Agradecimiento post deterioro cognitivo y Alzheimer

julio 3, 2016

Quiero agradecer públicamente, mediante este post, a todas las personas (amigos, conocidos, desconocidos…), que han respondido al post sobre Deterioro cognitivo, alzheimer, demencia, enfermedad neurodegerativa, por diversos medios: comentarios en el blog, redes sociales como twitter , facebook,  Google + correo electrónico, personalmente y a todos los que me han escuchado, me han aconsejado o han compartido conmigo su propia experiencia.

Gracias por el ánimo, por la solidaridad, por la comprensión, por el soporte, los consejos y el material aportado. Me han ayudado mucho.

También me ha sorprendido la reacción. Para mi era un post más, como los otros, esta vez compartido con un profesional, en el que trataba de explicar un problema partiendo de mi experiencia personal e intentando aportar sugerencias, con el mayor rigor posible.
Es lo que hago habitualmente. De ahí mi sorpresa ante la reacción masiva.

Me he dado cuenta que es un tema que nos toca a muchos. Directa o indirectamente. En el presente, porque hay mucha gente con familiares padeciendo esta proceso o personas que son conscientes de que ellas mismas lo sufren, o en el futuro en previsión de lo que nos pueda pasar a nosotros.

Sólo se entiende si se ha pasado o se está en proceso de que pase y requiere muchísima sensibilidad. Y además, tiene múltiples vertientes desde dónde poner la mirada. Yo sólo apunto una.

El otro día paseaba con mi padre y nos sentamos a tomar un café. Una mujer que se levantaba de su mesa, se acercó a mí, me miró y me dijo:

– Ten paciencia. Tienes que tener mucha paciencia. Yo lo he vivido. Animo.

Y se fue.

No sé si éste es un post emocionante. Sí, emocionado.

Gracias pues a Mercè Soler y J.M. Armengou que han comentado en el propio blog y personalmente.

A Ignacio que ha sufrido en propia piel eso de la “medicina fragmentada” y está pendiente de un posible dignóstico para un familiar muy cercano. Echa mucho a faltar la imprescindible coordinación del médico de familia ante todos los especialistas que intervienen con un enfermo pluripatológico. Y al médico de familia siempre le falta tiempo. Ignacio sí que tiene infinita paciencia.

Y a Elena LLovet, Marga Lostes, Blanca Lopez, Toñi Alfaro, Dina Fernández, Ricardo Meléndez, Nela Abella, Sebastià Saurina, Olga Frago Tati Cervià, Abraham Simon, Jepi Castilla, Magda Vilà, Tomás Orell, Salut Bernabeu, Elvira Castro, Impulsant Sant Joan Despí,  Raquel Cadenas, Francisco Luis Abella.

También a Angi, Cali,  Angel,  Paco, Juan,  Assumpta,  Carme,  Jesús,  Fernando, Imma  Laura, Miguel Angel,  Montse,  Pilar, Marga, Pep, Rosalía, Ana, Julia, Tony, Lourdes, Viki, Valeria, Lluis, Oscar, Ana, Cinta, Pep mi psicoanalista, Anna de la que espero que pronto pueda escribir y ojalá compartir su experiencia,  a la Revista Mys y a Margarita, Leo y toda la redacción, por querer reproducir el artículo en su próximo número.

A Roger, que me ha facilitado  mucha información sobre el deterioro cognitivo y que compartiré con vosotros.

Y Gracias, en mayúscula, todos los días a Fidel y Einar, sin cuyo soporte no podría seguir. Y a mi padre.

Mis disculpas, porque seguro que me olvido a mucha gente…

Y como no puedo finalizar sin enlaces, comparto con vosotros  unos cuantos por si os pueden ser de ayuda en algún momento. Así, siempre los tendremos disponibles.

Si conocéis más recursos, vamos completando la lista.

1.- Este es  un estupendísimo artículo de “Le monde diplomatique”,  escrito por el periodista Philippe Baqué, que me ha enviado Roger Bernat.

El título ya lo dice todo: el Alzheimer, una enfermedadad política”

Habla sobre el Alzheimer y su tratamiento en Francia. Sirve para el mundo.

Subraya, con ejemplos concretos, que los intereses de la industria farmacéutica, no son necesariamente los mismos que los de la población.

Sin duda, más pronto que tarde, alguna de las big pharma, sacará un fármaco carísimo para un mercado potencial y de facto casi ilimitado, quizás en forma de vacuna, para prevenir, dirán. Y ahí entraremos todos. Al tiempo.

Algunos temas del artículo, muy bien acompañados de estupendos ejemplos.

– Los conflictos de intereses de los expertos que hacen informes para el  Gobierno

– El reconocimiento de la inutilidad de muchos fármacos que se están recetando

– Las residencias geriátricas como una gran inversión, ya están catalogadas por sociedades patrimoniales y con precios prohibitivos tanto si son públicas como privadas.

– Los problemas de las residencias tanto de personal (falta de personal), de formación profesional, como de enfoque terapéutico y el frecuente maltrato a las personas ingresadas.

– El enfoque  biologista de los tratamientos, con ejemplos en los que se muestran otras alternativas mucho más efectivas  y que dependen muchísimo del entorno y de las relaciones.

– Las dudas sobre los diagnósticos que se efectúan hoy en día.

–  El agotamiento de los familiares cuidadores y la necesidad de cuidarlos.

– La mal llamada colaboración público-privada, que suele acabar en  beneficios privados a costa de la muerte de pacientes, del sufrimiento de familiares y de la explotación de los profesionales.

Merece la atención detenerse en los nuevos paradigmas de las investigaciones que crean consorcios públicos-privados en dónde, para preparar el terreno, ya han elaborado una nueva definición de la enfermedad: incluir en los diagnósticos las fases anteriores a la aparición de los síntomas. O sea que todos seremos potenciales “enfermos”, aunque estemos totalmente sanos.

¿Qué significa esto? Pues que vamos a ser tratados de forma preventiva durante años, alegando un diagnóstico precoz. Quizás bajo el formato de vacunas. No estamos hablando de un futuro lejano. Ya existen pruebas para identificar determinados “biomarcadores” que nos catalogarían como potenciales enfermos de alzheimer en el futuro.  Cuesta mmuy poco hacerse una idea del potencial mercado que se abre. Por supuesto, esto encierra una pequeña parte de la verdad: hay marcadores genéticos para el 1%  de la población, que seguramente desarrollará la enfermedad (herencia). Esto será cierto. Pero no lo será para el resto, el 99%, que seremos “preventivos”, y podríamos padecer la enfermedad de  manera “esporàdica”, o sea con total incerteza.

2.- El documental Flore, del  realizador  francés Jean-Albert Lièvre, la historia de la degradación fulminante de su madre, diagnosticada de alzheimer en un establecimiento de lujo, que difiere poco de las otras residencias que no son de lujo. El decidió dejarlo todo, llevarla al campo y devolverle un poco de dignidad. También hay belleza. Y alegría. Como esta historia Los hilos de una vida que se desvanece: una mujer pone luz a la oscuridad del Alzheimer .

En la red, cientos de casos, explicados en primera persona o en tercera. Como siempre gente maravillosa compartiendo su experiencia, su tránsito por la enfermedad y su conocimiento.

Como estas frases maravillosas pronunciadas por enfermos y recogidas en un libro titulado “luz y memoria en el alzheimer”. Expresan el horror, el dolor, pero también la poesía y la belleza. Os lo dejo en este vídeo del reportaje realizado por el periodista  Ramón Lobo y que él titula “luz de la memoria”.

3.- Un libro online que aún no he leído entero, pero estoy en ello: Cuando el día tiene 36 horas: una guía para cuidar a enfermos con alzheimer, pérdida de memoria y demencia senil

4.- Esta página que trata en general del hecho de ser cuidador/a.  Con muchos contenidos.

