DEFINICIÓN DE SALUD (II): La definición del Congrès de Perpignan

“La salud es aquella manera de vivir que es autónoma, solidaria y gozosa”

Toda definición es ideológica. Lo es la definición de la OMS y lo es esta definición, aunque sus autores deseaban que se convirtiera en material de trabajo y fuera punto de referencia  “… en un trabajo colectivo para la promoción del hombre, tanto dentro como fuera del Sistema Sanitario…”

Esa es mi intención. Que no sea un dogma, pero al mismo tiempo si queremos pensarlo de otra manera tenemos que utilizar el mismo rigor, la misma ética y la misma honestidad. Sólo así podríamos avanzar.

Siguiendo el mismo procedimiento que en el anterior post para la definición de la OMS,  vamos a definir los tres parámetros más significativos.

La autonomía

Este término significa que cada cuál llega  a ser plenamente él mismo con el mínimo de obstáculos, superando limitaciones, ya sea eliminándolas, asumiéndolas o realizándose en otros campos colaterales.

Significa evitar la enfermedad, curarla y aceptar y fomentar los elementos saludables.

Formula la necesidad de la rehabilitación y de la reinserción, tanto del enfermo médico como del enfermo social y la necesidad de la cultura sanitaria. Con esta óptica de la autonomía, significa que luchar contra la enfermedad queda equiparado a luchar contra las otras opresiones que someten al ser humano.

Significa la libertad de escoger con discernimiento lo que convenga, decidir por razones o por intuiciones, así que incluye el derecho a estar informado, a conocer, a ser crítico y entrenado en la crítica, a ser adulto, a alcanzar la madurez.

En estos términos, comporta la noción de que antes que nada la salud es un asunto personal, lo cuál condiciona significativamente el sistema de valores a partir del cuál se puede configurar cualquier estructura social, como puede ser la sanitaria

Foto: Fidel Soler Cervera

La solidaridad

La realización personal y autónoma de cada cuál no es posible ni imaginable sin el otro. Ni seguramente es concebible una auténtica realización personal sin que del núcleo mismo forme parte la ayuda a los otros. Hacer crecer la justicia, vivir en paz y dominar la naturaleza y en ella la enfermedad es una tarea fundamentalmente solidaria. Una autonomía insolidaria no puede significar salud.

El placer

Con malestar o con bienestar, inserto el ser humano en una realidad amiga o adversaria, la manera de vivir sana exige establecer una relación positiva con esta realidad, tanto la exterior como la interior y aceptarla como punto de partida de la tarea personal. Esta relación positiva se manifiesta como un “bien-ser”.

Posiblemente exista un término más adecuado (alegría de vivir, estar en contacto con el propio deseo…) pero a falta de encontrarlo utilizamos el de alegría, gozo.

Claro que todas estas definiciones tienen sus consecuencias y esto es lo interesante que iré apuntando en sucesivos posts.

Creo que da para pensar ampliamente.

Olga

6 respuestas a DEFINICIÓN DE SALUD (II): La definición del Congrès de Perpignan

  1. […] entrada en e-Criterium noticias Olga Like this:LikeBe the first to like this […]

  2. […] de salut del Xè Congrés de Metges i Biòlegs de Llengua Catalana, celebrat […]

  3. […] Health means leading an independent, caring, and happy life. (Definition of “health” at the X Congress of Catalan-speaking Doctors and Biologists held in Perpignan). https://ecriteriumes.wordpress.com/2012/02/05/definicion-de-salud-ii-la-definicion-del-congres-de-per&#8230😉 […]

  4. Autonomía, solidaridad y placer (o alegría de vivir). Tres principios irreconciliables con ideas que fundamentan los sistemas sanitarios públicos edificados desde la beneficencia, el asistencialismo y el rigorismo salubrista. Ocurre que estamos viviendo un proceso de cambio cultural tan profundo y tan potente que las carencias de esos sistemas están quedando a la vista, hasta resquebrajarse. Es posible que, hasta cierto punto, los sistemas sean económicamente sostenibles. Pero, desde luego, ya no son institucionalmente viables ni socialmente creíbles.
    Esos sistemas están diseñados para interactuar con poblaciones, no con personas. En aras de ese constructo llamado evidencia las decisiones se toman en función de los perfiles poblacionales. En aras del igualitarismo bienintencionado, heredero de la cultura administrativa napoleónica, se comente la tremenda injusticia de tratar igual lo que es desigual: la identidad individual desaparece.
    El resquebrajamiento de los sistemas está empezando a dejar oír la voz de las personas. Y el miedo de las instituciones a quedarse vacías es una oportunidad enorme para rediseñar su arquitectura desde valores que, efectivamente, hablen de autonomía, solidaridad y alegría de vivir. Pero hay un primer paso que dar, muy difícil: que las personas recuerden quiénes son, que la información genere conocimiento y éste, conciencia crítica para intervenir en la realidad. Así se reconquista el concepto de bien común y de su expresión institucional: lo público.

    • Olga dice:

      Como casi siempre (pongo el casi para poder disentir un poco y animar…), estamos de acuerdo y sé que trabajamos en todos los ámbitos en los que estamos según las épocas de nuestras vidas, para conseguirlo.
      Lo conseguiremos.
      Un abrazo, Alfonso

  5. […] Sabéis que prefiero esta otra definición , la del Congrès de Perpignan, las dos con explicaciones razonas. […]

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