Superviviente del Sistema de Salud Mental: se necesita otro pensar. Y se necesita ya

abril 5, 2016

Este es un post especial. Me lo ha enviado mi colega Carlos Rey, que ya ha colaborado en este blog, con su excelente didactismo en el post titulado para una clínica basada en la clínica . Se lo agradezco mucho.

Son las palabras de una persona que se define como superviviente del Sistema de Salud Mental.

Casi 10 páginas. Si tenéis un poco de tiempo leedlo. He conservado el título original.

Fernando Alonso habla de su experiencia en su recorrido como diagnosticado de una enfermedad mental. Yo prefiero decir trastorno  mental. Habla de la altanería de los profesionales que lo saben todo, del sufrimiento psíquico, del tránsito de pasar de enfermo a cliente, de la relación terapéutica, del silogismo psiquiátrico y psicológico, del significado de escuchar, de ser persona en vez de etiqueta, de la subjetividad del ser humano…

Estas reflexiones fueron publicadas en el Boletín nº 38 de la Asociación Madrileña de Salud Mental, de la Asociación Española de Neuropsiquiatría.

Este es el texto.

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Se necesita otro pensar. Y se necesita ya.

Fernando Alonso. Superviviente del Sistema de Salud Mental

Pensar es peligroso, pero eso no es lo relevante. Ponerse en situación de peligro abre la puerta al pensamiento. Eso sí que es lo decisivo. Amar y pensar. El odio de querer vivir.

Santiago López Petit.

La psiquiatría y la psicología son disciplinas del fracaso. Lo son en lo que atañe a la comprensión y reducción del sufrimiento psíquico. La afirmación es dura, pero tampoco hay que alarmarse más de la cuenta. Sucede con otras profesiones y sucede en otros ámbitos de la vida. En todo caso, lo cierto es que la gente sufre. De hecho, puede decirse que, atendiendo a pulcros criterios estadísticos, la gente sufre cada vez más. La situación ha llegado a ser tan familiar que la hemos normalizado. La capacidad de adaptación del ser humano, en ocasiones, es tan asombrosa como siniestra. Los diagnósticos y tratamientos farmacológicos se incrementan a un ritmo vertiginoso. La precariedad define la salud mental de niños y adultos en las sociedades occidentales que conocemos. Cada vez hay más locos, pero como digo, esa locura casi ha sido incorporada a la cotidianidad. Todas las mañanas, al arrancar cada jornada, una parte significativa de nuestras ciudades engulle su ración de psicofármacos antes de salir a la calle. Por las noches el gesto se repite, una miríada de píldoras aterriza en las lenguas de los ciudadanos que buscan conciliar el sueño. El malestar convive con nosotros y ha acabado por parecernos algo completamente normal.

Sé que hay un millón de matices que pueden y quizás deben hacerse a las palabras precedentes, pero en términos generales no considero que estén demasiado desencaminadas. Si atendemos a los criterios que sostiene el propio modelo biomédico imperante, el panorama es desolador. Es decir, si, siguiendo la consigna de los voceros del biologicismo, nos limitamos a aplicar el paradigma médico al estudio y tratamiento de las llamadas “enfermedades mentales”, se nos presenta una realidad tan cruda como evidente: los resultados de psiquiatras y psicólogos clínicos, evaluados bajo la misma lógica médica desde la que operan, muestran que su rendimiento solo puede ser considerado como nefasto. La enfermedad mental está fuera de control desde una perspectiva epidemiológica, y, a su vez, las numerosas promesas que se nos hicieron (recordemos, por ejemplo, el eterno e inminente descubrimiento de pruebas objetivas de diagnóstico) han caído en saco roto.

Hace ya 16 años que fui diagnosticado dentro del sistema público de salud. Desde entonces no se me ha ofrecido ninguna novedad en el tratamiento. A no ser, claro está, que la aparición y prescripción de un nuevo fármaco casi idéntico a su antecesor comercial se considere como tal; en este sentido, la sustitución más destacable y trepidante pareció ser la de Risperdal por Invega. Eso es todo en todo este tiempo.

Existe un desfase entre los “recursos médicos” que se ofrecen a las personas diagnosticadas y la altanería profesional. El conocimiento real que se tiene del sufrimiento psíquico es absolutamente parcial y limitado, y las herramientas que existen para afrontarlo son insuficientes cuando no dañinas. Las expectativas que se ponen sobre la mesa de la consulta no se corresponden con la seguridad y fiabilidad de la que suelen arrogarse los psiquiatras y psicólogos cuando defienden sus posiciones. A fin de cuentas, el objetivo detrás del conocimiento de una patología debería ser su tratamiento. Por tanto, lo que debería ofrecerse al paciente son mecanismos efectivos de mejora de la calidad de vida que se asienten en datos fiables. Sin embargo, nos encontramos en una situación en la que las investigaciones llevadas a cabo en el ámbito de la salud mental –en gran parte financiadas por la industria farmacéutica– se recrean en la reafirmación del propio paradigma. Así, el paciente ha quedado desplazado, cuando no excluido, y la posibilidad de soluciones, o en otras palabras, de futuro, queda sepultada por la arrogancia de un modelo que se reproduce así mismo alimentándose de su propio fracaso.

No tengo intención de negar las mejoras que han podido producirse en el abordaje de los trastornos psíquicos (en las condiciones y tipos de encierro, por ejemplo), ni tampoco la de obviar el trabajo de determinados profesionales. En este territorio que intento sobrevolar, mi condición de persona diagnosticada me exige centrar la atención en otras cuestiones. Me limito aquí, por tanto, a abordar asuntos de orden estructural que considero cruciales para empezar a entender la necesidad de otro pensar.

El relato dominante en aulas y servicios es que las personas que sufrimos psíquicamente tenemos un desajuste en nuestra bioquímica, y la hegemonía de este relato reduccionista implica toda una serie de consecuencias que deben ser tenidas en cuenta a la hora de valorar el fracaso disciplinario del que hablo. En los párrafos siguientes voy a centrarme, aunque sea de una manera algo tosca y rudimentaria, en tres de ellas. En las tres que son para mí más evidentes y cruciales a la vez.

Y evidentemente no me hace falta entrar aquí en un análisis profundo de las causas de esa mortalidad. No es necesario entrar a debatir el peso de los fármacos en cuestiones como el sedentarismo o el tabaquismo. Basta decir que como horizonte vital, este tipo de datos deberían despertar, cuando menos, sensaciones que oscilaran entre el terror y el escepticismo.

La primera de las muchas que deberían destacarse es la inercia. Y la inercia puede tener dos acepciones básicas que conviven demasiado cerca la una de la otra. La primera es la cualidad de lo inerte, de lo que no está vivo, y la segunda hace referencia al hecho de que el reposo o el movimiento de un cuerpo se mantienen de manera indefinida si no hay causa externa que lo altere. En lo que respecta a la salud de las personas, a sus vidas, en ninguno de los dos casos la inercia puede ser una buena compañera de viaje. Bien porque te arrastre a la inacción, bien porque implique una manera de moverse que te deje siempre en el mismo sitio.

Hay inercia formativa, profesional, investigadora, mercantil y de las propias personas que acudimos a los servicios de salud mental. Las sendas están trazadas y uno discurre por ellas sin sobresaltos. Al igual que el ganado dibuja durante décadas sinuosos surcos sobre la falda de la montaña. De la consulta a la farmacia. De la farmacéutica al congreso. De la publicación al reconocimiento profesional. Del despacho al aula. De la sala de espera a la cita con el trabajador social. Y podríamos indicar un sinfín de trayectos más donde nada ni nadie se mueve realmente. Bajo la apariencia de progreso no hay sino una gestión razonablemente eficiente del colapso. Un colapso que afecta tanto a las disciplinas como a las personas.

La segunda consecuencia que puede traerse a escena es un impetuoso amante de la inercia: el negocio. Hay quienes opinarán que la precedió necesariamente, otros mantendrán a su vez que llegó después, cuando el terreno estaba ya abonado. Da igual como haya sucedido, lo importante es que está entre nosotros –también con nosotros y en nosotros– y su presencia lo impregna todo. La salud mental es un negocio fabuloso. Hay que reconocerlo de manera abierta y sin complejos de ningún tipo. Hace años hablar de la mercantilización del sufrimiento psíquico era propio de individuos y colectivos marginales. Hoy, gracias a la mezcla resultante del propio descrédito del que gozan los mercados y la labor crítica de determinados movimientos sociales y algunos investigadores, parece que nadie está en posición de poder afirmar que existe algún tipo de neutralidad o filantropía en los resortes que mantienen en marcha la boyante industria farmacéutica. Los recientes trabajos de Peter Gøtzsche –Medicamentos que matan y crimen organizado– y Joanna Moncrieff –Hablando claro. Una introducción a los fármacos psiquiátricos– ponen el dedo en la llaga y claman a los cuatro vientos algo que todas las personas que hemos pasado por una consulta psiquiátrica sabemos: más allá de nuestra condición de pacientes, somos esencialmente clientes.