Y algunos trabajos psicológicos:

1.- Familia y enfermedad de Alzheimer, una perspectiva cualitativa”.  Del año 1997. Si alguno de vosotros está en una fase de cuidador/a, vale la pena leerlo. Al basarse en entrevistas semiestructuradas, transcribe literalmente las palabras de los familiares, sus necesidades, sus angustias, sus culpabilidades, su fatiga, el impacto, a menudo demoledor en las relaciones familiares, el cambio de roles … en fin, seguro que os ayuda.

2.- Este otro del año 2011, titulado” Familia cuidadora y enfermedad de Alzheimer: una revisión bibliográficaen la que se toma a la familia como unidad de estudio, analizando el impacto tanto en el cuidador/a principal como en el núcleo familiar, considerando a todos los miembros de la familia como unidad de cuidado.

Es más académico, pero también muy interesante para entender todas las disfunciones familiares que se producen y el elevado riesgo de problemas para la salud del cuidador/a  al afrontar una enfermedad como ésta. Uno de los factores causales de la sobrecarga es la relación existente entre cuidador y enfermo: a más relación cercana más sobrecarga y más posibilidades de tener problemas de salud. El otro, es la unidad familiar que necesariamente debe redefinir sus roles y asumir la alteración en sus relaciones.

La estructura y la dinámica familiar pueden romperse. De hecho es frecuente. La interpretación subjetiva que cada miembro de la familia hace de la enfermedad, su futuro y sus consecuencias condicionan la respuesta del enfermo. Y esto suponiendo que los familiares sean conscientes, cosa que no ocurre y que además ya tengan una base sólida en sus relaciones, cosa que tampoco es tan frecuente. Las consecuencias pueden ser demoledoras y sumarse a todo el proceso, ya de por sí tan penoso.

La familia, en su caso, tendrá que establecer nuevas relaciones, si puede. Hay que tener en cuenta que el buen funcionamiento familiar es un factor importante que influye tanto en la persona cuidadora como en el enfermo. Disponer de un programa de intervención podría solventar muchos de estos problemas.

3.- Otro estudio del año 2012, titulado: Variables asociadas con la depresión y la sobrecarga que experimentan los cuidadores principales de los ancianos con Alzheimer y que saca esta conclusión:

“…Los resultados permitieron concluir que los cuidadores principales fueron mayormente hijas, de estado civil casado, sin vínculo laboral, con un nivel superior de escolaridad y sin recibir apoyo. La sobrecarga experimentada fue elevada. La variable asociada a la sobrecarga evidenció, que los cuidadores principales que no reciben apoyo tienen más probabilidades de experimentar sobrecarga que aquellos que reciben apoyo”

Y de momento lo dejo aquí. Gracias y buen verano!!!!

Por si queréis leer con esta maravillosa música de Regina Carter. N’Teri. O simplemente escuchar.

Olga Fernández Quiroga

 


Superviviente del Sistema de Salud Mental: se necesita otro pensar. Y se necesita ya

abril 5, 2016

Este es un post especial. Me lo ha enviado mi colega Carlos Rey, que ya ha colaborado en este blog, con su excelente didactismo en el post titulado para una clínica basada en la clínica . Se lo agradezco mucho.

Son las palabras de una persona que se define como superviviente del Sistema de Salud Mental.

Casi 10 páginas. Si tenéis un poco de tiempo leedlo. He conservado el título original.

Fernando Alonso habla de su experiencia en su recorrido como diagnosticado de una enfermedad mental. Yo prefiero decir trastorno  mental. Habla de la altanería de los profesionales que lo saben todo, del sufrimiento psíquico, del tránsito de pasar de enfermo a cliente, de la relación terapéutica, del silogismo psiquiátrico y psicológico, del significado de escuchar, de ser persona en vez de etiqueta, de la subjetividad del ser humano…

Estas reflexiones fueron publicadas en el Boletín nº 38 de la Asociación Madrileña de Salud Mental, de la Asociación Española de Neuropsiquiatría.

Este es el texto.

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Se necesita otro pensar. Y se necesita ya.

Fernando Alonso. Superviviente del Sistema de Salud Mental

Pensar es peligroso, pero eso no es lo relevante. Ponerse en situación de peligro abre la puerta al pensamiento. Eso sí que es lo decisivo. Amar y pensar. El odio de querer vivir.

Santiago López Petit.

La psiquiatría y la psicología son disciplinas del fracaso. Lo son en lo que atañe a la comprensión y reducción del sufrimiento psíquico. La afirmación es dura, pero tampoco hay que alarmarse más de la cuenta. Sucede con otras profesiones y sucede en otros ámbitos de la vida. En todo caso, lo cierto es que la gente sufre. De hecho, puede decirse que, atendiendo a pulcros criterios estadísticos, la gente sufre cada vez más. La situación ha llegado a ser tan familiar que la hemos normalizado. La capacidad de adaptación del ser humano, en ocasiones, es tan asombrosa como siniestra. Los diagnósticos y tratamientos farmacológicos se incrementan a un ritmo vertiginoso. La precariedad define la salud mental de niños y adultos en las sociedades occidentales que conocemos. Cada vez hay más locos, pero como digo, esa locura casi ha sido incorporada a la cotidianidad. Todas las mañanas, al arrancar cada jornada, una parte significativa de nuestras ciudades engulle su ración de psicofármacos antes de salir a la calle. Por las noches el gesto se repite, una miríada de píldoras aterriza en las lenguas de los ciudadanos que buscan conciliar el sueño. El malestar convive con nosotros y ha acabado por parecernos algo completamente normal.

Sé que hay un millón de matices que pueden y quizás deben hacerse a las palabras precedentes, pero en términos generales no considero que estén demasiado desencaminadas. Si atendemos a los criterios que sostiene el propio modelo biomédico imperante, el panorama es desolador. Es decir, si, siguiendo la consigna de los voceros del biologicismo, nos limitamos a aplicar el paradigma médico al estudio y tratamiento de las llamadas “enfermedades mentales”, se nos presenta una realidad tan cruda como evidente: los resultados de psiquiatras y psicólogos clínicos, evaluados bajo la misma lógica médica desde la que operan, muestran que su rendimiento solo puede ser considerado como nefasto. La enfermedad mental está fuera de control desde una perspectiva epidemiológica, y, a su vez, las numerosas promesas que se nos hicieron (recordemos, por ejemplo, el eterno e inminente descubrimiento de pruebas objetivas de diagnóstico) han caído en saco roto.

Hace ya 16 años que fui diagnosticado dentro del sistema público de salud. Desde entonces no se me ha ofrecido ninguna novedad en el tratamiento. A no ser, claro está, que la aparición y prescripción de un nuevo fármaco casi idéntico a su antecesor comercial se considere como tal; en este sentido, la sustitución más destacable y trepidante pareció ser la de Risperdal por Invega. Eso es todo en todo este tiempo.

Existe un desfase entre los “recursos médicos” que se ofrecen a las personas diagnosticadas y la altanería profesional. El conocimiento real que se tiene del sufrimiento psíquico es absolutamente parcial y limitado, y las herramientas que existen para afrontarlo son insuficientes cuando no dañinas. Las expectativas que se ponen sobre la mesa de la consulta no se corresponden con la seguridad y fiabilidad de la que suelen arrogarse los psiquiatras y psicólogos cuando defienden sus posiciones. A fin de cuentas, el objetivo detrás del conocimiento de una patología debería ser su tratamiento. Por tanto, lo que debería ofrecerse al paciente son mecanismos efectivos de mejora de la calidad de vida que se asienten en datos fiables. Sin embargo, nos encontramos en una situación en la que las investigaciones llevadas a cabo en el ámbito de la salud mental –en gran parte financiadas por la industria farmacéutica– se recrean en la reafirmación del propio paradigma. Así, el paciente ha quedado desplazado, cuando no excluido, y la posibilidad de soluciones, o en otras palabras, de futuro, queda sepultada por la arrogancia de un modelo que se reproduce así mismo alimentándose de su propio fracaso.

