Guerra civil y trauma psíquico: Poder hablar, poder decir

abril 14, 2013

Françoise Dolto, psicoanalista francesa, nacida a principios del siglo XX y muerta en 1988, a los 80 años de edad, dedicó su vida  al estudio e investigación del ser humano, pero en especial a la clínica infantil y dentro de ésta no solo trató y curó a muchos niños si no que mantuvo a lo largo de su vida una irreprochable postura ética respecto al universo infantil en todas sus vertientes. Su obra, con un riguroso planteamiento teórico ha sido y es reconocida tanto en ámbitos de la salud como en pedagogía y sociología.

Quisiera transcribir el resumen de un caso que explica en uno de sus libros (Dolto, Françoise: la imagen inconsciente del cuerpo”,  Paidós, psicología Profunda, 1986).

Es el caso de un niño que, abandonado por sus genitores, fue acogido en una guardería y adoptado cuando tenía 11 meses.

A esa edad, los padres adoptivos le dieron un nuevo nombre, Federico, distinto del que llevaba hasta entonces.

Federico es atendido en consulta a la edad de 7 años, por síntomas psicóticos.

El tratamiento descubre que es hipo acústico, así que se le pone un aparato. Se resuelve también un problema de incontinencia esfinteriana y se confirma que es un niño de inteligencia despierta que se integra totalmente con los niños de su edad, pero persiste un problema: la maestra le comunica a la  psicoanalista que participa en todas las actividades pero se niega al  aprendizaje de la escritura y de la lectura.

En la consulta, Dolto, explica: “…observo que en sus dibujos utiliza letras y particularmente la letra A, que aparece en un sitio y en otro y escrita en cualquier dirección. – ¿es una A?- Hace señas de que sí. Yo repito la pregunta: – ¿y ésta?- (una A al revés).Responde con un “sí” aspirado, mientras que al hablar siempre emite sonidos expirados…”

Dolto, procura averiguar quién podría ser el que él designa con esta A, porque sabe que en la familia no hay nadie que comience por esta letra.

Intenta interpretarla refiriéndose a la observadora de la consulta, cuyo nombre empieza por A, pero no produce ningún efecto. Entonces la madre le revela lo que no sabía: que cuando nació se llamaba Armando.

Segura de que ésta sería la interpretación correcta, Dolto explica al niño que quizás es Armando lo que él significa en su dibujo con todas esas A; que sin duda sufrió por ese cambio de nombre al ser adoptado, adopción de la que él había sido informado muy tempranamente. Pero el niño, siguió ocupado en dibujar y modular y a Dolto se le ocurre llamarlo sin dirección precisa, sin mirarlo, sin dirigirse a su persona, alzando la voz con tono e intensidad diferentes, girando la cabeza hacía todos los puntos cardinales, al techo, bajo la mesa, como si llamara a alguien de quién no supiera dónde estaba situado en el espacio: “!Armando…! ¡…Armando…!.

Entonces el niño se pone a escuchar tendiendo sus oídos hacia todos los rincones de la habitación. Sin mirar a la analista, como tampoco ella le miraba.  Llega un momento en que los ojos del niño se encuentran con su mirada y entonces le dice “Armando era tu nombre cuando te adoptaron”.

“…Percibí entonces en su mirada una excepcional intensidad. El sujeto Armando, des-nombrado, había podido re-enlazar su imagen del cuerpo con la de Federico, el mismo sujeto que recibiera este nombre a los once meses. Había tenido lugar un proceso enteramente inconsciente: él necesitaba oír este nombre pronunciado no con una voz normal, la mía, aquella que él me conocía, que se dirigía a él en su cuerpo, éste, el de hoy, en el espacio de la realidad actual, sino pronunciado con una voz sin lugar, por una voz de falsete, o una voz off, como ahora se dice, llamándolo sin dirección precisa. Era la clase de voz de las maternantes desconocidas que él había oído cuando hablaban de él o cuando lo llamaban en la guardería de los niños a adoptar...” (la negrita es mía).

En los 15 días siguientes pudo superar sin problemas sus últimas dificultades en leer y escribir.