Volviendo al tema del que hablaba, es cierto que vivimos inmersos en una lógica de costes y beneficios (algo que sin duda podría definirse en términos de «realidad objetiva»). Por lo tanto, también es cierto que el ámbito de la salud mental no se encuentra fuera de esa lógica, pero la razón por la que se ve especialmente afectada es muy sencilla: los beneficios que genera son astronómicos. No hay que ser ni muy agudo ni muy radical para ver la influencia directa que tiene esto. Para ilustrarlo con una mayor claridad, y a riesgo de ser tachado de trasnochado, citaré a Marx abordando la cuestión de la fetichización de la mercancía: “La producción no produce un objeto para el sujeto, sino también un sujeto para el objeto”. A partir de estas palabras y haciendo las sustituciones pertinentes, los lectores podrán pasar un rato inquietante y divertido. Sugiero probar a cambiar “producción” por “industria farmacéutica” o “paradigma biomédico”, “objeto” por “fármaco” o “diagnóstico”, “sujeto” por “enfermo mental” o “consumidor”, etc. La cuestión aquí, es que la identidad personal de ese sujeto se ve transformada por esa relación. No se trata algo que pase a tu lado, que te roce, no… te golpea, te modela, te marca.

La tercera consecuencia se puede explicar como fruto de las dos anteriores. Tiene que ver con la situación que ocupa el paciente dentro de este tablero que he tratado de esbozar. Toda vez que su biografía y su dolor han sido escindidos el uno del otro por el escalpelo del saber psiquiátrico, se le ha invalidado y estigmatizado, se le ha predicho un futuro bastante desolador y se le ha convertido en un engullidor de pastillas y receptor pasivo de recursos (cuando los hay), es arrojado a la periferia social. La identidad que alguna vez pudo existir (o acaso llegar a existir) se diluye bajo el peso de los nuevos significantes y sus atribuciones. Se es “paciente”, se es “usuario” (ese gran sustantivo que no dice nada salvo que “usas” algo), se es “diagnosticado” (cuando no directamente “psicótico”, “esquizofrénico”, “bipolar”, etc.)…

El mismo modelo con el que se inician y legitiman todos los procesos de segregación es el responsable final de velar por la recuperación del segregado. La contradicción es tan manifiesta que tengo la hipótesis de que todas las partes implicadas son perfectamente conscientes de ello en un grado u otro. Y sin embargo, nos hemos acostumbrado a callar pese a que los pacientes difícilmente se fían de sus responsables médicos, y estos con demasiada frecuencia creen estar en condiciones de saber todo cuanto está por acontecer en la vida de aquellos.

Así, en el mejor de los casos nos encontraremos ante una relación terapéutica completamente precarizada, y en el peor estaremos frente a un burdo simulacro. La cuestión radica en la comprensión o no de la naturaleza de esta relación. Y cuanto más avancemos en silencio, cegados por la retórica del progreso desplegada en gran parte de los textos académicos y en la totalidad del marketing farmacéutico, más dificultades encon- traremos para pensar alternativas que posibiliten una alianza terapéutica real y efectiva. De hecho, corremos incluso el riesgo de quedar atrapados en la ilusión de que el paso del tiempo conlleva por sí mismo una mejora de la gestión social de la salud mental, de manera que llegue el momento en el que el verdadero problema sea que no podremos recordar el problema mismo: la comprensión y afrontamiento del sufrimiento psíquico. Para evitarlo, no hay que perder de vista algo tan esencial como que hasta el momento, y con las pruebas empíricas de las que se dispone, la “enfermedad mental” no es una enfermedad que pueda ser equiparable al resto de patologías a las que hace frente la medicina. Y en consecuencia, el “enfermo mental” está lejos de ser un enfermo más. Semejante estado de excepcionalidad es rastreable en múltiples direcciones, desde las implicaciones legales que puede acarrear un determinado diagnóstico (pensemos en la reforma del Código Penal planteada por el exministro Alberto Ruiz-Gallardón) hasta la impotencia que experimentan muchos profesionales en sus puestos de trabajo (quienes vocacionalmente buscaron un espacio donde descubren que el cuidado es desplazado por la mera gestión), pero donde mejor se puede apreciar es en el simple día a día de las personas que sufren psíquicamente y en su relación con el conjunto de la sociedad.

Inercia, dinero, desamparo. Tres palabras de las que deberíamos huir a la hora de comenzar a construir otro pensar.
Quizás habiendo dicho esto se entienda mejor que, siguiendo una tendencia abierta hace décadas en el mundo anglosajón, algunas personas nos denominemos “supervivientes” de la psiquiatría o del sistema de salud mental. Hay profesionales que han manifestado su recelo hacia este tipo de expresiones, e incluso han reprochado la existencia de una cierta épica en ellas. Supongo que se sienten tan excluidos de dicha elección como nosotros nos sentimos frente a las rotulaciones diagnósticas. No obstante, para buscar una legitimidad al término hay que remontarse a la experiencia misma y sus protagonistas, y en este sentido personalmente sí considero que hay una dosis considerable de épica en la vida de todos aquellos a quienes a quienes les tapiaron las ventanas y las puertas de sus casas y aun así consiguieron fugarse. Hacer un butrón en la historia que habían escrito para ellos y discurrir otros caminos en busca de un espacio de seguridad donde poder vivir con y en su diferencia. En mitad de un desastre y una confusión generalizados, donde la curación es sustituida por la simple analgesia, concebir escenarios donde es posible no resignarse es sencillamente una necesidad.

Este problema a la hora de dar con palabras que puedan expresar realidades que escapan al conjunto de discursos y prácticas dominantes en la salud mental evidencia una de las primeras tareas a acometer si queremos salir del atolladero en el que están metidos algunos profesionales (aquellos que a diario experimentan la impotencia en sus puestos de trabajo) y todos los pacientes: el lenguaje. El que existe está viciado. Se ha desgajado de la vida hasta el punto de no responder ya a fenómenos concretos, sino a formas concretas de dominación. El lenguaje se impone, y lo más doloroso de todo es que dicha imposición pretende designar una realidad que es nuestra, no de quienes lo administran.

Así, de la misma manera que determinados individuos vivimos experiencias psíquicas inusuales que pueden entenderse como una “realidad no compartida” por el resto de la población “normal”, la psiquiatría y la psicología nos imponen un vocabulario que nosotros no compartimos. Simplemente nos limitamos a tragarlo. Y lo hacemos nuestro, lo que es aún más perturbador, porque acabamos hablando de nuestras vidas con palabras de personas que no saben nada de ellas.

Sin embargo, no nos encontramos sencillamente ante un problema de vocabulario. Si así fuera, podría solucionarse en términos de reemplazo. No, el lenguaje está asociado a un paradigma, a un determinado modelo, y ello acarrea la existencia de unas reglas que establecen un determinado pensar. Las operaciones conceptuales que acontecen dentro del paradigma biologicista siguen un camino que conduce de manera sistemática al desen- cuentro con las vidas de los pacientes que pretende curar. Hay un problema de traducibilidad entre su realidad y la de los profesionales que se ha solucionado a golpe de diagnóstico. El problema es estructural, y por tanto, quien quiera afrontarlo deberá estar dispuesto a desprenderse de buena parte de lo aprendido, a cuestionar sus hábitos de pensamiento y a asumir ciertos riesgos. Salirse del redil siempre implica pagar un precio.

Traeré aquí tan solo en el primero de esos riesgos a los que he aludido: escuchar. La psiquiatría, la psicología y el resto de prácticas-satélites que gestionan el sufrimiento psíquico no escuchan. Más allá de que sean las mismas instituciones las que coarten la escucha, cuando no la imposibiliten directamente, estas disciplinas han perdido la capacidad de recibir informaciones que no pertenezcan a las líneas maestras de su relato. Esto es algo que sabe cualquier persona que pase por consulta. Desgraciadamente, escuchar al otro no es solo prestarle atención, ni dedicarle tiempo, ni ofrecerle consuelo. Va más allá, es una actividad en la que quien escucha se expone a tener que modificar el guion que de una manera más o menos consciente tenía estructurado en su cabeza. Y eso, cuando no está asumido como parte del propio desempeño, jode.