No tengo intención de negar las mejoras que han podido producirse en el abordaje de los trastornos psíquicos (en las condiciones y tipos de encierro, por ejemplo), ni tampoco la de obviar el trabajo de determinados profesionales. En este territorio que intento sobrevolar, mi condición de persona diagnosticada me exige centrar la atención en otras cuestiones. Me limito aquí, por tanto, a abordar asuntos de orden estructural que considero cruciales para empezar a entender la necesidad de otro pensar.

El relato dominante en aulas y servicios es que las personas que sufrimos psíquicamente tenemos un desajuste en nuestra bioquímica, y la hegemonía de este relato reduccionista implica toda una serie de consecuencias que deben ser tenidas en cuenta a la hora de valorar el fracaso disciplinario del que hablo. En los párrafos siguientes voy a centrarme, aunque sea de una manera algo tosca y rudimentaria, en tres de ellas. En las tres que son para mí más evidentes y cruciales a la vez.

Y evidentemente no me hace falta entrar aquí en un análisis profundo de las causas de esa mortalidad. No es necesario entrar a debatir el peso de los fármacos en cuestiones como el sedentarismo o el tabaquismo. Basta decir que como horizonte vital, este tipo de datos deberían despertar, cuando menos, sensaciones que oscilaran entre el terror y el escepticismo.

La primera de las muchas que deberían destacarse es la inercia. Y la inercia puede tener dos acepciones básicas que conviven demasiado cerca la una de la otra. La primera es la cualidad de lo inerte, de lo que no está vivo, y la segunda hace referencia al hecho de que el reposo o el movimiento de un cuerpo se mantienen de manera indefinida si no hay causa externa que lo altere. En lo que respecta a la salud de las personas, a sus vidas, en ninguno de los dos casos la inercia puede ser una buena compañera de viaje. Bien porque te arrastre a la inacción, bien porque implique una manera de moverse que te deje siempre en el mismo sitio.

Hay inercia formativa, profesional, investigadora, mercantil y de las propias personas que acudimos a los servicios de salud mental. Las sendas están trazadas y uno discurre por ellas sin sobresaltos. Al igual que el ganado dibuja durante décadas sinuosos surcos sobre la falda de la montaña. De la consulta a la farmacia. De la farmacéutica al congreso. De la publicación al reconocimiento profesional. Del despacho al aula. De la sala de espera a la cita con el trabajador social. Y podríamos indicar un sinfín de trayectos más donde nada ni nadie se mueve realmente. Bajo la apariencia de progreso no hay sino una gestión razonablemente eficiente del colapso. Un colapso que afecta tanto a las disciplinas como a las personas.

La segunda consecuencia que puede traerse a escena es un impetuoso amante de la inercia: el negocio. Hay quienes opinarán que la precedió necesariamente, otros mantendrán a su vez que llegó después, cuando el terreno estaba ya abonado. Da igual como haya sucedido, lo importante es que está entre nosotros –también con nosotros y en nosotros– y su presencia lo impregna todo. La salud mental es un negocio fabuloso. Hay que reconocerlo de manera abierta y sin complejos de ningún tipo. Hace años hablar de la mercantilización del sufrimiento psíquico era propio de individuos y colectivos marginales. Hoy, gracias a la mezcla resultante del propio descrédito del que gozan los mercados y la labor crítica de determinados movimientos sociales y algunos investigadores, parece que nadie está en posición de poder afirmar que existe algún tipo de neutralidad o filantropía en los resortes que mantienen en marcha la boyante industria farmacéutica. Los recientes trabajos de Peter Gøtzsche –Medicamentos que matan y crimen organizado– y Joanna Moncrieff –Hablando claro. Una introducción a los fármacos psiquiátricos– ponen el dedo en la llaga y claman a los cuatro vientos algo que todas las personas que hemos pasado por una consulta psiquiátrica sabemos: más allá de nuestra condición de pacientes, somos esencialmente clientes.

Volviendo al tema del que hablaba, es cierto que vivimos inmersos en una lógica de costes y beneficios (algo que sin duda podría definirse en términos de «realidad objetiva»). Por lo tanto, también es cierto que el ámbito de la salud mental no se encuentra fuera de esa lógica, pero la razón por la que se ve especialmente afectada es muy sencilla: los beneficios que genera son astronómicos. No hay que ser ni muy agudo ni muy radical para ver la influencia directa que tiene esto. Para ilustrarlo con una mayor claridad, y a riesgo de ser tachado de trasnochado, citaré a Marx abordando la cuestión de la fetichización de la mercancía: “La producción no produce un objeto para el sujeto, sino también un sujeto para el objeto”. A partir de estas palabras y haciendo las sustituciones pertinentes, los lectores podrán pasar un rato inquietante y divertido. Sugiero probar a cambiar “producción” por “industria farmacéutica” o “paradigma biomédico”, “objeto” por “fármaco” o “diagnóstico”, “sujeto” por “enfermo mental” o “consumidor”, etc. La cuestión aquí, es que la identidad personal de ese sujeto se ve transformada por esa relación. No se trata algo que pase a tu lado, que te roce, no… te golpea, te modela, te marca.

La tercera consecuencia se puede explicar como fruto de las dos anteriores. Tiene que ver con la situación que ocupa el paciente dentro de este tablero que he tratado de esbozar. Toda vez que su biografía y su dolor han sido escindidos el uno del otro por el escalpelo del saber psiquiátrico, se le ha invalidado y estigmatizado, se le ha predicho un futuro bastante desolador y se le ha convertido en un engullidor de pastillas y receptor pasivo de recursos (cuando los hay), es arrojado a la periferia social. La identidad que alguna vez pudo existir (o acaso llegar a existir) se diluye bajo el peso de los nuevos significantes y sus atribuciones. Se es “paciente”, se es “usuario” (ese gran sustantivo que no dice nada salvo que “usas” algo), se es “diagnosticado” (cuando no directamente “psicótico”, “esquizofrénico”, “bipolar”, etc.)…

El mismo modelo con el que se inician y legitiman todos los procesos de segregación es el responsable final de velar por la recuperación del segregado. La contradicción es tan manifiesta que tengo la hipótesis de que todas las partes implicadas son perfectamente conscientes de ello en un grado u otro. Y sin embargo, nos hemos acostumbrado a callar pese a que los pacientes difícilmente se fían de sus responsables médicos, y estos con demasiada frecuencia creen estar en condiciones de saber todo cuanto está por acontecer en la vida de aquellos.

Así, en el mejor de los casos nos encontraremos ante una relación terapéutica completamente precarizada, y en el peor estaremos frente a un burdo simulacro. La cuestión radica en la comprensión o no de la naturaleza de esta relación. Y cuanto más avancemos en silencio, cegados por la retórica del progreso desplegada en gran parte de los textos académicos y en la totalidad del marketing farmacéutico, más dificultades encon- traremos para pensar alternativas que posibiliten una alianza terapéutica real y efectiva. De hecho, corremos incluso el riesgo de quedar atrapados en la ilusión de que el paso del tiempo conlleva por sí mismo una mejora de la gestión social de la salud mental, de manera que llegue el momento en el que el verdadero problema sea que no podremos recordar el problema mismo: la comprensión y afrontamiento del sufrimiento psíquico. Para evitarlo, no hay que perder de vista algo tan esencial como que hasta el momento, y con las pruebas empíricas de las que se dispone, la “enfermedad mental” no es una enfermedad que pueda ser equiparable al resto de patologías a las que hace frente la medicina. Y en consecuencia, el “enfermo mental” está lejos de ser un enfermo más. Semejante estado de excepcionalidad es rastreable en múltiples direcciones, desde las implicaciones legales que puede acarrear un determinado diagnóstico (pensemos en la reforma del Código Penal planteada por el exministro Alberto Ruiz-Gallardón) hasta la impotencia que experimentan muchos profesionales en sus puestos de trabajo (quienes vocacionalmente buscaron un espacio donde descubren que el cuidado es desplazado por la mera gestión), pero donde mejor se puede apreciar es en el simple día a día de las personas que sufren psíquicamente y en su relación con el conjunto de la sociedad.