De este caso clínico, me interesaría resaltar los efectos que provoca lo no dicho, lo que por cualquier circunstancia no se puede decir y permanece enroscado en cada uno, manifestándose en forma de síntomas más o menos graves en cualquier momento de la vida de un sujeto. Sea como sea siempre son consecuencias devastadoras y sea como sea siempre surgen. Así que por muy terrible que sea lo que hay que decir, siempre se puede decir, aunque no de cualquier manera (para Armando-Federico, sólo fue efectiva una manera de hacerlo),

Quizás os preguntareis a qué viene plantear un caso clínico clásico. Este caso siempre me ha gustado, también Dolto por esa manera suya de trabajar el caso por caso y a la vez analizar el sistema educativo, integrando lo subjetivo y lo colectivo, por la radicalidad de sus análisis, con independencia de que se estuviera o no de acuerdo con ella, por su ética, que ya dije al principio y por alguna cosa más que posiblemente esconde mi inconsciente.

Además, hay otras razones actuales:

  • Me acaban de publicar, en formato libro, mi trabajo “guerra civil y trauma psíquico: un estudio de los efectos psicológicos de la guerra y la posguerra en la población actual, 3 años después de haberlo escrito, por la Editorial Académica  Española .  El catálogo en Amazon  y en  Morebooks, la tienda online de la editor
  • Guerra civil española y trauma psíquicol morebooks
  • He vivido la muerte de algunas de las personas entrevistadas  en el trabajo y quiero que el libro sea un homenaje.
  • Todo ha ido a peor. No existe una posibilidad de cambio comparable a la de Armando-Federico. No hay ningún dispositivo en la sanidad pública que acoja a las personas que lo demanden. El Juez Baltasar Garzón ya no puede reivindicar la causa de la memoria histórica, desde la legalidad, porque a él también lo han callado.
  • Poder hablar, poder decir, para poder prevenir que más tarde lo no dicho pueda surgir en forma de síntoma subjetivo/colectivo.

PS: El precio del libro lo decide la editorial. Si alguien desea comprarlo con un descuento de cerca del 40%, que me lo diga a la dirección de mail del blog olfequir@gmail.com , y lo puedo incluir en mi pedido colectivo.

Olga Fernández Quiroga

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El trauma psíquico: en el 75 aniversario de la guerra civil española

agosto 5, 2011

“me masturbaba cada año la noche del 16 de octubre porque ese día en 1946 ejecutaron a mi padre (Hans Frank) en los juicios de Nuremberg. Imaginaba sus últimas horas en la celda, la llegada de los guardas, el trayecto hacia la horca y su muerte: justo entonces alcanzaba el orgasmo”

 Con este escalofriante párrafo comienza el reportaje que publicaba el semanal del diario el país (sin link porque no está en la red), firmado por Alfonso Daniels, explicando la vida de Nicklas Frank, que a sus 71 años se dedica a recorrer su país, Alemania, dando charlas en colegios y universidades sobre el nazismo y sus horrores.

Niklas, es hijo de Hans Frank, gobernador nazi de Polonia y responsable de la muerte de millones de personas en campos de exterminio y una constatación de que la sociedad alemana sigue  discutiendo, intercambiando experiencias, formulando preguntas,  organizando seminarios, grupos de trabajo, de debate…etc. sobre su historia, sobre el nazismo. Hablando a todos los niveles.

Es también un ejemplo de los devastadores efectos que sufren los descendientes de criminales nazis, que se han atrevido a enfrentar la verdad de sus padres u otros familiares, como Bettina Goering,  sobrina-nieta del mariscal de Hitler que para no tener descendencia se ligó las trompas a los 30 años, o Katrin Himmler, sobrina-nieta del líder de las SS y casada con el hijo de un superviviente del Holocausto, que escribe un libro en contra de su familia o Martin Bormann, hijo del secretario de Hitler, quien aún reconociendo el amor por su padre, no le exculpa de sus crímenes.

Hablan en Alemania como también lo hacen en el Centro  para Supervivientes del Holocausto de Londres, creado para ayudar a los supervivientes de la Shoah y muy conscientes de que no podrán curar su trauma, pero sí aliviar en gran medida los síntomas que les provocan infinidad de dificultades cotidianas derivadas de su pasado. Hablando, intercambiando palabras.

