no podemos acompañar a nuestros seres querido, enfermos en el hospital, cuando no podemos organizar un funeral ni estar en el entierro?

Perder a una persona querida, es una circunstancia dolorosa por la que pasamos casi todos en algún momento de nuestra vida. Vivir esa pérdida en estos momentos del año 2020, cuando la mayor parte del mundo tiene restringida su movilidad, en mayor o menor medida, a causa del coronavirus Covid-19 y no puede ni acompañarla ni realizar los ritos funerarios que cada cultura hemos creado para paliar esos momentos de duelo, añade un plus de dolor muy importante.

Deseo que estas reflexiones sirvan de ayuda a todas las miles de personas que han vivido y están viviendo este sufrimiento.

Para empezar, pensemos que no hay una única manera de vivir un duelo. Todas son buenas a condición de que cumplan su objetivo.

 A efectos didácticos podríamos decir que en esta situación de confinamiento, se ha eliminado la parte social del duelo, los ritos funerarios. Ahora, o estamos solos en casa o acompañados por un círculo familiar reducido. Antiguamente, los velatorios se realizaban en las casas y podía transcurrir todo un día y una noche en dónde la familia siempre estaba acompañada: familiares, amigos, vecinos… turnándose para no dejarlos solos. Y allí había abrazos, besos, apretones, saludos e historias. Se hablaba de la persona muerta y cada uno explicaba sus recuerdos. Había llantos, pero también risas. Muchos de estos recuerdos eran anécdotas que en determinados momentos provocaban esas sonrisas. Cada cultura con sus ritos propios.

Ahora ya hay pocos funerales en casa. Los hemos sustituido por los tanatorios, en dónde también nos reunimos para acompañar a la familia y para darle un último adiós a la persona muerta. En esta era digital, se ha añadido otro elemento: las redes sociales. Es habitual que la gente comunique en su red social el fallecimiento del ser querido y reciba las condolencias de sus seguidores, algunos de ellos conocidos, otros no. Aquí podemos encontrar una alternativa para la situación actual, que nos puede servir. Recibir el apoyo, el cariño y los ánimos de otros seres humanos que nos contestan, a veces con mensajes muy emocionantes. Los que habitualmente utilizan sus redes sociales desde el ámbito profesional o laboral, pueden añadir este ámbito personal

También hay gente que, tal como nos hemos acostumbrado ahora con las videollamadas, organiza un funeral virtual, reuniendo a todos aquellos que desean tener a su lado o simplemente a la familia. No pueden tocarse, pero sí verse y hablar. Compartir. Compartir y dejar salir el sufrimiento. Poder llorar. Poder hablar y expresar.

Hablar es importante en esta situación porque una reacción instintiva puede ser refugiarse en el confinamiento y aislarse para evitar el dolor o regodearse en él. No ayuda en ninguno de los dos casos. Evitar el dolor lo agudiza aún más ya que hay que añadir un esfuerzo descomunal para no sentirlo. Y regodearse en el aislamiento nos lleva, como poco, al victimismo, eso es, como si el familiar muerto, nos hubiera hecho algo malo. Las dos situaciones nos conducen a un duelo bloqueado, interminable y por eso, patológico. Elegir el duelo, también implica elegir la vida.

 Otras personas organizan un evento que puede consistir en pedir que su entorno envíe alguna cosa en memoria de la persona fallecida: un recuerdo, un escrito, una canción. O participar juntos escuchando y cantando la música que le gustaba al ser querido. Resulta emocionante. Gran parte de estos eventos pueden grabarse y guardar la grabación como recuerdo.

Foto-Cuadro de Caroline Mignot
Foto-cuadro de Caroline Mignot

  Y si nos hace falta, no dudéis en pedir ayuda. Sin dudarlo. Hay muchísimos profesionales de salud mental que están ahí, de manera gratuita, para ofrecer ese soporte. Puede ser por teléfono. No solo una vez. Las que podamos necesitar. Sin descartar ninguna de las emociones que sentiremos: ganas de llorar, de gritar, de expresar rabia, indefensión, culpa…ahí viviremos un montón de emociones que son inevitables y necesarias. Vivirlas no significa quedarse en ellas. Nuestra parte racional también estará ahí, guiándonos y a la vez permitiendo esos altibajos emocionales, sin peligro

Todo esta parte social  que ahora nos falta, acompaña al duelo personal, íntimo, que quizás nos pida soledad, nos pida nuestros rituales privados. Los que sean. Los que necesitemos. Y durante el tiempo que nos haga falta. Hay tiempo para la intimidad del dolor con uno mismo. No hay un tiempo marcado para que una persona pase su duelo.

Sabed que a estas alturas ya nos está permitido ir a los hospitales a despedirnos de nuestros seres queridos. Eso es muy sanador para mucha gente. Es importante saberlo porque al inicio de esta pandemia no era posible, pero en estos momentos los protocolos han cambiado.

La medicina debe tener en cuenta este factor de soporte familiar para las personas que están graves y no minimizarlo. Hay un tiempo de dedicación, pero ahora es posible disponer de ese tiempo. Y al enfermo, puede servirle mucho.

Un colega me recordaba algo que el psicoanalista Jacques Lacan escribió acerca de la pérdida de un ser querido. Decía que el  sujeto tenía que poner a trabajar todo su orden simbólico haciéndolo girar como giran las estrellas y los planetas en el universo. Puede que no sea literal, pero es la idea. Y me parece bello.

De todo lo que he leído acerca del tema, elijo dos artículos muy diferentes.

El post publicado en el Diari de la Sanitat, en català.

Cuidémonos y cuidemos.