Inercia, dinero, desamparo. Tres palabras de las que deberíamos huir a la hora de comenzar a construir otro pensar.
Quizás habiendo dicho esto se entienda mejor que, siguiendo una tendencia abierta hace décadas en el mundo anglosajón, algunas personas nos denominemos “supervivientes” de la psiquiatría o del sistema de salud mental. Hay profesionales que han manifestado su recelo hacia este tipo de expresiones, e incluso han reprochado la existencia de una cierta épica en ellas. Supongo que se sienten tan excluidos de dicha elección como nosotros nos sentimos frente a las rotulaciones diagnósticas. No obstante, para buscar una legitimidad al término hay que remontarse a la experiencia misma y sus protagonistas, y en este sentido personalmente sí considero que hay una dosis considerable de épica en la vida de todos aquellos a quienes a quienes les tapiaron las ventanas y las puertas de sus casas y aun así consiguieron fugarse. Hacer un butrón en la historia que habían escrito para ellos y discurrir otros caminos en busca de un espacio de seguridad donde poder vivir con y en su diferencia. En mitad de un desastre y una confusión generalizados, donde la curación es sustituida por la simple analgesia, concebir escenarios donde es posible no resignarse es sencillamente una necesidad.

Este problema a la hora de dar con palabras que puedan expresar realidades que escapan al conjunto de discursos y prácticas dominantes en la salud mental evidencia una de las primeras tareas a acometer si queremos salir del atolladero en el que están metidos algunos profesionales (aquellos que a diario experimentan la impotencia en sus puestos de trabajo) y todos los pacientes: el lenguaje. El que existe está viciado. Se ha desgajado de la vida hasta el punto de no responder ya a fenómenos concretos, sino a formas concretas de dominación. El lenguaje se impone, y lo más doloroso de todo es que dicha imposición pretende designar una realidad que es nuestra, no de quienes lo administran.

Así, de la misma manera que determinados individuos vivimos experiencias psíquicas inusuales que pueden entenderse como una “realidad no compartida” por el resto de la población “normal”, la psiquiatría y la psicología nos imponen un vocabulario que nosotros no compartimos. Simplemente nos limitamos a tragarlo. Y lo hacemos nuestro, lo que es aún más perturbador, porque acabamos hablando de nuestras vidas con palabras de personas que no saben nada de ellas.

Sin embargo, no nos encontramos sencillamente ante un problema de vocabulario. Si así fuera, podría solucionarse en términos de reemplazo. No, el lenguaje está asociado a un paradigma, a un determinado modelo, y ello acarrea la existencia de unas reglas que establecen un determinado pensar. Las operaciones conceptuales que acontecen dentro del paradigma biologicista siguen un camino que conduce de manera sistemática al desen- cuentro con las vidas de los pacientes que pretende curar. Hay un problema de traducibilidad entre su realidad y la de los profesionales que se ha solucionado a golpe de diagnóstico. El problema es estructural, y por tanto, quien quiera afrontarlo deberá estar dispuesto a desprenderse de buena parte de lo aprendido, a cuestionar sus hábitos de pensamiento y a asumir ciertos riesgos. Salirse del redil siempre implica pagar un precio.

Traeré aquí tan solo en el primero de esos riesgos a los que he aludido: escuchar. La psiquiatría, la psicología y el resto de prácticas-satélites que gestionan el sufrimiento psíquico no escuchan. Más allá de que sean las mismas instituciones las que coarten la escucha, cuando no la imposibiliten directamente, estas disciplinas han perdido la capacidad de recibir informaciones que no pertenezcan a las líneas maestras de su relato. Esto es algo que sabe cualquier persona que pase por consulta. Desgraciadamente, escuchar al otro no es solo prestarle atención, ni dedicarle tiempo, ni ofrecerle consuelo. Va más allá, es una actividad en la que quien escucha se expone a tener que modificar el guion que de una manera más o menos consciente tenía estructurado en su cabeza. Y eso, cuando no está asumido como parte del propio desempeño, jode.

Llegados a este punto, la mayoría de los lectores de este texto podrán legítimamente argumentar: “Genial, pero no hay medios disponibles para articular esa escucha. No ha recursos económicos, ni tiempo”. Y mi respuesta sería la siguiente: “Correcto, pero hay pasos que ya se pueden dar”. El primero es reclamar y pelear por esos medios, por mera dignidad, aunque se pierda la batalla. El segundo es adquirir formación sobre otras estrategias distintas de las ya conocidas. El tercero pasa por ensayar nuevas formas de comunicación a la luz de esa formación que permitan trabajar sin grandes recursos económicos (citaré solo dos que ofrecen resultados positivos especialmente en el campo de la psicosis: el diálogo abierto y los grupos de escuchadores de voces). El cuarto consiste en algo realmente sencillo, que se produce en otros países, pero que en este parece no acabar de cuajar: la búsqueda de espacios de confluencia entre personas diagnosticadas y profesionales, tiempos y lugares donde se den los parámetros mínimos que permitan una comunicación razonable y equilibrada. Pero, y esto es relevante, esta necesidad no se ve satisfecha por la tendencia actual (motivada en buena parte por el marco conceptual que ofrece el modelo recovery) de incorporar en mesas de debate y jornadas a una o dos personas psiquiatrizadas. Ese es tan solo un gesto que con demasiada frecuencia no va más allá de la anécdota y la autocomplacencia.

Somos personas, no etiquetas. Tenemos vidas, no historiales. Y un secreto: disponemos de saberes labrados en el día a día. Conocimientos empíricos que no vienen en los manuales de las universidades. A veces no tienen una forma clara, son herramientas difusas que simplemente nos ayudan a sobrevivir. Otras veces, con el paso de los años y el apoyo entre personas que comparten una misma condición, esos recursos más o menos intuitivos se van puliendo y se transforman en auténticas estrategias terapéuticas. Muchas de las cuales son replicables.

Negar la participación de personas con experiencias concretas en la creación espacios de acción terapéutica es un error básico que condiciona todos los pasos que se dan después de tomar la decisión. No puedo argumentar con exactitud el origen de esta forma de trabajar, e intuyo que las razones son múltiples e incorporan una gran cantidad de matices y aristas. Es evidente que la arrogancia ya mencionada debe tener un peso importante, junto con el inmovilismo inherente a todo corporativismo. Pero también es cierto que el desarrollo de los marcos conceptuales de la psiquiatría y la psicología en nuestro país no puede ser ajeno a cuatro décadas de dictadura. En cualquier caso, la escisión entre el saber académico y el conocimiento directo que tienen de su propio dolor las personas que conviven con él no solo es una tara que evidencia claramente cierto subdesarrollo teórico, sino que no resiste el embate del simple sentido común.

En un plano estrictamente personal, puedo decir que experimento alucinaciones auditi- vas desde los 19 años y que, como es lógico, he hablado con muchos psiquiatras, psicólogos y terapeutas desde entonces, pero jamás ninguno de ellos me ha ofrecido el conocimiento práctico que he podido adquirir leyendo y, sobre todo, escuchando a otras personas que a su vez también escuchan voces. Los saberes que se comparten entre iguales escapan a los marcos de la especulación teórica, se diluyen en las narraciones individuales y ofrecen pistas para reconstruir el propio camino hacia una recuperación real y efectiva. La inmensa mayor parte de lo que sé sobre lo que me pasa se lo debo a otros, a otros como yo: la comunicación o incomunicación con la familia, la gestión de las alucinaciones en el trabajo, la información sobre ingresos hospitalarios, la importancia del descanso, la influencia en las relaciones de pareja, los factores de riesgo que pueden desembocar en una crisis, pautas de prevención… la lista sería interminable.