Esta vez sí está el link al artículo publicado también en “el país”  por Lola Galán

Menciono estos artículos, justo en los días en que se celebra (¿?) el 75 aniversario de nuestra guerra civil y me vienen palabras, sentimientos, silencios y muchas preguntas sin respuesta de tantas horas que pasé charlando con algunos de los perdedores, que no vencidos, de esa guerra que nunca deberíamos haber sufrido.

Realizaba entrevistas para un trabajo de investigación sobre la guerra civil española y el trauma psíquico y cuando lo finalicé tuve la ilusión de que aquí, en nuestro país, también habría un dispositivo específico en la sanidad pública, en el cuál  las personas que lo desearan pudieran ser atendidas, pudieran al menos, hablar. Fracasé. Y mi fracaso se suma a esa barrera que aún padecemos aquí y que nos impide hablar libremente de esa guerra  cuyas consecuencias, aunque muchos se obstinen en negarlo, seguimos sufriendo.

El trabajo está en mi slideshare. Lo mencioné otras veces en el blog.

Hoy inserto el texto completo, dividido en dos partes, por si os apetece leerlo.

La 1ª parte, analiza material audiovisual, novelas, libros, reportajes y formula propuestas de actuación.

La 2ª parte, analiza las entrevistas realizadas a personas que explican sus vivencias de la guerra civil española, posguerra y transición y tiene en cuenta  algunos casos clínicos,  ya sea con pacientes tratados por colegas o trabajados directamente por mí. También con conclusiones y propuestas.

Y como un humilde homenaje a todos los que sufrieron y aún sufren hoy en día a causa de aquella guerra, escojo a Miguel de Molina (1908-19993), exiliado republicano, interpretando “la bien pagá” y al autor de la letra, Ramón Perelló, (1908-1993 ) llamado “el letrista rojo”, represaliado republicano, en este fragmento de la película “canciones para después de una guerra”. Tanto la canción como su memoria siguen vivos.

Hasta la vuelta de vacaciones, en septiembre. Que disfrutéis.

Olga


Con Garzón

mayo 17, 2010

Con Garzón y lo que representa. No es la primera vez que en este
blog de participación ciudadana en salud, escribo sobre el tema de
la guerra civil. Lo hago ahora de nuevo, para sumarme a las voces
que utilizando tanto medios digitales como analógicos, queremos hacer llegar al juez Garzón nuestra solidaridad en lo personal y nuestro apoyo en la causa que instruyó para investigar los crímenes del franquismo.

Debiera quedar claro para todo el país, simplemente con escuchar las discusiones, los apasionamientos, la intensidad de las emociones, que no se puede pasar página sin haberla leído antes, que ya no podemos esperar mucho más para airear, para clarificar, para afrontar ese pasado nuestro, para que realmente sea pasado y pase, circule, porque si no lo vamos a tener siempre ahí, estancado, en el fondo, y dispuesto a salir a la menor removida. Y cuanto más tiempo pase, peor oleará, más nauseabundo nos parecerá. Y más daño nos hará.

Quiero decirlo especialmente desde este lugar de participación ciudadana, acotado al ámbito de la salud, pero formando parte de la sociedad que tiene como objetivo hacer de la democracia un quehacer cotidiano, un ir construyendo día a día. La democracia como una construcción de la ciudadanía. Por eso considero este apoyo un acto democrático.

Además, quisiera añadir, por la parte que me toca como profesional de la salud mental, que me concedo cierta autoridad, resultado del trabajo de investigación que tuve la oportunidad de realizar sobre los efectos psicológicos de la guerra y la postguerra en la población actual. Toda la población.

Y,desgraciadamente,y hasta dónde yo sé,en nuestro país, a diferencia de otros países en donde sí se han habilitado espacios en los servicios públicos de salud para tratar esos efectos(a las personas que padecen esos efectos), aquí aún está pendiente

Podéis consultar las dos partes de ese trabajo en Slideshare
Olga Fernández Quiroga