PERSPECTIVAS DE MUJERES

Ya que mi desconexión digital durante este mes, dedicada al cierre de la Web e-Criterium, me ha impedido celebrar el día internacional de las mujeres, aprovecho la iniciativa de Dones en xarxa que titulan: “Envia’ns el teu post sobre el 8 de març”, para hacerlo, con un resumen extraído de mi trabajo clínico con grupos de mujeres.

Como otras veces en este blog, agradezco la iniciativa.

Los nombres son ficticios, pero las historias son reales.

Son un grupo de mujeres de más de 60 años. Es la 5ª sesión de grupo a la que acuden. Ya han creado una dinámica de grupo propia y saben que pueden hablar de todo lo que deseen.

No hay un tema fijo, pero hoy se centran en sus vivencias como abuelas. Todas lo son y cada una, para asombro y admiración del resto del grupo, explica una manera diferente de vivirlo.

Foto: Fidel Soler Cervera

Carme, está jubilada desde hace poco tiempo y se dedica a lo que  siempre deseó: no hacer nada. O al menos eso dice, porque su “no hacer nada”, significa que puede tumbarse a tomar el sol en su terraza, pero luego colabora activamente  en la Asociación de vecinos, viaja con su marido cuando pueden, lee, va  al cine, queda con sus amigas para hablar…etc.¿y qué hace con su rol de abuela?. Tiene una nieta a la que trata habitualmente: a veces la va a buscar a la escuela, la invita a merendar, a estar con ella un fin semana, a ver una película…tiene muy claro que es ella la que elige. Y disfruta con ello, lo cuál no quita que si su hija tiene un apuro en algún momento y ella está disponible, le ayude, pero Carme explica a sus compañeras que una cosa es la relación con su hija y otra con su nieta. Y ésta ella la construye con mucho placer, mucha libertad y sin las responsabilidades que tenía en la crianza de sus hijos. Le encanta.

María, ha tenido una vida muy dura. Aprendió a leer y a escribir a sus 50 años. Su marido la maltrataba, y la abandonó con los hijos pequeños. Siguió sola. Hoy vive con la ayuda de los servicios sociales. Tiene hijos y se ocupa de sus nietos. Hace poco, una hija que se trasladaba a vivir en una urbanización fuera de Barcelona, le propuso irse a vivir con ella, el yerno y los dos hijos. A Maria no le convencía mucho, pero no se atreve a decir que no y, siguiendo los consejos de sus compañeras de grupo, acepta ir “de prueba”, sin abandonar su piso en Barcelona. Enseguida se da cuenta de lo que le esperaba: hacerse cargo de la casa, de los nietos, llevarlos a la escuela al pueblo, irlos a buscar e incluso quedarse con ellos algunos fines de semana que su hija y su yerno se iban. María, con el apoyo del grupo, dice no. La hija se enfada mucho. No le habla. La considera una “desagradecida”.

Encarna, se encarga de sus nietos, a los que va a buscar cada día al colegio. Es feliz con ello. Lo necesita, aunque reconoce  que casi no tiene vida propia y no quiere imaginar qué será de ella cuando no la necesiten. El grupo le plantea dos cuestiones: ¿qué es necesitar y qué es querer? ¿por qué ella necesita que la necesiten?.

Pepita, también se encarga de sus nietos, pero no lo tiene tan claro como su compañera Encarna. Ella siente que es una obligación. A veces le apetece y a veces no, porque no siempre se encuentra bien o porque también le gustaría hacer otras cosas. Pero cree que sus hijos lo necesitan y ella debe hacerlo. Toda su vida ha actuado así. El grupo la interroga sobre su certeza respecto al “deber”.

Rosa, le pasa lo mismo que a Pepita, pero se añaden las peleas con su marido que le reprocha su poca disponibilidad para con él. Ella cree que se debe a sus hijos y no entiende los reproches del marido. El grupo le devuelve la cuestión de sus relaciones de pareja. Se abre un interrogante.

Montse, aporta una precisión: ella también tiene esa obligación con sus nietos y lo hace, pero cree que es mentira que sea por una necesidad de sus hijos: tienen sus trabajos, sus buenos coches, sus salidas de fin de semana o a restaurantes y se pregunta ¿ es ella quién está financiando el tren de vida de sus hijos? ¿Por qué se lo piden? ¿por qué calla y se somete? ¿para qué y por quién ese sacrificio?.

Júlia, es viuda y cada día se levanta temprano, va a casa de su hijo para hacerse cargo de sus dos nietos, a los que cuida la mayoría de días de la semana. Los días que tiene libres no sabe qué hacer. Se queja de que la nuera no  se lo agradece mucho. Le ha  llamado la atención el planteamiento de Montse. El grupo empieza a preguntarle sobre sus gustos. Júlia se queda estupefacta. No imaginaba que hubieran en su ciudad tantas cosas para hacer…ni que a ella le interesaran…También está la queja por falta de agradecimiento, pero resulta que  viene de lejos…

Hay cinco nombres más, cinco perspectivas nuevas. El grupo sigue. Las preguntas se multiplican. Las perspectivas se abren…

Olga Fernández Quiroga

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