Llegados a este punto, la mayoría de los lectores de este texto podrán legítimamente argumentar: “Genial, pero no hay medios disponibles para articular esa escucha. No ha recursos económicos, ni tiempo”. Y mi respuesta sería la siguiente: “Correcto, pero hay pasos que ya se pueden dar”. El primero es reclamar y pelear por esos medios, por mera dignidad, aunque se pierda la batalla. El segundo es adquirir formación sobre otras estrategias distintas de las ya conocidas. El tercero pasa por ensayar nuevas formas de comunicación a la luz de esa formación que permitan trabajar sin grandes recursos económicos (citaré solo dos que ofrecen resultados positivos especialmente en el campo de la psicosis: el diálogo abierto y los grupos de escuchadores de voces). El cuarto consiste en algo realmente sencillo, que se produce en otros países, pero que en este parece no acabar de cuajar: la búsqueda de espacios de confluencia entre personas diagnosticadas y profesionales, tiempos y lugares donde se den los parámetros mínimos que permitan una comunicación razonable y equilibrada. Pero, y esto es relevante, esta necesidad no se ve satisfecha por la tendencia actual (motivada en buena parte por el marco conceptual que ofrece el modelo recovery) de incorporar en mesas de debate y jornadas a una o dos personas psiquiatrizadas. Ese es tan solo un gesto que con demasiada frecuencia no va más allá de la anécdota y la autocomplacencia.

Somos personas, no etiquetas. Tenemos vidas, no historiales. Y un secreto: disponemos de saberes labrados en el día a día. Conocimientos empíricos que no vienen en los manuales de las universidades. A veces no tienen una forma clara, son herramientas difusas que simplemente nos ayudan a sobrevivir. Otras veces, con el paso de los años y el apoyo entre personas que comparten una misma condición, esos recursos más o menos intuitivos se van puliendo y se transforman en auténticas estrategias terapéuticas. Muchas de las cuales son replicables.

Negar la participación de personas con experiencias concretas en la creación espacios de acción terapéutica es un error básico que condiciona todos los pasos que se dan después de tomar la decisión. No puedo argumentar con exactitud el origen de esta forma de trabajar, e intuyo que las razones son múltiples e incorporan una gran cantidad de matices y aristas. Es evidente que la arrogancia ya mencionada debe tener un peso importante, junto con el inmovilismo inherente a todo corporativismo. Pero también es cierto que el desarrollo de los marcos conceptuales de la psiquiatría y la psicología en nuestro país no puede ser ajeno a cuatro décadas de dictadura. En cualquier caso, la escisión entre el saber académico y el conocimiento directo que tienen de su propio dolor las personas que conviven con él no solo es una tara que evidencia claramente cierto subdesarrollo teórico, sino que no resiste el embate del simple sentido común.

En un plano estrictamente personal, puedo decir que experimento alucinaciones auditi- vas desde los 19 años y que, como es lógico, he hablado con muchos psiquiatras, psicólogos y terapeutas desde entonces, pero jamás ninguno de ellos me ha ofrecido el conocimiento práctico que he podido adquirir leyendo y, sobre todo, escuchando a otras personas que a su vez también escuchan voces. Los saberes que se comparten entre iguales escapan a los marcos de la especulación teórica, se diluyen en las narraciones individuales y ofrecen pistas para reconstruir el propio camino hacia una recuperación real y efectiva. La inmensa mayor parte de lo que sé sobre lo que me pasa se lo debo a otros, a otros como yo: la comunicación o incomunicación con la familia, la gestión de las alucinaciones en el trabajo, la información sobre ingresos hospitalarios, la importancia del descanso, la influencia en las relaciones de pareja, los factores de riesgo que pueden desembocar en una crisis, pautas de prevención… la lista sería interminable.

Fuera de España hay programas dentro de la atención en salud mental donde determinados “pacientes” colaboran de manera decisiva en estrategias de intervención. Y dentro de nuestras fronteras hay numerosas experiencias dentro del campo médico donde determinados pacientes intervienen en calidad de “pacientes expertos” a la hora de gestionar situaciones tan complejas como la aceptación y gestión de una patología crónica. Lo curioso es que la psiquiatría dominante, pese a invocar su pertenencia en igualdad de condiciones al resto de ramas de la medicina, suele asumir del paradigma médico tan solo lo que le conviene. El campo psicopatología no deja de ser un caos controlado por la costumbre, donde los cambios provocan miedo y rechazo. Al fin y al cabo, hay que tener siempre presente que cuando los sistemas se enquistan, tienden a la autoperpetuación como lo haría cualquier ser vivo.

Hasta el momento he recurrido constantemente al concepto de “paradigma” establecido por Thomas Kuhn. Y lo he hecho en su sentido más primario: un modelo teórico que, por las razones que sea, es aceptado por un grupo social. Esta aceptación tiene sus cimientos en un conjunto complejo de razones, entre las cuales destaca el éxito para resolver problemas o anomalías. En este sentido pudiera parecer que la hegemonía del relato biologicista en el ámbito de la salud mental tiene sus días contados: hace décadas que no se producen adelantos significativos en el terreno de la investigación (ni en lo relativo al diagnóstico, ni en lo relativo a los psicofármacos), todavía no se ha podido demostrar el componente biológico de ninguna llamada “enfermedad mental” y, quizás esto sea lo más importante, la gente continúa sufriendo. Sin embargo, esta interpretación simplifica demasiado el trabajo de Kuhn. Habría primero que establecer si la psiquiatría puede considerarse ciencia en un sentido fuerte (si aplica el método científico de facto y no si se trata tan solo de un conjunto más o menos estable de conocimientos y creencias), e incluso qué sentido tiene tratarla desde el aparato conceptual ofrecido por un historiador de la ciencia, y lo que es más importante en nuestro caso, habría que ponderar la relevancia que siempre asignó este autor a las creencias históricas concretas de las comunidades científicas. Y es que una de las grandes aportaciones de Kuhn fue insistir en que las propias creencias son inseparables del marco cultural en el que se desarrollan.Dicho lo cual, el paradigma biológico en salud mental debe ser siempre comprendido en el contexto en el que ha triunfado. De ahí que haya quienes con propiedad hablen ya de “paradigma biocomercial”. Quizás no haya que atender tanto a sus éxitos para comprender su supervivencia como a su funcionalidad contextual. Se adapta a la lógica del mundo en el que se inserta. Se adapta y hace caja. Por tanto, la crítica no puede ni debe ser planteada en términos de relevo: no existe ningún paradigma que pueda suplir al actual operando en las mismas condiciones.

Mi modesta aportación a este debate es que tampoco necesitamos un modelo alternativo. No se trata de escoger entre la fantasiosa cosmología aristotélica y el rigor observacional de Galileo (quien pudo ver que sí, que la Luna tenía montañas y no era la esfera incorruptible que creían Aristóteles y la Iglesia Católica), tal y como nos explica Thomas Kuhn. Se trata de cuestionar el paradigma hegemónico a la vez que se articulan respuestas pragmáticas a los problemas que ese paradigma no sabe, o no le es rentable, abordar. Y esto pasa necesariamente por cuestionar e incidir también en el marco cultural existente. Si no hay una cultura de la escucha, de la gestión horizontal de tiempos y espacios, poco sentido tendrá el descubrir que tiene un potencial terapéutico. Si se apuesta por los grupos de apoyo mutuo en salud mental, donde se practica una comunicación no mediada entre personas que han pasado y pasan por experiencias semejantes, hay que asumir que se está defendiendo una manera específica de relacionarse. Se otorga un valor a una determinada manera de estar en el mundo. La praxis implica un posicionamiento dentro de una correlación de fuerzas e intereses que nos desborda.

El problema esencial de quienes defendemos que la autonomía es el principio, el medio y el fin de la recuperación en salud mental es que este mundo está configurado contra el desarrollo de esa autonomía mucho más allá de los límites establecidos por aulas, consultas y hospitales. Por eso no contemplamos un choque frontal, a la vez que tampoco nos resignamos, buscamos resquicios y contradicciones para instalarnos en ellas. No podemos posponer la disputa ni asumir la derrota. A nuestro alrededor “La regla es: mermelada mañana y ayer… pero nunca hoy”, que diría la Reina de corazones en Alicia en el país de las maravillas. El ayer representa el momento en el que se gozó de una salud ya perdida, mientras que el mañana es la quimera de un nuevo tiempo que nunca acaba de llegar. El problema es que vivimos en el hoy. Y necesitamos soluciones ya.

No se trata pues de disputar una hegemonía, sino de liquidarla, de acabar con la imposición de centros de poder y defender la multiplicidad. No hay un relato para explicar el sufrimiento psíquico, hay múltiples relatos de múltiples sufrimientos psíquicos. La puesta en común de los mismos y de las estrategias de gestión empleadas por sus protagonistas es un camino de socialización de conocimientos que rompe con la lógica que conocemos. Aprender de un paciente puede parecer un sinsentido hasta que es útil. Es entonces cuando es posible entender que todas esas dualidades que se levantan alrededor no son sino muros.