Fuera de España hay programas dentro de la atención en salud mental donde determinados “pacientes” colaboran de manera decisiva en estrategias de intervención. Y dentro de nuestras fronteras hay numerosas experiencias dentro del campo médico donde determinados pacientes intervienen en calidad de “pacientes expertos” a la hora de gestionar situaciones tan complejas como la aceptación y gestión de una patología crónica. Lo curioso es que la psiquiatría dominante, pese a invocar su pertenencia en igualdad de condiciones al resto de ramas de la medicina, suele asumir del paradigma médico tan solo lo que le conviene. El campo psicopatología no deja de ser un caos controlado por la costumbre, donde los cambios provocan miedo y rechazo. Al fin y al cabo, hay que tener siempre presente que cuando los sistemas se enquistan, tienden a la autoperpetuación como lo haría cualquier ser vivo.

Hasta el momento he recurrido constantemente al concepto de “paradigma” establecido por Thomas Kuhn. Y lo he hecho en su sentido más primario: un modelo teórico que, por las razones que sea, es aceptado por un grupo social. Esta aceptación tiene sus cimientos en un conjunto complejo de razones, entre las cuales destaca el éxito para resolver problemas o anomalías. En este sentido pudiera parecer que la hegemonía del relato biologicista en el ámbito de la salud mental tiene sus días contados: hace décadas que no se producen adelantos significativos en el terreno de la investigación (ni en lo relativo al diagnóstico, ni en lo relativo a los psicofármacos), todavía no se ha podido demostrar el componente biológico de ninguna llamada “enfermedad mental” y, quizás esto sea lo más importante, la gente continúa sufriendo. Sin embargo, esta interpretación simplifica demasiado el trabajo de Kuhn. Habría primero que establecer si la psiquiatría puede considerarse ciencia en un sentido fuerte (si aplica el método científico de facto y no si se trata tan solo de un conjunto más o menos estable de conocimientos y creencias), e incluso qué sentido tiene tratarla desde el aparato conceptual ofrecido por un historiador de la ciencia, y lo que es más importante en nuestro caso, habría que ponderar la relevancia que siempre asignó este autor a las creencias históricas concretas de las comunidades científicas. Y es que una de las grandes aportaciones de Kuhn fue insistir en que las propias creencias son inseparables del marco cultural en el que se desarrollan.Dicho lo cual, el paradigma biológico en salud mental debe ser siempre comprendido en el contexto en el que ha triunfado. De ahí que haya quienes con propiedad hablen ya de “paradigma biocomercial”. Quizás no haya que atender tanto a sus éxitos para comprender su supervivencia como a su funcionalidad contextual. Se adapta a la lógica del mundo en el que se inserta. Se adapta y hace caja. Por tanto, la crítica no puede ni debe ser planteada en términos de relevo: no existe ningún paradigma que pueda suplir al actual operando en las mismas condiciones.

Mi modesta aportación a este debate es que tampoco necesitamos un modelo alternativo. No se trata de escoger entre la fantasiosa cosmología aristotélica y el rigor observacional de Galileo (quien pudo ver que sí, que la Luna tenía montañas y no era la esfera incorruptible que creían Aristóteles y la Iglesia Católica), tal y como nos explica Thomas Kuhn. Se trata de cuestionar el paradigma hegemónico a la vez que se articulan respuestas pragmáticas a los problemas que ese paradigma no sabe, o no le es rentable, abordar. Y esto pasa necesariamente por cuestionar e incidir también en el marco cultural existente. Si no hay una cultura de la escucha, de la gestión horizontal de tiempos y espacios, poco sentido tendrá el descubrir que tiene un potencial terapéutico. Si se apuesta por los grupos de apoyo mutuo en salud mental, donde se practica una comunicación no mediada entre personas que han pasado y pasan por experiencias semejantes, hay que asumir que se está defendiendo una manera específica de relacionarse. Se otorga un valor a una determinada manera de estar en el mundo. La praxis implica un posicionamiento dentro de una correlación de fuerzas e intereses que nos desborda.

El problema esencial de quienes defendemos que la autonomía es el principio, el medio y el fin de la recuperación en salud mental es que este mundo está configurado contra el desarrollo de esa autonomía mucho más allá de los límites establecidos por aulas, consultas y hospitales. Por eso no contemplamos un choque frontal, a la vez que tampoco nos resignamos, buscamos resquicios y contradicciones para instalarnos en ellas. No podemos posponer la disputa ni asumir la derrota. A nuestro alrededor “La regla es: mermelada mañana y ayer… pero nunca hoy”, que diría la Reina de corazones en Alicia en el país de las maravillas. El ayer representa el momento en el que se gozó de una salud ya perdida, mientras que el mañana es la quimera de un nuevo tiempo que nunca acaba de llegar. El problema es que vivimos en el hoy. Y necesitamos soluciones ya.

No se trata pues de disputar una hegemonía, sino de liquidarla, de acabar con la imposición de centros de poder y defender la multiplicidad. No hay un relato para explicar el sufrimiento psíquico, hay múltiples relatos de múltiples sufrimientos psíquicos. La puesta en común de los mismos y de las estrategias de gestión empleadas por sus protagonistas es un camino de socialización de conocimientos que rompe con la lógica que conocemos. Aprender de un paciente puede parecer un sinsentido hasta que es útil. Es entonces cuando es posible entender que todas esas dualidades que se levantan alrededor no son sino muros.

Cierro el texto invocando el llamado “derecho de fuga”, una idea que tomo prestada a Sandro Mezzadra. No se trata de una figura jurídica, sino un concepto con el que el autor pretende reflexionar sobre la singularidad de las personas desplazadas. Con él, Mezzadra pretende remarcar la dimensión subjetiva de los procesos migratorios, los cuales quedan sepultados bajo el anonimato y el reduccionismo con los que quedan planteados dentro del contexto capitalista. Así pues, las personas diagnosticadas también tenemos el derecho de fugarnos del paradigma biomédico que triunfa a día de hoy. Tenemos derecho a buscar y a que se nos reconozca nuestra propia subjetividad mientras buscamos. Nuestra fuga permite que terceras personas puedan tomar conciencia de nuestra condición y nuestra experiencia. Reivindicar nuestra subjetividad implica romper con la posición subalterna a la que nos relega el paternalismo de las llamadas “ciencias psi-”, pero desde luego no equivale a suprimir todas aquellas condiciones objetivas que nos llevaron al sistema de salud mental. No somos reducibles a categorías estancas, no somos insectos y los profesionales de la salud mental no deberían ser entomólogos. Ese camino, esa forma de pensar, ha sido ya ensayado y el resultado está ahí para quien quiera documentar la derrota. Tenemos derecho a respirar aire fresco, o al menos a intentarlo. Desertar es un verbo que tiene algo hermoso. Implica una actitud. Lo cual no es poco en estos días aciagos. Cuando el pensar habitual, el que hemos heredado, fracasa, se hace necesario pensar de otra manera. Estamos habituados a afrontar la realidad en términos opuestos. Así, este nuevo pensar que se invoca en el título de este texto debiera ser un pensar contra el orden existente. Sin embargo, de lo que se trata no es tanto de pensar a la contra como de inaugurar otro pensar desde el momento mismo en el que hemos reconocido que el que existe se rinde.

Soy consciente de que este texto no tiene una estructura académica. Hablar desde la propia vivencia le condena a uno a abrazar ciertas heterodoxias. Si todo lo escrito tiene una finalidad o enseñanza, no pasa por que se la explique y desmenuce al lector en un último apartado de conclusiones, sino porque este la comprenda. Ojalá se entienda este matiz, y sirva de contrapunto al modo en que las personas diagnosticadas solemos ser tratadas en consultas, estudios, salones familiares o asociaciones de distinta índole. En última instancia, y al igual que otra mucha gente, yo no creo que el ser humano nazca bueno o malo. Creo que nace ignorante, estúpido. Y abandonar esa condición es la tarea de su vida. Quiero pensar que cada vez somos más quienes estamos inmersos en ese proceso.