Olga Fernández Quiroga


Vivir los duelos en tiempos del Coronavirus Covid-19

abril 22, 2020

¿Cómo vivir esos duelos cuando estamos confinados en casa, cuando no podemos acompañar a nuestros seres querido, enfermos en el hospital, cuando no podemos organizar un funeral ni estar en el entierro?

Perder a una persona querida, es una circunstancia dolorosa por la que pasamos casi todos en algún momento de nuestra vida. Vivir esa pérdida en estos momentos del año 2020, cuando la mayor parte del mundo tiene restringida su movilidad, en mayor o menor medida, a causa del coronavirus Covid-19 y no puede ni acompañarla ni realizar los ritos funerarios que cada cultura hemos creado para paliar esos momentos de duelo, añade un plus de dolor muy importante.

Deseo que estas reflexiones sirvan de ayuda a todas las miles de personas que han vivido y están viviendo este sufrimiento.

Para empezar, pensemos que no hay una única manera de vivir un duelo. Todas son buenas a condición de que cumplan su objetivo.

 A efectos didácticos podríamos decir que en esta situación de confinamiento, se ha eliminado la parte social del duelo, los ritos funerarios. Ahora, o estamos solos en casa o acompañados por un círculo familiar reducido. Antiguamente, los velatorios se realizaban en las casas y podía transcurrir todo un día y una noche en dónde la familia siempre estaba acompañada: familiares, amigos, vecinos… turnándose para no dejarlos solos. Y allí había abrazos, besos, apretones, saludos e historias. Se hablaba de la persona muerta y cada uno explicaba sus recuerdos. Había llantos, pero también risas. Muchos de estos recuerdos eran anécdotas que en determinados momentos provocaban esas sonrisas. Cada cultura con sus ritos propios.

Ahora ya hay pocos funerales en casa. Los hemos sustituido por los tanatorios, en dónde también nos reunimos para acompañar a la familia y para darle un último adiós a la persona muerta. En esta era digital, se ha añadido otro elemento: las redes sociales. Es habitual que la gente comunique en su red social el fallecimiento del ser querido y reciba las condolencias de sus seguidores, algunos de ellos conocidos, otros no. Aquí podemos encontrar una alternativa para la situación actual, que nos puede servir. Recibir el apoyo, el cariño y los ánimos de otros seres humanos que nos contestan, a veces con mensajes muy emocionantes. Los que habitualmente utilizan sus redes sociales desde el ámbito profesional o laboral, pueden añadir este ámbito personal

También hay gente que, tal como nos hemos acostumbrado ahora con las videollamadas, organiza un funeral virtual, reuniendo a todos aquellos que desean tener a su lado o simplemente a la familia. No pueden tocarse, pero sí verse y hablar. Compartir. Compartir y dejar salir el sufrimiento. Poder llorar. Poder hablar y expresar.

Hablar es importante en esta situación porque una reacción instintiva puede ser refugiarse en el confinamiento y aislarse para evitar el dolor o regodearse en él. No ayuda en ninguno de los dos casos. Evitar el dolor lo agudiza aún más ya que hay que añadir un esfuerzo descomunal para no sentirlo. Y regodearse en el aislamiento nos lleva, como poco, al victimismo, eso es, como si el familiar muerto, nos hubiera hecho algo malo. Las dos situaciones nos conducen a un duelo bloqueado, interminable y por eso, patológico. Elegir el duelo, también implica elegir la vida.

 Otras personas organizan un evento que puede consistir en pedir que su entorno envíe alguna cosa en memoria de la persona fallecida: un recuerdo, un escrito, una canción. O participar juntos escuchando y cantando la música que le gustaba al ser querido. Resulta emocionante. Gran parte de estos eventos pueden grabarse y guardar la grabación como recuerdo.

Foto-Cuadro de Caroline Mignot
Foto-cuadro de Caroline Mignot

  Y si nos hace falta, no dudéis en pedir ayuda. Sin dudarlo. Hay muchísimos profesionales de salud mental que están ahí, de manera gratuita, para ofrecer ese soporte. Puede ser por teléfono. No solo una vez. Las que podamos necesitar. Sin descartar ninguna de las emociones que sentiremos: ganas de llorar, de gritar, de expresar rabia, indefensión, culpa…ahí viviremos un montón de emociones que son inevitables y necesarias. Vivirlas no significa quedarse en ellas. Nuestra parte racional también estará ahí, guiándonos y a la vez permitiendo esos altibajos emocionales, sin peligro

Todo esta parte social  que ahora nos falta, acompaña al duelo personal, íntimo, que quizás nos pida soledad, nos pida nuestros rituales privados. Los que sean. Los que necesitemos. Y durante el tiempo que nos haga falta. Hay tiempo para la intimidad del dolor con uno mismo. No hay un tiempo marcado para que una persona pase su duelo.

Sabed que a estas alturas ya nos está permitido ir a los hospitales a despedirnos de nuestros seres queridos. Eso es muy sanador para mucha gente. Es importante saberlo porque al inicio de esta pandemia no era posible, pero en estos momentos los protocolos han cambiado.

La medicina debe tener en cuenta este factor de soporte familiar para las personas que están graves y no minimizarlo. Hay un tiempo de dedicación, pero ahora es posible disponer de ese tiempo. Y al enfermo, puede servirle mucho.

Un colega me recordaba algo que el psicoanalista Jacques Lacan escribió acerca de la pérdida de un ser querido. Decía que el  sujeto tenía que poner a trabajar todo su orden simbólico haciéndolo girar como giran las estrellas y los planetas en el universo. Puede que no sea literal, pero es la idea. Y me parece bello.

De todo lo que he leído acerca del tema, elijo dos artículos muy diferentes.

Cuidémonos y cuidemos.

Olga Fernández Quiroga