Cierro el texto invocando el llamado “derecho de fuga”, una idea que tomo prestada a Sandro Mezzadra. No se trata de una figura jurídica, sino un concepto con el que el autor pretende reflexionar sobre la singularidad de las personas desplazadas. Con él, Mezzadra pretende remarcar la dimensión subjetiva de los procesos migratorios, los cuales quedan sepultados bajo el anonimato y el reduccionismo con los que quedan planteados dentro del contexto capitalista. Así pues, las personas diagnosticadas también tenemos el derecho de fugarnos del paradigma biomédico que triunfa a día de hoy. Tenemos derecho a buscar y a que se nos reconozca nuestra propia subjetividad mientras buscamos. Nuestra fuga permite que terceras personas puedan tomar conciencia de nuestra condición y nuestra experiencia. Reivindicar nuestra subjetividad implica romper con la posición subalterna a la que nos relega el paternalismo de las llamadas “ciencias psi-”, pero desde luego no equivale a suprimir todas aquellas condiciones objetivas que nos llevaron al sistema de salud mental. No somos reducibles a categorías estancas, no somos insectos y los profesionales de la salud mental no deberían ser entomólogos. Ese camino, esa forma de pensar, ha sido ya ensayado y el resultado está ahí para quien quiera documentar la derrota. Tenemos derecho a respirar aire fresco, o al menos a intentarlo. Desertar es un verbo que tiene algo hermoso. Implica una actitud. Lo cual no es poco en estos días aciagos. Cuando el pensar habitual, el que hemos heredado, fracasa, se hace necesario pensar de otra manera. Estamos habituados a afrontar la realidad en términos opuestos. Así, este nuevo pensar que se invoca en el título de este texto debiera ser un pensar contra el orden existente. Sin embargo, de lo que se trata no es tanto de pensar a la contra como de inaugurar otro pensar desde el momento mismo en el que hemos reconocido que el que existe se rinde.

Soy consciente de que este texto no tiene una estructura académica. Hablar desde la propia vivencia le condena a uno a abrazar ciertas heterodoxias. Si todo lo escrito tiene una finalidad o enseñanza, no pasa por que se la explique y desmenuce al lector en un último apartado de conclusiones, sino porque este la comprenda. Ojalá se entienda este matiz, y sirva de contrapunto al modo en que las personas diagnosticadas solemos ser tratadas en consultas, estudios, salones familiares o asociaciones de distinta índole. En última instancia, y al igual que otra mucha gente, yo no creo que el ser humano nazca bueno o malo. Creo que nace ignorante, estúpido. Y abandonar esa condición es la tarea de su vida. Quiero pensar que cada vez somos más quienes estamos inmersos en ese proceso.

Fernando Alonso

Superviviente del Sistema de Salud Mental

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Hasta aqui el texto de Fernando. Para completar este post, creo que van bien estos enlaces que inciden en la idea de mostrarnos otras maneras de abordar los trastornos mentales.

Escuchadores de voces. Un intento de los pacientes para autoorganizarse y convivir con su trastorno psicótico, que merece la pena conocer.

Intervención de Olga Runciman el el XXXII Congreso de Nacional de Enfermería de Salud Mental. Es enfermera de salud mental, psicóloga de la universidad de Copenhague y persona que escucha voces. Es la presidente de Inter- Voice danesa y desea crear un puente entre el mundo del cuerdo y el loco.

Quiere reinterpretar los problemas de salud mental desde esta perspectiva de los escuchadores de voces. Desde su propia construcción como profesional y como persona que sufre los trastornos, diagnosticada de esquizofrenia. Desde ambos lados. Ellos se autodenominan “oidores de voces”.

Web del Congreso que organizaron en Alcalá de Henares, los días 6 y 7 de noviembre del 2015

También podéis leer, el número 36 que desde MYS (Mujeres y salud), hemos dedicado precisamente a este movimiento.

Posiblemente os sorprenderá, pero entenderéis mejor algunas cosas respecto a salud mental y por lo tanto respecto a nosotros mismos.

Esto no es ninguna panacea, ni tampoco soluciona estos graves trastornos mentales de manera mágica a todo el mundo, pero estas personas han sido capaces de crear otra perspectiva. Y se han organizado. Y pueden llevar una vida diferente a la que denuncia Alonso.

Implica que hay otras verdades. Es lo que no se pude negar. Es lo que no puede negar ni la psiquiatría ni la psicología. Y no no implica que debamos estar totalmente de acuerdo. Pero sí que hay que oír y escuchar.

Soy consciente que este no es el discurso dominante ni en psiquiatría ni en psicología, pero los que trabajamos o hemos trabajado durante mucho tiempo en clínica, con pacientes, día a día, sabemos que en efecto hay otras verdades, a veces tantas como personas que sufren o que tienen trastornos mentales. Leves, graves o muy graves. Y no hablo de teorías.

Olga Fernández Quiroga

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Toni Comín, nuevo Conseller de Salut: primera comparecencia en la Comisión de Salut

marzo 9, 2016

Este post simplemente pretende ser una crónica(casi objetiva) de la primera comparecencia del nuevo Conseller de Salut de la Generalitat de Catalunya, Toni Comín, en la comisión de salud del Parlament de Catalunya.

Tiempo habrá, seguro, de recordar y analizar su “programa” .

Comín iba en la lista de la candidatura de Junts x sí, como parte de la cuota de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC)

En los enlaces, podéis seguir tanto la comparecencia como la intervención de todos los grupos que forman parte de la Comisión de SalutConseller Comín

De entrada, nos da su definición de salud, que es la definición de la OMS:

“La salud es el estado de completo bienestar físico, mental y social y no solo la ausencia de enfermedad y minusvalía”.

Sabéis que prefiero esta otra definición , la del Congrès de Perpignan, las dos con explicaciones razonadas.

“La salud es aquella manera de vivir que es autónoma, solidaria y gozosa”

A continuación, resalta los determinantes sociales en las desigualdades en salud, citando a Richard Wilkinson y Kate Pickett, que está muy bien, aunque aquí tenemos excelentes autores de prestigio internacional que llevan años dándole al tema. El Conseller lo sabe. Elección no arbitraria. Por si el Conseller Comín, gran lector, desea ampliar su conocimiento sobre determinantes sociales. Algunos links.

Joan Benach y Carme Borrell. Como tienen miles de trabajo, estudios, conferencias, anàlisis… pongo solo una muestra

Desigualdades en salud . Co-pago de medicamentos

Carles Muntaner

Javier Segura del Pozo, en Madrid, si lo prefiere

Aquí el informe sobre Barcelona “La salut a Barcelona (2014) de la Agència de Salut Pública, con Carme Borrell, Gemma Tarafa, Maribel Pasarín…

Sigamos. A destacar sus continuos loas a la AQUAS (Agència de Qualitat i Avaluació Sanitàries de Catalunya).  Nos recomienda el informe sobre la crisis en Catalunya.

Sí, la salud es algo transversal, casi todo es salud: el paro, la precariedad, la vivienda, el hambre, la violencia de género… Sí, un país sin desigualdades mejora mucho su salud y no, en Catalunya no solo ha sido la crisis: ha sido un plan deliberadamente elaborado para desmantelar el Sistema de Salud Público.

Por si queréis,los informes AQUAS éste es el informe de 2014 Y el anàlisis territorial

Sigue el discurso con muchas generalidades: menciona riesgos ambientales (11:15), aunque pone como ejemplo el virus zika. Otra tanda de links para el Conseller sobre Salud y Medio Ambiente

Medio ambiente y salud: cuadernos de la bona praxis.

La contaminación ambiental y la salud pública con el caso Volkswagen

DISRUPTORES ENDOCRINOS: un desconocido y mortal problema de salud pública

EL LIBRO: AVUI ACTIUS O DEMÀ RADIOACTIUS

El blog sobre enfermedades emergentes

Comín tambén nos explica la nueva organización del Departament, la elaboración del Plan de Salud 2015/2020 y sus 9 principios para el modelo sanitario. A saber:

(1 ) Universal y público. (2) Equitativo.(3) de Calidad. (4) de Excelencia (recerca e innovació). (6) Transparencia. (7) Diversidad de proveedores. (8) Participativo. (9) Sostenible desde el punto de vista financiero a corto y largo plazo.

Como ya dije que éste es un primer post, casi objetivo, dejaré para más adelante su análisis, empezando por las listas de espera (28:07)

Solo dos apuntes

1.- Su declaración respecto a que las listas de espera son consustanciales al sistema público de financiación con impuestos. Luego, en su turno de respuestas, rectifica y dice que solo se refería a la gestión de listas de espera como un puro instrumento técnico, o sea aunque solo sea un día de espera. A  mi no me dio esta impresión, pero ahí está su respuesta

2.-Su rectificación, también en el turno de respuesta, respecto a las palabras de agradecimiento que dedicó a su predecesor Ruiz, por su legado. Al parecer, dice el Conseller,  no se refería al legado de la gestión de Ruiz al frente del Departament de Salut, sino al legado del propio Sistema de Salud.