Fernando Alonso

Superviviente del Sistema de Salud Mental

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Hasta aqui el texto de Fernando. Para completar este post, creo que van bien estos enlaces que inciden en la idea de mostrarnos otras maneras de abordar los trastornos mentales.

Escuchadores de voces. Un intento de los pacientes para autoorganizarse y convivir con su trastorno psicótico, que merece la pena conocer.

Intervención de Olga Runciman el el XXXII Congreso de Nacional de Enfermería de Salud Mental. Es enfermera de salud mental, psicóloga de la universidad de Copenhague y persona que escucha voces. Es la presidente de Inter- Voice danesa y desea crear un puente entre el mundo del cuerdo y el loco.

Quiere reinterpretar los problemas de salud mental desde esta perspectiva de los escuchadores de voces. Desde su propia construcción como profesional y como persona que sufre los trastornos, diagnosticada de esquizofrenia. Desde ambos lados. Ellos se autodenominan “oidores de voces”.

Web del Congreso que organizaron en Alcalá de Henares, los días 6 y 7 de noviembre del 2015

También podéis leer, el número 36 que desde MYS (Mujeres y salud), hemos dedicado precisamente a este movimiento.

Posiblemente os sorprenderá, pero entenderéis mejor algunas cosas respecto a salud mental y por lo tanto respecto a nosotros mismos.

Esto no es ninguna panacea, ni tampoco soluciona estos graves trastornos mentales de manera mágica a todo el mundo, pero estas personas han sido capaces de crear otra perspectiva. Y se han organizado. Y pueden llevar una vida diferente a la que denuncia Alonso.

Implica que hay otras verdades. Es lo que no se pude negar. Es lo que no puede negar ni la psiquiatría ni la psicología. Y no no implica que debamos estar totalmente de acuerdo. Pero sí que hay que oír y escuchar.

Soy consciente que este no es el discurso dominante ni en psiquiatría ni en psicología, pero los que trabajamos o hemos trabajado durante mucho tiempo en clínica, con pacientes, día a día, sabemos que en efecto hay otras verdades, a veces tantas como personas que sufren o que tienen trastornos mentales. Leves, graves o muy graves. Y no hablo de teorías.

Olga Fernández Quiroga


Toni Comín, nuevo Conseller de Salut: primera comparecencia en la Comisión de Salut

marzo 9, 2016

Este post simplemente pretende ser una crónica(casi objetiva) de la primera comparecencia del nuevo Conseller de Salut de la Generalitat de Catalunya, Toni Comín, en la comisión de salud del Parlament de Catalunya.

Tiempo habrá, seguro, de recordar y analizar su “programa” .

Comín iba en la lista de la candidatura de Junts x sí, como parte de la cuota de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC)

En los enlaces, podéis seguir tanto la comparecencia como la intervención de todos los grupos que forman parte de la Comisión de SalutConseller Comín

De entrada, nos da su definición de salud, que es la definición de la OMS:

“La salud es el estado de completo bienestar físico, mental y social y no solo la ausencia de enfermedad y minusvalía”.

Sabéis que prefiero esta otra definición , la del Congrès de Perpignan, las dos con explicaciones razonadas.

“La salud es aquella manera de vivir que es autónoma, solidaria y gozosa”

A continuación, resalta los determinantes sociales en las desigualdades en salud, citando a Richard Wilkinson y Kate Pickett, que está muy bien, aunque aquí tenemos excelentes autores de prestigio internacional que llevan años dándole al tema. El Conseller lo sabe. Elección no arbitraria. Por si el Conseller Comín, gran lector, desea ampliar su conocimiento sobre determinantes sociales. Algunos links.

Joan Benach y Carme Borrell. Como tienen miles de trabajo, estudios, conferencias, anàlisis… pongo solo una muestra

Desigualdades en salud . Co-pago de medicamentos

Carles Muntaner

Javier Segura del Pozo, en Madrid, si lo prefiere

Aquí el informe sobre Barcelona “La salut a Barcelona (2014) de la Agència de Salut Pública, con Carme Borrell, Gemma Tarafa, Maribel Pasarín…

Sigamos. A destacar sus continuos loas a la AQUAS (Agència de Qualitat i Avaluació Sanitàries de Catalunya).  Nos recomienda el informe sobre la crisis en Catalunya.

Sí, la salud es algo transversal, casi todo es salud: el paro, la precariedad, la vivienda, el hambre, la violencia de género… Sí, un país sin desigualdades mejora mucho su salud y no, en Catalunya no solo ha sido la crisis: ha sido un plan deliberadamente elaborado para desmantelar el Sistema de Salud Público.

Por si queréis,los informes AQUAS éste es el informe de 2014 Y el anàlisis territorial

Sigue el discurso con muchas generalidades: menciona riesgos ambientales (11:15), aunque pone como ejemplo el virus zika. Otra tanda de links para el Conseller sobre Salud y Medio Ambiente

Medio ambiente y salud: cuadernos de la bona praxis.

La contaminación ambiental y la salud pública con el caso Volkswagen

DISRUPTORES ENDOCRINOS: un desconocido y mortal problema de salud pública

EL LIBRO: AVUI ACTIUS O DEMÀ RADIOACTIUS

El blog sobre enfermedades emergentes

Comín tambén nos explica la nueva organización del Departament, la elaboración del Plan de Salud 2015/2020 y sus 9 principios para el modelo sanitario. A saber:

(1 ) Universal y público. (2) Equitativo.(3) de Calidad. (4) de Excelencia (recerca e innovació). (6) Transparencia. (7) Diversidad de proveedores. (8) Participativo. (9) Sostenible desde el punto de vista financiero a corto y largo plazo.

Como ya dije que éste es un primer post, casi objetivo, dejaré para más adelante su análisis, empezando por las listas de espera (28:07)

Solo dos apuntes

1.- Su declaración respecto a que las listas de espera son consustanciales al sistema público de financiación con impuestos. Luego, en su turno de respuestas, rectifica y dice que solo se refería a la gestión de listas de espera como un puro instrumento técnico, o sea aunque solo sea un día de espera. A  mi no me dio esta impresión, pero ahí está su respuesta

2.-Su rectificación, también en el turno de respuesta, respecto a las palabras de agradecimiento que dedicó a su predecesor Ruiz, por su legado. Al parecer, dice el Conseller,  no se refería al legado de la gestión de Ruiz al frente del Departament de Salut, sino al legado del propio Sistema de Salud.

Bueeeeeeeeeeno. ¿Estilo Comín?.

Su propuesta podría ser plenamente aceptable si no fuera porque después vienen las definiciones y las puntualizaciones y aquí ya se pueden hacer florerías, como cuando define lo público como: “… en el punto de la prestación es gratuita…”

Pués no.

El Conseller tiene los 10 puntos que la Marea Blanca le presentó el pasado mes de enero. Son concretos.

Os dejo los links de las comparecencias de los diferentes grupos

Sr. Jorge Soler González . Grup Parlamentari de Ciutadans.  Comparecencia

Sra. Assumpta Escarp Gibert. Grup Parlamentari Socialista Comparecencia

Sr. Albano Dante Fachin Pozzi. Grup Parlamentari de Catalunya Sí que es Pot. Comparecencia

Sra. Àngels Martínez Castells . Grup Parlamentari de Catalunya Sí que es Pot. Comparecencia

Sr. Santi Rodríguez i Serra | Grup Parlamentari del Partit Popular de Catalunya. Comparecencia

Sra. Eulàlia Reguant i Cura | Grup Parlamentari de la Candidatura d’Unitat Popular – Crida Constituent. Comparecencia

Sra. Montserrat Candini i Puig | Grup Parlamentari de Junts pel Sí. Comparecencia

Respuesta del Conseller Comín

Y para descongestionar un poco, algunos links más de otros compañeros que explican su crónicas sobre la sesión

 La de Toni Barberà en la ratera

La crónica de la Marea Blanca

Y unos cuantos más que han aparecido estos días y que me parecen interesantes

Artículo Joan Benach / Alba Llop Gironés al diario.es titulado Cal definir de nou el model de salut o cal definir un model nou?