Bueeeeeeeeeeno. ¿Estilo Comín?.

Su propuesta podría ser plenamente aceptable si no fuera porque después vienen las definiciones y las puntualizaciones y aquí ya se pueden hacer florerías, como cuando define lo público como: “… en el punto de la prestación es gratuita…”

Pués no.

El Conseller tiene los 10 puntos que la Marea Blanca le presentó el pasado mes de enero. Son concretos.

Os dejo los links de las comparecencias de los diferentes grupos

Sr. Jorge Soler González . Grup Parlamentari de Ciutadans.  Comparecencia

Sra. Assumpta Escarp Gibert. Grup Parlamentari Socialista Comparecencia

Sr. Albano Dante Fachin Pozzi. Grup Parlamentari de Catalunya Sí que es Pot. Comparecencia

Sra. Àngels Martínez Castells . Grup Parlamentari de Catalunya Sí que es Pot. Comparecencia

Sr. Santi Rodríguez i Serra | Grup Parlamentari del Partit Popular de Catalunya. Comparecencia

Sra. Eulàlia Reguant i Cura | Grup Parlamentari de la Candidatura d’Unitat Popular – Crida Constituent. Comparecencia

Sra. Montserrat Candini i Puig | Grup Parlamentari de Junts pel Sí. Comparecencia

Respuesta del Conseller Comín

Y para descongestionar un poco, algunos links más de otros compañeros que explican su crónicas sobre la sesión

 La de Toni Barberà en la ratera

La crónica de la Marea Blanca

Y unos cuantos más que han aparecido estos días y que me parecen interesantes

Artículo Joan Benach / Alba Llop Gironés al diario.es titulado Cal definir de nou el model de salut o cal definir un model nou?

Articulo del blog sobre participación ciudadana en salud

Documento con las Propuestas para la regeneración del carácter público de la sanidad catalana

La nueva estructura de la Conselleria

Olga Fernández Quiroga


Salud, Género y Comunidad Rural: la participación del paciente

enero 8, 2016

El pasado 3 de octubre, tuve la suerte de participar en la clausura de las Jornadas sobre Salud, Género y Comunidad Rural, en el precioso pueblo de Molina de Aragón, Comarca del AltoTajo y perteneciente a la provincia de Guadalajara.

El acto clausuraba las Jornadas organizadas por la Sefar, la Asociación que representa a las farmacias rurales y cuyo presidente es Javier Guerrero, causante de la invitación y entusiasta de la participación, además de peleador para que la farmacia rural, sus problemas y sus peculiaridades se hagan visibles y se encuentren soluciones.

Quiero dar las gracias a mucha gente. A Javier Guerrero, a la sefar claro, a  Alfonso Pedrosa, que actuó en toda esta historia de promotor/facilitador, a Julia, farmaceútica rural (con la que tengo pendiente una historia maravillosa, que algún día tendremos que publicar, ¿verdad Julia y compañia?), a Lucía, Marta, a mis compañeros de mesa, Graciela Malgesini, Responsable de Incidencia Política en la Red Europea de Lucha contra la Pobreza en España (EAPN) y autora del Informe Social Castilla-La Mancha 2014 y Rodrigo Gutiérrez, Director General de Calidad y Humanización de la Asistencia Sanitaria en la Consejería de Sanidad de Castilla La Mancha, a Elba y su marido que nos acogieron en su posada… y al maravilloso paisaje de lo poco que pude ver de este lugar al que tengo que volver.

También a los representantes institucionales que estuvieron con nosotros, desde el alcalde de Molina, Jesús Herranz, que a pesar del gripazo que tenía, vino a presentar el acto, a Alfredo Barra, Delegado de la Junta en Molina, a Margarita Gascueña, Delegada Provincial de Sanidad de Guadalajara y a Teresa Marín, Directora General de Planificación, Ordenación e Inspección Sanitaria

Y por supuestísimo y sobre todo, a los participantes, a los que de nuevo pido perdón por no haber podido dialogar al finalizar las ponencias, algo que lamento muchísimo, aunque luego pude conversar algo en el pica-pica y me gustaron mucho los comentarios que amablamente vinieron a hacerme, como por ejemplo el intercambio que tuvimos respecto a los tratamientos de las enfermas de anorexia/bulimia, después de haber puesto un ejemplo durante la ponencia de lo que no debían ser estos tratamientos.

Además, todos son convencidos de la participación ciudadana, de su función de servicio público; por eso están en muchos fregados, como estas Jornadas, compartiendo enseñanzas, proyectos y muchas ilusiones, en dónde las personas son realmente las protagonistas.

Y la constatación de lo poco que sé sobre las especificidades de la salud de las mujeres en el medio rural. Un tema pendiente para mi.

Me gustó mucho pensar en la participación ciudadana desde la perspectiva del paciente. Creo que fue Rodrigo quién dijo que en vez de paciente prefiere decir enfermo. Está bien pensado.

Y lancé una propuesta: un sitio digital compartido para recopilar los trabajos sobre participación ciudadana en salud. A ver si sale…

Algo aprendí sobre la problemática de las farmacias rurales. Tengo publicado en el blog, un post titulado la farmacia rural vista por un farmacéutico rural. El farmacéutico rural es Manuel que completaba una serie de post sobre el tema rural/sanitario que comencé conversando con Luis, el médico, rural y seguí con Pili, la enfermera rural.

Releyendo el artículo, me parece que se hacían propuestas interesantes que se pueden añadir a las de Javier, desde Sefar y sus compañeros.

Y como este post hace más un mes que tenía que haberlo publicado y no lo he hecho, he pensado que como “penitencia placentera”, me auto imponía mi primer storify, algo que tenía ahí pendiente y que aprovecho para practicar.

Aquí lo tenéis. Os pido indulgencia…

Storify Molina de Aragón

También os dejo mi presentación sobre la participación del paciente en el sistema sanitario público.

Olga Fernández Quiroga

 


Marea Blanca de Catalunya: Plantamos REBELDIAS

junio 8, 2015

El pasado 28 de febrero estuvimos en el Paraninfo de la Facultad de Medicina del hospital Clínico de Barcelona para constituir la Marea Blanca de Catalunya.

Plantamos rebeldías y brota la Marea Blanca

Más de 70 entidades acogidas por el Sindicat d’Estudiants dels Països Catalana(SEPC). Mucha gente. Mucho entusiasmo. Mucha lucha.

Pocos días después la Televisión Pública Catalana, TV3 (a la que el partido en el Gobierno CiU, ha intentado desmantelar hace unos meses), dedicaba un programa sobre sanidad muy vergonzoso y vergonzante, por la falta de diversidad de los participantes, así que los compañeros de cafèambllet, les contestan mediante estos dos vídeos, en catalán y muy bien argumentados.

Desmontando el debate-farsa sanitario a TV·3

Parte 1ª

Parte 2ª

Y el 9 de abril el Conseller de Salut de la Generalitat de Catalunya, cumpliendo el mandato del Molt Honorable President Artur Mas, comparecía en la comisión de salut del Parlament de Catalunya , y tuvo que aguantar que todos los representantes de los grupos parlamentarios se levantaran y se fueran, dejándolo con su partido, con la representante de ERC, Alba Vergés (Esquerra Republicana de Catalunya) y con la ex consejera de salud socialista Marina Geli. Una elección equivocada de ERC y del PSC, que van acumulando decisiones parecidas.

Marina Geli

Adiós a un Pacto por la Salud que jamás debió hacerse.

El 6 de mayo la Marea Blanca se fue a Bruselas , invitada por el eurodiputado de Iniciativa per Catalunya Verds, Ernest Urtasun.

Y el 9 de mayo, salimos a la calle y estuvimos en la Pça. Sant Jaume de Barcelona, a ver si además de oír, los gestores de la Generalitat de Catalunya, también pueden escuchar.

Y también rodemos la Vall d’Hebrón con una cadena huma y… mucho más

Es una gran estupidez el desprecio que muchos gobernantes, en este caso el Conseller Ruiz y su Presidente (y el nuestro, claro), Mas, demuestran por los movimientos ciudadanos, que no les hacen la ola.

Y una pérdida para el conjunto de la sociedad, porque su soberbia y su ceguera no solo les conducirán a la pérdida de las elecciones, aunque se tapen con la bandera nacionalista/soberanista y/o independentista, sino a la renuncia de construir una sociedad en donde las personas sean el centro, en donde se estimule su creatividad, su talento, su participación en todos y cada uno de los ámbitos que la forman. Participando, deliberando y decidiendo.