Articulo del blog sobre participación ciudadana en salud

Documento con las Propuestas para la regeneración del carácter público de la sanidad catalana

La nueva estructura de la Conselleria

Olga Fernández Quiroga


Entre la promesa del verano y el frío del invierno

mayo 27, 2014

Probablemente no le hubiera prestado mucha atención en este momento a la socialdemocracia nórdica, de no haber sido por la recomendación literaria de @c_c_baxter, via twiter, respecto a un autor sueco de novela negra llamado Leif GW Persson.

Y ahí que voy yo a leer los tres tomos de su trilogía “el declive del estado de bienestar”. El primer tomo da título a este post, el segundo se titula “otro tiempo, otra vida” y el tercero, “caída libre, como en un sueño”. Estoy en ello aún, con el tercer tomo, así que aunque sé como acaba la cosa, no sé qué desarrollo tiene.

Al contrario de lo que está pasando actualmente en nuestro admirado, loado y mitificado estado del bienestar sueco, que ya sé más o menos el desarrollo y no sé cómo acaba.

Si os animáis y leéis la trilogía, creo que entenderéis mucho mejor esta noticia, que la semana pasada leía en el diario “La vanguardia”. Como estaba sensibilizada por el tema, me llamó la atención y es lo que quiero comentar hoy. Desafortunadamente no puedo poner un link porque la Vanguardia sólo lo permite para suscriptores y yo no lo soy, pero sí podemos leer el artículo en cuestión más ampliado y mejor a través del blog del propio periodista, Andy Robinson (¡la Red aún es libre!!!). El artículo en la Vanguardia se titula “el otro laboratorio sueco” y en el blog “el noir nórdico y el salvaje asesinato del modelo sueco”. De paso, tenemos algunos artículos más, muy interesantes, sobre, precisamente, la cuestión sueca del estado del bienestar.

En la foto de la vanguardia aparece David Cameron, premier británico junto con el primer ministro conservador Frederik Reinfeldt, y el periodista Robinson nos explica cómo Suecia se ha convertido en una segunda Inglaterra “tacheriana” y en algunas privatizaciones ha ido más lejos que el reaccionario Tea Party americano.

Hospitales suecos gestionados, como aquí, por la multinacional Capio, empresa propiedad de fondos de inversión; estructuras ferroviarias caóticas y escuelas gestionadas por empresas privadas ,que se lucran con los contratos del Estado. Muy interesante también su artículo sobre este modelo de enseñanza, que incluye este link de un estudio de FAES,el think thank pepero del partido popular español, para implantar el modelo en España.

Me gusta especialmente este párrafo que Robinson copia de su colega periodista sueca Kajsa Ekis Ekman

“…Antes éramos todos iguales, las mismas escuelas, los  mismos centros de salud;  ahora no puedo invitar a mis viejos  amigos a la misma cena porque algunos hablan de su apartamento en Manhattan y  otros preguntan  si les puedo dejar 1000 coronas hasta el fin de mes”.

Si Suecia partía de un nivel altísimo en su Estado del Bienestar, imaginemos nosotros, que aún estábamos construyendo las estructuras de base.

Sólo una anécdota respecto a lo que pasa en Grecia. Creo que lo escuché en la radio.

Un paciente está en el quirófano para ser operado del corazón con el cirujano, anestesista, todo preparado. De pronto llega el gerente del hospital y les dice que anulen la operación. El paciente no tiene seguro y no puede pagar su precio.

Y se van.

Creo que al final, después del escándalo, este señor se pudo operar.

Aquí ya tenemos ejemplos similares.

Si no nos implicamos todos, todos, todos, la destrucción del Sistema de Salud y del resto de estructuras del Estado, será total y las consecuencias para cada uno de nosotros, catastróficas…y mortales.

Olga Fernández Quiroga

Maki el navaja y Miguel Ríos. También B. Brecht, K.Weill… Ivà y el Jueves, el Barrio chino barcelonés, Montalbán y  Pepe Carvalho, la librería Negra y Criminal,  con Paco Camarasa, su blog. Todo liga…o no.

 


#SalutiDona: Conversando con las mujeres de Impulsant

junio 21, 2013

He realizado muchas charlas, conferencias y talleres, pero ninguna tan original como la que el pasado día 29 de mayo, me llevó a conocer l’ Associació Impulsant

Mi amiga Angi me explicó un día que estaba participando con un grupo de mujeres de Sant Joan Despí, un pueblo muy cerca de Barcelona, en una Asociación que habían llamado Impulsant, que querían hacer algo “diferente” en el día Internacional por la Salud de las mujeres y que a ver si se nos ocurría algo, aprovechando que yo era una experta en temas de salud…así que, hablando, hablando, le dije que sí a todo y que haríamos un pps colaborativo, sin saber exactamente qué es lo que estaba diciendo.

¡Y tanto que no lo sabía! Lo de mi pps colaborativo sólo era una pequeña parte que también hicimos, pero lo bueno es que iba a participar con ellas, en un experimento “tecnológico” en el que ponían en práctica todas sus competencias digitales.

Organizaron un grupo presencial, en una sala de la Biblioteca Mercè Rodoreda de Sant Joan Despí  y otro grupo “analógico” a distancia, desde dónde, tuitearon, comentaron en su TitanPad y siguieron la charla retransmitida por bambuser .  Y aún más: para la conexión a Internet utilizaban el sistema de  “guifi”.

Además contamos con la presencia y presentación de Elena Embuena, regidora del Ayuntamiento.  El apoyo institucional para impulsar estas actividades me parece esencial.

Me entusiasmó haber participado en este acto, ejemplo de creatividad, participación y solidaridad exitosas. Tanto que se habla ahora de emprendeduría, habitualmente  refieren en una única acepción empresarial, aquí fui testigo y participante de una experiencia de emprendeduría excepcional.

Porque que un grupo de mujeres  diversas se reúnan, creen una asociación, dediquen su tiempo y sus esfuerzos a mantenerla, decidan que quieren aprender competencias digitales, se encuentren con personas jóvenes y entusiastas como David y Ainoa que también deciden compartir con ellas sus conocimientos, desde la A a la Z, que lo hagan, que lo lleven a la práctica y que se pongan a trabajar, todo esto va mucho más allá de una simple charla sobre mujeres y salud. Todo esto demuestra, una vez más, que las personas, la gente, la ciudadanía, la sociedad, están realizando en el día a día, un trabajo excepcional que no sale en los grandes medios de comunicación como una gran noticia, como esa noticia que buscamos a la desesperada cada mañana al despertarnos porque parece que nos están destrozando todo lo bueno que habíamos construido. Pero que existe.

Con este post, explicando esta gran experiencia, deseo recalcar que estas noticias existen, que estas personas existen, que somos miles y miles, que si compartimos, estamos juntas, colaboramos y sacamos lo mejor de nosotros, nuestra creatividad se va a multiplicar, nuestro inventiva, enredada con la inventiva de los otros, creará algo nuevo y que pase lo que pase mientras tengamos pasión por el saber, estaremos construyendo.

Así que, muchísimas gracias. Aprendí, me divertí y disfruté. Saludablemente juntas.

Aquí tenéis el pps. Y directamente en slideshare

Olga Fernández Quiroga


DEFINICIÓN DE SALUD (II): La definición del Congrès de Perpignan

febrero 5, 2012

“La salud es aquella manera de vivir que es autónoma, solidaria y gozosa”

Toda definición es ideológica. Lo es la definición de la OMS y lo es esta definición, aunque sus autores deseaban que se convirtiera en material de trabajo y fuera punto de referencia  “… en un trabajo colectivo para la promoción del hombre, tanto dentro como fuera del Sistema Sanitario…”

Esa es mi intención. Que no sea un dogma, pero al mismo tiempo si queremos pensarlo de otra manera tenemos que utilizar el mismo rigor, la misma ética y la misma honestidad. Sólo así podríamos avanzar.

Siguiendo el mismo procedimiento que en el anterior post para la definición de la OMS,  vamos a definir los tres parámetros más significativos.

La autonomía

Este término significa que cada cuál llega  a ser plenamente él mismo con el mínimo de obstáculos, superando limitaciones, ya sea eliminándolas, asumiéndolas o realizándose en otros campos colaterales.

Significa evitar la enfermedad, curarla y aceptar y fomentar los elementos saludables.

Formula la necesidad de la rehabilitación y de la reinserción, tanto del enfermo médico como del enfermo social y la necesidad de la cultura sanitaria. Con esta óptica de la autonomía, significa que luchar contra la enfermedad queda equiparado a luchar contra las otras opresiones que someten al ser humano.

Significa la libertad de escoger con discernimiento lo que convenga, decidir por razones o por intuiciones, así que incluye el derecho a estar informado, a conocer, a ser crítico y entrenado en la crítica, a ser adulto, a alcanzar la madurez.

En estos términos, comporta la noción de que antes que nada la salud es un asunto personal, lo cuál condiciona significativamente el sistema de valores a partir del cuál se puede configurar cualquier estructura social, como puede ser la sanitaria

Foto: Fidel Soler Cervera

La solidaridad

La realización personal y autónoma de cada cuál no es posible ni imaginable sin el otro. Ni seguramente es concebible una auténtica realización personal sin que del núcleo mismo forme parte la ayuda a los otros. Hacer crecer la justicia, vivir en paz y dominar la naturaleza y en ella la enfermedad es una tarea fundamentalmente solidaria. Una autonomía insolidaria no puede significar salud.

El placer

Con malestar o con bienestar, inserto el ser humano en una realidad amiga o adversaria, la manera de vivir sana exige establecer una relación positiva con esta realidad, tanto la exterior como la interior y aceptarla como punto de partida de la tarea personal. Esta relación positiva se manifiesta como un “bien-ser”.

Posiblemente exista un término más adecuado (alegría de vivir, estar en contacto con el propio deseo…) pero a falta de encontrarlo utilizamos el de alegría, gozo.

Claro que todas estas definiciones tienen sus consecuencias y esto es lo interesante que iré apuntando en sucesivos posts.

Creo que da para pensar ampliamente.

Olga


DEFINICIÓN DE SALUD (I): La definición de la OMS

enero 22, 2012

Por fin cumplo lo prometido e inicio una series de posts sobre las definiciones y el concepto de salud

La que yo he elegido como propia, con la que me identifico, la que he encontrado más razonada y razonable, más currada, es la que en el año 1976, adoptaron un puñado de sabios maravillosos en el X Congrès de Metges i Biòlegs de Llengua Catalana, celebrado en Perpignan y expresado en la segunda ponencia coordinada por el Dr. Jordi Gol i Gurina, y que continuaba los debates sobre salud enmarcados en el Congrès de Cultura Catalana.

Estos textos serán, prácticamente, una transcripción del capítulo de Gol i Gurina, Jordi:“ cap a un nou concepte de salut”, en el libro colectivo  salut, sanitat i societat: per una resposta socialista a l’actual situació sanitària. (1977) Col.lecció Alternativa, 7 x 7 edicions.

Tengo la suerte de conocer y haber trabajado con algunos de estos sabios. Otros, desgraciadamente, ya han fallecido.

Quiero que sea un homenaje a todas aquellas personas que hace casi 40 años, imaginaron y trabajaron por unos objetivos en salud que hoy día no solo seguimos intentando conseguir, sino que lo conseguido está a punto de desaparecer.

Quiero divulgar estos conceptos, sus reflexiones siempre razonadas, su ética y compartirlos con todos vosotros. Y reflexionar juntos. Aquí y ahora. Con un poco de calma en contraposición a la velocidad que les ha cogido a los políticos que nos gobiernan para desprestigiar primero y desmantelar después todo lo que les huela a público. Excepto el dinero, claro.

Sin más preámbulos, empiezo la serie.

En el año 1946, la OMS (Organización Mundial de la Salud), define así el concepto de salud:

la salud es el estado de completo bienestar físico, mental y social y no solo la ausencia de enfermedad y minusvalía”.

Es  una definición ideológica, como todas, positiva, bien intencionada y desde luego mejora las existentes en aquella época. Es la definición que utilizamos habitualmente.

La del Congrès de Perpignan es ésta:

“La salut és aquella manera de viure que és autònoma, solidària i joiosa”

Con esta posible traducción al castellano.

“La salud es aquella manera de vivir que es autónoma, solidaria y gozosa”

Foto: Fidel Soler Cervera

En este primer post, comienzo por la definición  propuesta por la OMS, analizando cada término utilizado.

  • la salud es el estado de completo bienestar  Son equiparables el bien y el bienestar?

En condiciones favorables la salud implica bienestar. Cierto. Y los profesionales sanitarios tienen la responsabilidad de promover este bienestar hasta dónde sea posible. También es cierto que asumir la responsabilidad del comportamiento propio, a menudo no proporciona bienestar, aunque sea el camino más directo para la salud.

Veamos: un fumador con miedo a contraer cáncer, encontrará bienestar y no salud en la ingesta de tranquilizantes. Lo mismo para cualquier síntoma psíquico. Sin duda estos medicamentos y otras drogas, ayudarán a mucha gente a continuar sometidos a una situación regresiva interna o externa gracias al bienestar que obtengan.

Bienestar a menudo significa insensibilidad, engaño, infantilismo, dependencia, o falta de crítica y responsabilidad. Esto es muy evidente en el actual discurso social hiperconsumista en dónde evoca más bien el “contentos y engañados” que no un ideal de salud.

  • y no solo la ausencia de enfermedad y minusvalía ¿Salud- ausencia de enfermedad, no es una antítesis aceptable y realista?

El sistema sanitario y los profesionales que lo integran luchan contra la enfermedad, y sobre todo contra sus causas, pero la enfermedad siempre existirá y este fenómeno tiene un doble significado.

Por un lado implica una reducción de la salud: el enfermo sufre, le pueden fallar capacidades y funciones, se somete a un tratamiento…cierto, pero también una parte de las manifestaciones de la enfermedad tienen su origen en el esfuerzo del organismo para luchar contra la causa que enferma: el vómito en la indigestión, la tos del bronquítico, la fiebre…etc.

Son reacciones saludables e incluso salvadoras, aunque sean molestas y formen parte de la enfermedad. Sin ellas el enfermo se encontraría mejor, pero estaría más enfermo.

Así resulta  que hay una manera sana de estar enfermo, en donde el organismo y el psiquismo reaccionan adecuadamente y hay una manera insana, que es la pasividad sin ninguna reacción eficaz. Esta afirmación es sumamente práctica y debería formar parte de la pedagogía de la salud ya que modificaría notablemente la actitud de los enfermos, haciendo más aceptable la enfermedad, favoreciendo la recuperación y reduciendo el consumismo.

  • la salud es el estado… ¿La salud como estado?

No es aceptable que la salud sea un estado, porque la vida tampoco lo es. La vida es un proceso que solo se puede entender si se examina todo entero. Los dolores de parto, solo se pueden interpretar dentro de un contexto del que forma parte la criatura que está a punto de nacer .Y una vacuna, que es una enfermedad que se inocula expresamente, adquiere su sentido de medida saludable entendida en función de un futuro peligro de contagio.

Cualquier decisión que tome el profesional sanitario en su lucha contra la enfermedad solo será adecuada si la salud es pensada como un continuo, como una cualidad dinámica que se proyecta hacia el futuro. Reducir la salud a un estado, o sea, desconectarla del futuro seria validar muchas situaciones de manipulación, como por ejemplo vemos día sí y día también con enfermos incurables sometidos a tratamientos muy costosos en sufrimiento (sí y en dinero también), que solo prolongan la agonía.

Calma y tiempo para la reflexión saludable. Seguiré.

Olga