Ante ellos, que destruyen lo que aún estábamos en fase de construcción, plantamos rebeldías. Y brota la Marea Blanca. Y crece. Y florece. Y da frutos.

marea-blanca-cat-1

Ante su egoísmo, la mercantilización de la salud, la venta descarada de la sanidad pública en pos del dinero, de las desigualdades sociales y de la marginación, seguimos sembrando rebeldías.

Jornada de la candidatura municipal Barcelona en Comú sobre salud

Y programa de salut en Barcelona

Olga Fernández Quiroga


Los seguros privados de salud: pólizas privadas con colchón público

diciembre 3, 2014

El pasado miércoles 12 de noviembre, me convidaron a la Biblioteca Manuel Arranz de Poble Nou, para hablar de los seguros privados de salud en Catalunya, junto con Marta Carreras y Roger Bernat, así que de eso hablamos.
Mi agradecimiento a Pilar Gurria por la invitación.

Comparto con vosotros el pss de la presentación y aprovecho para resaltar algunas ideas-clave

1. Las compañías aseguradoras que venden seguros de salud dependen actualmente del Sistema Nacional de Salud (SNS) y no a la inversa, como se encargan de promocionar algunos. El SNS es clave para su supervivencia, por eso dicen claramente que quieren ser agentes clave para el SNS.
Se puede comprobar claramente en el Informe Adeslas, la aseguradora de la Caixa, titulado “Rol de las aseguradoras privadas en la sostenibilidad del sistema sanitario público”, o en el resumen de la nota de prensa.

2. La salud es un negocio muy apetitoso y los partidos de derechas, que gobiernan actualmente en la mayoría de CCAA de España, tienen muy claro este concepto de negocio y lo están facilitando por todos los medios; en muchos casos con la inestimable ayuda de partidos supuestamente de izquierdas

3. El plan de privatización implica realizar cambios en muchos ámbitos (fiscal, de modificación del SNS, laboral, social…) y modificar un montón de leyes para asegurar la fortaleza de las aseguradoras y que realmente puedan asumir ese papel de agentes clave que desean y que hasta ahora no tenían, aunque soñaban. Muchas de esas leyes ya están en marcha.

4. En donde hay un Sistema Público de Salud que funciona, no hay negocio para la privada, por tanto parte del plan pasa por debilitar, fraccionar, segmentar, amputar, denigrar y romper el actual funcionamiento del SNS. Mejorar su funcionamiento en los aspectos en que fuera mejorable, nunca ha entrado en los planes de los partidos conservadores privatizadores.

5. Los profesionales que trabajan para las aseguradoras, están mal pagados y el negocio incluye este “pequeño” apartado.

6. Hasta ahora las compañías aseguradoras y sus pólizas de salud, representaban un complemento al Servicio Público de Salud que no despertaba protestas de la ciudadanía, ni peligro de desmantelamiento para el SNS. Ahora ya no. Esto ha cambiado.

Concluyendo: las aseguradoras pueden tener entre sus productos pólizas de seguros de salud, faltaría más, dado que estamos viviendo en una sociedad donde el dios último es la libertad de mercado…pero siempre y cuando sean fieles a ese dios, o sea mientras se mantengan en su espacio privado.

El chiste del Roto de la diapositiva 17, refleja exactamente esa idea, muchísimo mejor que mis 4 líneas.

Dice el paciente estirado en la cama
– Si la medicina privada la financia el estado, ¿para qué necesitamos privada?
Le contesta el médico
– Pobrecillo, delira

Somos nosotros, la ciudadanía, con todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance (votaciones, denuncias de corrupción, acciones en la calle, en los juzgados, personal y colectivamente…) quienes vamos a evitar esta destrucción de nuestro Sistema de Salud (o Servicio Nacional de Salud) ,porque de lo contrario, irá haciéndose realidad paso a paso pero firmemente: la ruta está trazada y se sigue estrictamente el camino para llegar al destino final: hacer negocio.

Aquí os dejo el resumen que la compañera Marta Carreras elaboró del acto.

Olga Fernández Quiroga


Pel dret a decidir també la nostra salut i el Sistema Sanitari de Catalunya

julio 23, 2014

Actualización de 24 de julio de 2014: Aquí tenéis el enlace para ver el documento de la ANC retirado de su Web.

Actualización de 23 de julio de 2014: ha desaparecido de la Web de la ANC el documento de la sectorial de sanidad, por eso al clikar en los enlaces, sale la página de la ANC pero sin el documento. Que yo sepa, hasta el momento no hay ninguna explicación, así que supongo que este manifiesto está haciendo su trabajo.

La sectorial de sanitat de la Assemblea Nacional Catalana (ANC)  ha colgado en su Web un documento para definir las líneas maestras de lo que podría ser el sistema sanitario en una Catalunya independiente.

Pel dret a decidir també la nostra salut i el Sistema Sanitari de Catalunya (por el derecho a decidir también nuestra salud y el Sistema Sanitario de Catalunya), es el documento colaborativo que da respuesta a una declaración que fija un sistema sanitario privatizado y dirigido por intereses economicistas que nada tienen que ver con la salud de las personas ni por supuesto con la independencia de Catalunya.

Simplemente es el modelo de un sector cuyo objetivo es ganar dinero, obtener beneficios a costa de la salud de la población. Es su modelo. Un modelo que se repite en otras comunidades del estado, impulsado básicamente por el sector ultraconservador del PP y asumido por CiU y que se basa en el ya trasnochado y fracasado modelo tacheriano que fue aplicado en el desmantelamiento del sistema público inglés, el NHS. No es el mío ni creo que el que quiere mucha gente para Catalunya. Tanto si son independentistas como si no lo son. Tanto si forman parte de l’ANC como si no.

Aquí está el manifiesto.

 En català

POR EL DERECHO A DECIDIR TAMBIÉN NUESTRA SALUD Y EL SISTEMA SANITARIO DE CATALUNYA

Cada día nos golpea la noticia de un nuevo recorte en salud, de cierre de camas, quirófanos y servicios, de incremento de las listas de espera, de nuevas precarizaciones en las condiciones de trabajo del personal del sector y de derivaciones injustificables de la sanidad pública a la privada. Cada día aparece una nueva amenaza contra la integridad del sistema de salud catalán, como el intento de desguace del ICS en Lleida y Tarragona, o se desafía nuestro entendimiento y razón con declaraciones del todo irreales sobre el “estado del bienestar” que disfrutamos o que cualquier empeoramiento en la calidad y atención a la sanidad pública es un mito. Pero la realidad es la que es, poco transparente y con nichos de corrupción que corroen el sistema de salud, como demuestran las demandas judiciales a las que exige transparencia, o el menosprecio de quien quiere y hace las cuentas claras, y últimamente también, cada día , represalias de todo tipo contra las personas que cuentan la verdad sobre las urgencias colapsadas, o los recortes a la dependencia, y que, a pesar de sus limitaciones, se organizan para defender un sistema de salud realmente universal y los derechos y la dignidad en la atención y el trato a las personas enfermas.

Nuestro sistema sanitario público está atravesando un momento crítico que puede hacer imposible su recuperación. Creemos que hay que decir basta y denunciar el desguace del sistema de salud, así como el servilismo a los intereses de la industria farmacéutica y de productos sanitarios, y los fondos de inversión que han convertido la sanidad en su objetivo de negocio. No sólo hay que denunciar las políticas contrarias a la salud y del bien común del consejero Boi Ruiz (que ya dejó claras sus fidelidades desde el primer momento al recomendarnos que nos hiciéramos de una mutua) sino denunciar también la pretensión de confundir la soberanía del pueblo de Catalunya con el propio interés particular y de clase de una minoría que elabora Manifiestos (1) y proclamas recurriendo a los tópicos de siempre del mundo empresarial privado de la sanidad. La propaganda ideológica no puede ocultar de quién son los argumentos y para qué sirven las herramientas pretendidamente apolíticas, los autores que muy poco tienen que ver con la salud pública y la soberanía del pueblo de Catalunya y el bienestar de su gente.

Para conquistar la soberanía también en salud y sanidad: actuar sobre los verdaderos determinantes de la salud.

La salud no es una cuestión individual, exclusiva de cada persona. La salud colectiva, de todos y todas, depende sobre todo de condiciones sociales, económicas y políticas. El Congreso de Médicos y Biólogos de Perpiñán de 1976 definió la salud “como aquella manera de vivir autónoma, solidaria y gozosa», descripción que pone en evidencia que la salud es una vía de promoción de la libertad y la equidad. Lamentablemente, la mayoría de personas tampoco tienen en Catalunya una situación vital, económica o laboral adecuada con la que poder disfrutar y compartir una vida plenamente saludable, independiente, fraternal y alegre, y menos en tiempos de crisis. Y ahora, cuando los determinantes de salud se desmoronan, se toma la determinación de reducir el sistema de apoyo social y el sector sanitario que podrían, al menos, paliar sus efectos más devastadores. La malnutrición de los niños, los desahucios continuados y el incremento de suicidios en Cataluya nos están diciendo que no se hacen las políticas que la población necesita ni las inversiones sociales y de refuerzo de los servicios públicos. Y tampoco se emprenden las medidas que pueden afectar en positivo a las personas, pues la sanidad sólo contribuye en una parte de nuestra salud.

Las decisiones cruciales relacionadas con valores sobre lo que es bueno o malo para la sociedad y para la salud se toman en el terreno de la política. Es por este motivo que, fuera del ámbito sanitario (como, por ejemplo, economía, trabajo, urbanismo, educación, etc., y también a la hora de elaborar los presupuestos) se debe tener en cuenta, ahora más que nunca, su impacto en la salud, en una aproximación que se ha denominado «salud en todas las políticas». (2)

 Puntos básicos de sanidad y salud para una Catalunya de todos y todas

Por todos los argumentos anteriores queremos someter a amplio debate unos puntos básicos que consideramos relevantes para dar alternativa a la privatización-mercantilización y biomedicalización de la salud pública, apartándola de la influencia del complejo industrial médico-farmacéutico y biotecnológico. (3) Queremos construir una propuesta de programa para la Salud y la Sanidad Pública en Catalunya que pueda ser, en su caso, un punto de encuentro y confluencia para la mayoría de organizaciones que defienden la salud y una sanidad pública para todas y todos, de calidad y acceso garantizado, al servicio de la población de Catalunya.

1. – En este sentido, hay que garantizar el Derecho a la protección de la salud y a un modelo de asistencia sanitaria pública, de cobertura universal y sin exclusiones, equitativo y financiado suficientemente por impuestos progresivos. No es cierto que la sanidad pública sea deficitaria. En la medida en que debe responder a costes y beneficios públicos, su déficit lo provoca, entre otras cuestiones, una financiación insuficiente, las carencias en la ejecución y control presupuestario. El déficit en la sanidad pública se debe también a su poca transparencia y es, por tanto, de responsabilidad política, también en Catalunya (4). Garantizar este punto supone la derogación de las leyes, decretos y otros instrumentos jurídicos que se opongan a estos principios generales.

2. – Plan de nacionalización de los servicios públicos de salud. Convertir el Servicio Catalán de la Salud (SCS) en el Servicio Nacional de Salud de Cataluña (SNSC), con funciones de planificación, financiación, gestión y evaluación de los servicios de salud públicos, integrales e integrados de Catalunya. La sanidad pública tiene un valor social indudable porque contiene, cohesiona y crea sinergias en la investigación, formación, docencia, prevención, atención, rehabilitación y cuidados y es la única que permite trabajar para mejorar los determinantes de la salud y la enfermedad. Entendemos que la sanidad privada se ha de financiar privadamente, y que la colaboración pública-privada existente debe ir limitando su ámbito, donde exista, hasta su total separación y definitiva eliminación, ateniéndose mientras tanto a los intereses de la sanidad pública.

3. – Con el criterio de que todo lo que se paga con dinero público debe ser público, es necesaria la definición y declaración, por parte del SNSC de los proveedores públicos como medio propio del SNSC: progresivamente la totalidad de las entidades SISCAT, con hospitales de la XHUP y/ o con equipos de atención primaria, deberán pasar a ser entidades que sean medio propio de la Generalitat. (5) Este punto implica también la eliminación de las puertas giratorias en la sanidad pública y que las personas incriminadas por corrupción sean juzgadas y castigadas.

En este sentido, alertamos de la propuesta de la sectorial de sanidad de la ANC (en la que ha participado Helena Ris actual directora general de la Unión Catalana de Hospitales, y que ya habíamos leído del asesor de Artur Mas, José María Vía) de no contabilizar como “administración pública” los consorcios sanitarios, cuando es precisamente esta consideración la que permite el control de la gestión que hacen de los fondos públicos por parte de las instituciones democráticas, y que se demuestra totalmente necesario a tenor de las gravísimas irregularidades descubiertas en el sector concertado en los últimos años. De no seguirse la directiva europea de la SEC-95 de integrar las EPIC en el sector público a efectos contables, las irregularidades detectadas, aunque ilegítimas, habrían podido tener cobertura legal. (6)

4. – Sobre política de los medicamentos: Queremos un sistema de salud sin la omnipresencia de la industria farmacéutica, y en el que se regulen y se vigilen los conflictos de intereses de políticos, gestores y prescriptores, y se seleccionen los que de verdad son necesarios, de manera que se deje de comprar humo a precio de oro en el mercado internacional de las tecnologías. La industria farmacéutica no puede ser marketing disfrazado de formación médica.

5. – Refuerzo de la Atención Primaria y Comunitaria, como instrumento básico para la resolución e integración de los circuitos e intervenciones que se realizan sobre la ciudadanía del territorio con una dirección general única para todos los equipos de atención primaria del territorio. Sobre este punto, insistiendo en asegurar la transparencia, equidad, universalidad, eficiencia, autonomía de gestión, evaluación independiente y preeminencia de la Atención Primaria con un Código ético común de todos los servicios, autonomía de gestión (no autogestión) de los gobiernos sanitarios territoriales, centros y profesionales. Y evaluación independiente (7) con transparencia absoluta de resultados en salud y gastos.

6. – Restauración de la Agencia Catalana de Salud Pública con las funciones de la Ley General de Salud Pública de Catalunya, reforzando los programas de prevención, promoción y protección de la salud (como por ejemplo: alimentos, medio ambiente, salud laboral, salud mental), promoviendo el enfoque de salud en todas las políticas, a fin de orientar las prioridades no sólo a los principales problemas de salud, sino los determinantes sociales de la salud.

7. – Derogación de coREpagos sanitarios y farmacéuticos y compromiso de no imposición de nuevas tasas como el euro por medicamento, como se ha demostrado, significan barreras de acceso al tratamiento. Son impuestos a la enfermedad, especialmente injustos y regresivos porque nada tienen que ver con la renta o la riqueza de las personas enfermas.

8– Derecho a la interrupción voluntaria del embarazo en el sistema público, como mínimo en los plazos actualmente en vigor, y sin penalización en el Código Penal, que apodere a las mujeres como personas autónomas y con derecho a decidir, y que vaya acompañada de acciones de educación sexual y afectiva para toda la población (hombres y mujeres).

9– En una visión mucho más integral de la sanidad y la salud que incorpore los aspectos biológico, psicológico y social, hay que poner el acento en el papel del trabajador / a social, que junto con el personal sanitario médico y de enfermería de atención primaria, constituye una figura local muy cercana a los sectores más vulnerables y que requieren más solidaridad social.

Entendemos, por último, que es necesario fomentar la participación ciudadana empoderada en sanidad y salud en el sentido de favorecer la democracia real para mejorar la sanidad en Catalunya, pero también democratizar la Salud Pública a partir del análisis y seguimiento de los Determinantes Sociales y para reducir las desigualdades.

 La participación: clave de la soberanía de los pueblos en salud

De manera similar a como nos alertan con el Manifiesto Ultima llamada” que la vía de crecimiento que sigue el sistema es un genocidio en cámara lenta, ya en el año 2000 en la Conferencia de Bangladesh se valoró que una gran parte de la población mundial no tenía acceso ni a la tierra ni a sus recursos, ni tampoco a alimentos, enseñanza, agua potable, saneamiento, vivienda, empleo y servicios de salud.

Bangladesh se sumó a la denuncia de que los recursos se estaban agotando a una velocidad aterradora, y que la degradación de la naturaleza significaba una amenaza para todo el mundo, incrementando las desigualdades en salud con la «concentración de los recursos en manos de pocas empresas que se esfuerzan en maximizar sus ganancias privadas». Las directrices de las políticas económicas se alejaban de las instituciones democráticas y quedaban en manos de un pequeño grupo de gobiernos poderosos, e instituciones internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio. Las medidas impuestas, que significan deuda en muchos casos impropio, junto con las actividades no reguladas de las empresas transnacionales, han tenido efectos severos en las vidas y en las formas de ganarse el jornal, en la salud y el bienestar de poblaciones, tanto en países del sur como del norte. La política desatiende las necesidades de la población en reducir la financiación presupuestaria a los servicios públicos y en concreto a la sanidad, aún más amenazada con la negociación secreta de  TTIP. (Tratado de Comercio e Inversiones Unión Europea-Estados Unidos)

No es extraño, pues, que las organizaciones y movimientos de los pueblos se consideren «fundamentales para los procesos de toma de decisiones sean más democráticos, responsables y transparentes” y se puedan garantizar los derechos cívicos, políticos, económicos, sociales y culturales, con un nuevo papel de los medios de comunicación acompañando la sociedad civil en el control de la implementación, desarrollo e impacto de las políticas. Porque vale también hoy para Catalunya, y por toda la riqueza del análisis político, de género y de clase de la Conferencia de Bangladesh, queremos terminar este texto con su definición de salud, que es una de las más impactantes que se han escrito y de las que más llama a la reflexión y a la acción:

«La salud es un asunto social, económico y político, y es, sobre todo, un derecho humano fundamental. La desigualdad, la pobreza, la explotación, la violencia y la injusticia están en la raíz de la mala salud y de las muertes de los pobres y los marginados. La salud para todas las personas significa que deben desafiar los intereses de los poderosos, que hay que hacer frente a la globalización y que las prioridades políticas y económicas deben cambiar de forma drástica. »

Barcelona Julio de 2014[i]

[i] [i] Notas:
https://assemblea.cat/sites/default/files/documents/DTSalut.pdf
2 Vere Borrell, C., i Benach, J., “Els determinants socials de la salut” ahttp://espaifabrica.cat/index.php/el-preu-de-la-salut/item/794-els-determinants-socials-de-la-salut#footnote-13124-6
3 En este sentido, también, Martínez, Ana i Vergara, M., (coord.) i Benach, J i Borrell, C., (dir. científics) (2014) Cómo comercian con tu salud, Privatización y mercantilización de la sanidad en Catalunya, Icaria.
4 Ver de Sibina, M., i Dante, A., (2013) Artur Mas, on són els meus diners?
5 En este sentido se deberán tomar las siguientes medidas:)

-Que conste en los estatutos de la entidad que es medio propio del SNSC

-Que sea acreditado por el Sistema con las garantías de calidad y sostenibilidad

-Que el proveedor acepte mayoría de representantes del SNSC en su consejo de administración

-Que firme el código ético y acepte explícitamente los valores del proveedor público (servicio público, no ánimo de lucro, no práctica privada en centros públicos, incompatibilidades, no puertas giratorias
6 La SEC-95 es percibida por los sectores que la denigran como un ataque al modelo de autonomía de gestión. Una autonomía que gestión que, de manera acreditada, ha facilitado la comisión de irregularidades muy graves. La propuesta de huir del SEC-95 no sólo no aporta ninguna solución a esta situación sino que profundiza la opacidad y la falta de rendición de cuentas que la facilitan La propuesta de la ANC, pues, persigue una huida del derecho público que tanto molesta a los gestores del dinero público. De hacerse realidad, estos gestores tendrían las puertas abiertas para profundizar en un modo de gestión que aleja la sanidad del control democrático y que deja las manos libres para que cosas como la opacidad, las puertas giratorias y los concursos a medida para las empresas de los amigos tengan carta de naturaleza.

7 Agència de Qualitat i Avaluació Sanitària (AQAS)

 Primeras firmas

Josep Martí (CAPS)

Olga Fernández Quiroga (CAPS)

Carme Borrell (CAPS)

Angels Martínez Castells (Dempeus per la Salut Pública)

Sergi Raventós Panyella (Dempeus per la Salut Pública)

Vanessa Puig (Dempeus per la Salut Pública)

Antoni Barbarà Molina (Dempeus per la Salut Pública)

Gemma Tarafa (GREDS -EMCONET, UPF)

Joan Benach (GREDS- EMCONET,UPF)

Joan-Ramon Laporte(Fundació Institut Català de Farmacologia)

Montse Vergara (Dempeus per la Salut Pública)

Joan-Ramon Lladós (Dempeus per la Salut Pública)

Albano Dante -Fachin (Cafeambllet)

Marta Sibina (Cafeambllet)

José Aznar (advocat)

Luisa Blanco Delgado (advocada)

Matilde Barrabès (advocada)

Elena Alvarez (Dempeus per la Salut Pública)

José Alberto Moreira da Silva (Dempeus per la Salut Pública)

Alex Bosso Gaspar (UPF)

Maria Eugènia Sanchez Carreté (Dempeus per la Salut Pública)

Josep Cabayol (SICOM)

Frederic Pahisa (SICOM)

Siscu Baiges (SICOM)

Carmina Olivé (Dempeus per la Salut Pública

La lista de firmantes, que se va incrementando día a día

Para firmar el manifiesto puedes enviar tu firma a:  caps@pangea.org

Y aquí algunos links a entidades que han subido este documento y/o artículos en prensa

 CAPS en pdf

Dempeus

La ratera

Punts de Vista

Cafeambllet

Podem Sanitat Catalunya

Catalunya plural

El diario.es

Reacción de directe.cat, que lo toma como un ataque

 Intersindical Alternativa de Catalunya

Olga Fernández Quiroga


BREAKIND BAD: El sistema de salud como base de la trama

julio 8, 2014

Para los que aún no hayáis visto esta serie, os la recomiendo con entusiasmo.

La trama principal se desarrolla en torno al descubrimiento del lado oscuro de su protagonista principal, Walter White (WW). White quiere decir blanco, que es desde dónde parte este profesor de química superdotado que debe trabajar, para completar su sueldo de 43.700 dólares como profe, en un lavadero de coches. Y desde ahí inicia un vertiginoso camino hacía el infierno, hacía su lado más negro, metiéndose a cocinar metanfetamina de máxima calidad. El mundo de la droga y el crimen.

¿Hasta dónde podemos llegar en nuestra descomposición moral, en nuestra maldad?

Parece que WW no tiene límites, aunque los guionistas y su director, quizás no se atrevieron a darnos ese final para el que nos habían estado preparando durante todas las temporadas y en el episodio final, nos queda un poco light. Lo suyo debería ser que realmente WW viviese ese infierno al que había descendido. Pero no quiero espoilearos nada por si os animáis a verla.

WW tiene un cuñado que se llama Hank Schrader, y es policía, en concreto agente de la DEA, la policía antidroga americana.

Los dos, WW y Hank experimentan su metamorfosis a raíz de su contacto con la muerte. Al “blanco” y pusilánime profesor WW le descubren un cáncer de pulmón en fase tres, así que decide que ya no debe tener miedo a la muerte. Va a morir pronto. Por su parte, el bravucón Hank, tiene varios encuentros con la muerte, y en uno de ellos se queda paralítico, así que se vuelve frágil y temeroso de la muerte.

Los dos pasan a ser pacientes del Sistema Sanitario. En América.Y a partir de este encuentro, los guionistas de la serie, montan toda la trama con la sanidad como excusa para que los dos hagan lo que hacen. Víctimas del Sistema Sanitario, ese sistema que el Presidente Obama de los EEUU intentó cambiar, muy tímidamente, para acercarlo al que nosotros teníamos aquí. Mientras tanto, aquí, intentan destruir nuestro Sistema Sanitario Público de Salud y sus correspondientes Sistemas Nacionales de Salud, para acercarlo al americano y fabricar así a muchos WW y Hanks.

WW tiene cáncer, acude a su seguro médico y le dicen que muchos de los tratamientos que debe hacer cuestan dinero y no los cubre el seguro. Y no puede pagarlo. Tiene que usar el dinero que tienen ahorrado su mujer y él para pagar la universidad de su hijo, un adolescente con parálisis cerebral.

Así de sencillo. O paga o se muere. Y WW decide que pagará todo lo que sea necesario para intentar no morir o retrasarlo lo más posible y que además su familia podrá estar tranquila cuando él muera porque estará podrida de dinero.

Hank, el policía de la DEA, también tiene el seguro de enfermedad que le toca por su trabajo como empleado público…pero el tratamiento que le corresponde en el pak normativo, es limitado y tampoco tiene dinero para pagar a un fisioterapeuta que cada día le ayude a ejercitarse para intentar que sus piernas vuelva a activarse y poder caminar.

Si Hank utiliza el pak que le toca, previsiblemente no se curará. Quedará paralítico. Así de sencillo también.

Así que, sin saberlo, también deberá pagar por su tratamiento, y eso le traerá muchos problemas.

Todo esto y más, ya está pasando aquí. En Catalunya. En España.

Porque nuestro Sistema de Salud ya no es público, ni universal, ni equitativo.

La ideología es tan simple y terrible como la que se explican Breakind Bad:

            Si tienes dinero y pagas, puedes curarte

            Si no tienes dinero y no puedes pagar, mueres y sufres

En un próximo post, matizaré el primer enunciado, pero como base, sirve

Un youtube y un adios hasta después de las vacaciones. Hay que seguir desenmascarando y luchando.

Olga Fernández Quiroga